Siguiendo lo establecido en el último Consejo Pastoral Parroquial, en la noche de hoy se efectuó la celebración de la Sagrada Eucaristía para todas las comunidades de nuestra parroquia (ministerios, grupos pastorales y pequeñas comunidades), presidida por el Padre Pompilio Moreno MSA, Vicario Parroquial de San Cipriano y asistido por el Diácono Jaime Montealegre.
A esta primera celebración comunitaria de esta cobertura, asistieron representantes de la mayoría de comunidades. Se espera en próximas Eucaristías alcanzar una asistencia total de todos los miembros de estos grupos pastorales. La celebración estuvo marcada por varios signos, con los cuales se realzaron algunos significados especiales que fueron destacados por el Padre Pompilio durante su homilía. Entre estos signos encontramos una gran cruz en el centro del templo, un arbol cargado de hojas que contenían mensajes de mejoramiento espiritual de los participantes; igualmente la presencia de la luz de Cristo representada en el Cirio Pascual.
En una dinámica especial, el presidente de la asamblea eucarística, invitó a los participantes a identificar de manera privada sus propios anti-valores frente a Jesús, y a proponerse abandonarlos o superarlos, sustituyendolos por un valor espiritual, para lo cual cada uno encendió una vela y la ubicó sobre la cruz dispuesta en el centro del templo. Este acto se desarrolló en la penumbra del lugar de celebración y representó un ofrecimiento cuaresmal de los participantes a Jesús, con un propósito de mejoramiento espiritual.
Posteriormente cada persona retiró del árbol dispuesto frente al altar, una de las hojas allí dispuestas, la cual contiene un mensaje individual para motivar dicho mejoramiento. Hubo varios participantes que comentaron haber recibido en dicho mensaje, palabras de aliento para su realidad personal y particular.
Posteriormente se realizó la liturgia eucarística en las dos especies del cuerpo y la sangre del Señor, utilizando el método de la intinción.
Fué notorio el cuidado, el interés y el amor con el cual el Padre Pompilio, asistido por el Espíritu Santo, organizó y celebró esta Eucaristía. Damos gracias a Dios por su presencia entre nosotros!
martes, 13 de marzo de 2012
Eucaristía general de Comunidades Parroquiales
UNA TAREA DE TODOS!
“El mandato misionero con el cual se concluye el Evangelio (cf. Mc 16, 15s¸ Mt 28, 19s; Lc 24, 48s) esta lejos de haberse cumplido; ha entrado en una nueva fase. Ya el Papa Juan Pablo II recordaba que “no es fácil definir los confines entre atención pastoral a los fieles, nueva evangelización y actividad misionera específica, y no es pensable crear entre ellos barreras o recintos estancados… Las Iglesias de antigua cristiandad, por ejemplo, ante la dramática tarea de la nueva evangelización, comprenden mejor que no pueden ser misioneras respecto a los no católicos de otros países o continentes, si antes no se preocupan seriamente de los no cristianos en su propia casa. La misión ad intra es signo creíble y estímulo para la misión ad extra, y viceversa” establece los Lineamenta de la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana, emanada del Sínodo de los Obispos, durante la XIII Asamblea General Ordinaria de 2012.
¿Qué reflexiones nos suscita esta declaración en los tiempos actuales de nuestra ciudad y de nuestra parroquia?
Con ocasión de los talleres que tuvimos oportunidad de realizar, motivados por la Arquidiócesis de Bogotá y dentro del Plan E, algunas de las características identificadas del momento presente son:
· Hay un crecimiento de las diferentes formas de violencia social, que se traducen en innumerables robos, asesinatos y secuestros que están lacerando la vida familiar y comunitaria.
· Se identifican como causas de esta creciente violencia –entre otras- el individualismo, el irrespeto a la dignidad humana, la búsqueda del dinero por cualquier medio, la corrupción en lo público y lo privado y consecuencialmente el deterioro del tejido social.
· Bajo el argumento de la libertad de expresión y la libertad de enseñanza, se persigue el derecho a la vida y se desprecia el derecho a la objeción de conciencia.
· Hay un desencanto por el ejercicio de la política, identificada en el pasado como “el arte de la búsqueda del supremo bien” y pérdida de confianza en la maltrecha democracia, que atacada desde algunos flancos no rinde los frutos que toda la sociedad espera.
· Producto de una sociedad movida principalmente por el lucro, las fuentes de trabajo se discriminan a pequeños grupos, generando una desocupación laboral en jóvenes y mayores, que amenazan la subsistencia de grandes grupos humanos.
· Hay una tendencia a no asumir compromisos de largo plazo en la vida de pareja, que se traduce en frecuentes uniones libres, hogares disfuncionales y una nueva generación que viene creciendo con la ausencia de unión paternal en sus hogares.
· Ante una familia desintegrada, se crece sin valores espirituales y sociales sanos. Esto genera posteriormente adolescentes y adultos con un sistema de creencias débil y una ausencia de Dios en sus vidas. La ausencia de formación en el hogar es visible. Tanto el padre como la madre cumplen un rol de educadores, que al no existir uno de ellos, deja sin referentes ni testimonios adecuados la formación del carácter, y de la conducta de los hijos.
· Considerado todo lo anterior, la educación cristiana ha ido desapareciendo en muchas familias y en buena parte del sector educativo en general. ¿Hoy quien educa? No son los padres, no es en el colegio, salvo contadas excepciones…
Así las cosas, la evangelización como nos la mandó Jesús es una tarea que de manera creciente en las últimas décadas, ha sido debilitada en dos de sus pilares básicos: la familia y el colegio.
Por gracia de Dios, conservamos la Iglesia como medio de formación y salvación. Y aunque a la Iglesia igualmente se le sigue persiguiendo y atacando de múltiples formas, la promesa de Jesús nos permite conservar la esperanza: “Y yo te digo que tu eres Pedro y sobre esta piedra voy a construir mi Iglesia; y ni siquiera el poder de la muerte prevalecerá sobre ella” (Mateo 16, 18).
Es claro que la Iglesia es el bastión más claro con el que contamos para reconstruir el camino de salvación de la humanidad, el mandato misionero de Jesús es un llamado imperativo que reclama una acción pronta de toda la Iglesia. Siendo la Parroquia la primera comunidad eclesial, la ultima localización de Iglesia; la primera y más inmediata visibilidad de Iglesia por parte de los fieles; el primer órgano de acción pastoral y social y la primera sede de catequesis, se hace necesario que la Parroquia sea comunidad evangelizadora, así como la Iglesia es comunión misionera. Por esta razón expresa el numeral 174 del Documento de Aparecida: “Los mejores esfuerzos de las parroquias, en este principio del tercer milenio, deben estar en la convocatoria y en la formación de laicos misioneros. Solamente a través de la multiplicación de ellos, podremos llegar a responder a las exigencias misioneras del momento actual. También es importante recordar que el campo específico de la actividad evangelizadora laical es el complejo mundo del trabajo, la cultura, las ciencias y las artes, la política, los medios de comunicación y la economía, así como los ámbitos de la familia, la educación, la vida profesional, sobre todo en los contextos donde la Iglesia se hace presente solamente por ellos”.
El propósito es grande. Pero es motivando la participación de los laicos en los diferentes ministerios o áreas de servicio parroquial, como se puede reconstruir el tejido social de nuestra Iglesia. La integración a pequeñas comunidades eclesiales es un camino que arroja abundantes frutos. En San Cipriano en particular, de las pequeñas comunidades surgieron dos vocaciones diaconales y dos religiosas; se realizaron en el pasado cinco (5) misiones de evangelización por sectores, de las cuales, dos de ellas se efectuaron en el barrio Cantalejo. De allí surgió como un fruto maravilloso la creación de la Parroquia del Divino Niño Jesús de Praga.
Todo este accionar de los laicos requiere una guía, un acompañamiento y una animación permanente de los presbíteros, quienes como auténticos discípulos de Jesucristo y enamorados de Él, con renovado ardor misionero van en comunidad a la búsqueda de los alejados y no se contentan sólo con la administración y el suministro de los sacramentos.
Bienvenidas las orientaciones de nuestro Arzobispo de Bogotá, las de sus Obispos Auxiliares y las de nuestros Párrocos. La tarea urge nuestra respuesta conjunta. Mateo 9, 37 nos lo recuerda: “Dijo entonces a sus discípulos: ciertamente la cosecha es mucha pero los trabajadores son pocos. Por eso, pidan ustedes al Dueño de la cosecha que mande trabajadores a recogerla”.
lunes, 12 de marzo de 2012
TRASLADO DEL DIACONO JAIRO HERNANDEZ
Ayer, en la Eucaristía dominical de las 5:00 p.m. el Diácono Jairo Hernández, prestó su servicio en el altar y realizó una homilía, en la cual se despidió de la feligresía de San Cipriano y motivó a una mayor participación de los padres de familia en la guía espiritual de sus hijos adolescentes, poniendo de relieve la necesidad que tiene nuestra Iglesia de un mayor número de catequistas que ayuden en la formación de los jóvenes e incluso los mayores.El Diácono Jairo fue un antiguo residente del sector, quien desde hace más ocho años, coordinaba la Pequeña Comunidad, identificada como “Agua Viva”. Allí fue el fermento de su vocación de servicio, que lo motivó a seguir la formación para Diácono, habiendo sido ordenado hace cuatro años. Durante su labor en la Parroquia de San Cipriano, colaboró en distintas actividades propias de su investidura eclesiástica y deja en nuestra Parroquia una comunidad que lo aprecia y lo recuerda con cariño.
El motivo de su traslado se originó en situaciones de orden familiar, que le implicaron trasladar su residencia a un sector más lejano de San Cipriano. Jairo continuará ejerciendo su ministerio en la Parroquia de San Juan Diego, en el barrio Bellavista, al oriente de la ciudad.
Un grupo de miembros de los grupos pastorales de San Cipriano, le ofrecieron una cena de despedida, a la cual asistieron los Padres John Henry Buitrago y Pompilio Moreno M.S.A, así como el Diácono Jaime Montealegre y su señora. Dios continúe bendiciendo su ministerio y labor pastoral.
No hay una comunicación directa con Dios para la absolución de los pecados
Por José Antonio Varela Vidal
ROMA, domingo 11 marzo 2012 (ZENIT.org).- En su reciente discurso a la Penitenciaría Apostólica, el papa insistió en que “la nueva evangelización parte también del confesionario”, porque solo quien se ha dejado renovar profundamente por la Gracia divina, puede llevar en sí mismo y por tanto anunciar, la novedad del Evangelio.
En este contexto cuaresmal, ZENIT entrevistó al padre Hernán Jiménez, confesor de la basílica Santa María la Mayor de Roma, quien forma parte de una antigua tradición que confió a la orden dominica el encargo de atender a los penitentes de uno de los cuatro templos papales. Y les recuerda a los turistas y fieles que pueden confesarse en alguna de las muchas lenguas modernas --y antiguas como el latín--, que ofrecen como servicio los hijos de santo Domingo de Guzmán.
Parece que en estos días de Cuaresma hay una mayor afluencia de personas que acuden al sacramento de la reconciliación…
--P. Jiménez: Hay mucha afluencia porque con motivo de la Pascua los cristianos quieren reconciliarse con el Señor. La Iglesia les recuerda que tienen la posibilidad de retomar el camino al Padre que espera al hijo, que reconoce haberse equivocado y regresa a pedirle perdón, como hijo. Este es el tiempo mas favorable para nuestra conversión.
¿Por qué la Cuaresma es un tiempo privilegiado para acudir a este sacramento?
--P. Jiménez: Porque a través de la oración, de la penitencia moral, mas que corporal, las obras de caridad nos hacen participar más íntimamente a la pasión y a la resurrección del Señor. Es una preparación a la Pascua, que nos hace tomar conciencia de la necesidad de reconocernos amados por Dios, nuestro Padre. Porque todo cristiano creyente debe vivir y sentir la necesidad de su conversión.
¿Dios perdona siempre? ¿Acaso Dios perdona todo?
--P. Jiménez: Dios como padre bueno, compasivo y misericordioso perdona siempre todas nuestras faltas y pecados. Dios perdona todo si el hombre humildemente se reconoce pecador, como dice Mateo 18, 21 y siguientes.
¿Cada cuánto tiempo debe confesarse un católico?
--P. Jiménez: Por lo general con mucha frecuencia y en manera particular una vez en el año y posiblemente en Pascua. Es decir, depende del grado de conciencia en la relación con Dios: más conciencia se tiene de la presencia de Él, más fuerte es la necesidad de pureza. Más se vive junto con el Señor con el espíritu de fe, mucho más buscamos vivir nuestra vida con gran rectitud.
¿Cuál es la mejor forma de prepararse para la confesión?
--P. Jiménez: Haciendo el examen de conciencia sobre los mandamientos, los preceptos de la Iglesia, el precepto de la caridad fraterna. Y también con todos nuestros deberes de cristianos, como verdaderos creyentes y practicantes.
Hoy ya no se manda solo rezar como penitencia, sino también hay acciones, diríamos 'de resarcimiento', ¿es esto oficial, es decir, estas pueden reemplazar
a las oraciones mismas?
--P. Jiménez: Las obras de caridad remplazan muy bien la oración, porque el resarcimiento o restitución es una obligación de justicia.
¿Existe acaso la confesión "directa con Dios", tal como argumentan algunos? ¿Cuál es la diferencia de esa práctica con el sacramento de la Reconciliación?
--P. Jiménez: Con Dios hay una comunicación directa con la oración y la meditación interior, pero nunca la remisión de los pecados. Según el mandato del Señor, solamente los apóstoles y sus sucesores, los sacerdotes, lo hacen.
¿Cuál es la base bíblica del perdón de los pecados ejercida por un sacerdote frente a un penitente? ¿Él actúa en nombre de Dios o lo hace por su propio poder de consagrado?
--P. Jiménez: La base la encontramos en los Evangelios, en Juan 20, 22-23. El sacerdote actúa en el nombre de Dios y lo hace por el mandato de la Iglesia que recibe en la ordenación sacerdotal. El sacerdote remite todo pecado con la formula: “… en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
¿Ya los apóstoles se confesaban?
--P. Jiménez: No tenemos ningún documento ni tampoco en los evangelios, pero se deduce por la debilidad de nuestra naturaleza. Ellos eran también como los demás, pobres hombres y pecadores.
¿Desde cuándo empezó la confesión en la Iglesia, tal como la conocemos hoy?
--P. Jiménez: Desde los primeros tiempos de la Iglesia en que era pública. Después, en el siglo IV empezó a ser privada o auricular.
¿Desde qué edad y hasta cuándo está mandado que un católico se confiese?
--P. Jiménez: En cualquier edad. Pero la Iglesia aconseja practicarla con la primera comunión. Y, hasta que tenga uso de razón, porque debe ser consciente de su vida moral y de creyente.
El papa Benedicto XVI dijo que a los enfermos hay que llevarles la confesión siempre. ¿Se puede pecar cuando uno está sufriendo, postrado en una cama?
--P. Jiménez: Es para la serenidad y la tranquilidad de la conciencia y para darle sostén, fuerza y consuelo en el sufrimiento corporal.
El que no está casado por la Iglesia, ¿puede confesarse?
--P. Jiménez: No, puede porque vive en estado de pecado.
¿De qué modo el sacramento de la reconciliación podría ser un elemento importante para la nueva evangelización querida por el Papa?
--P. Jiménez: La reconciliación es muy importante e indispensable para todo cristiano, especialmente en este periodo histórico en que el pueblo busca alejarse de los sacramentos. Y porque a través de la toma de conciencia, reconociendo con gran humildad la miseria y la debilidad de su naturaleza humana delante de Dios y de los demás, lo hace más humano y sensible al otro y de un modo especial a ese Otro que es Dios.
Es una antigua tradición que los confesionarios de la basílica papal Santa María la Mayor de Roma estén a cargo de los padres dominicos, ¿no?
--P. Jiménez: Es una antigua tradición desde la fundación de la Penitenciaria Apostólica hecha por el papa Pio V, quien en 1568 la confió a los padres Dominicos.
Vemos que las personas se pueden confesar en varias lenguas con ustedes...
--P. Jiménez: En latín y en todas las demás lenguas modernas. Se busca cubrir la mayor parte de los idiomas con mucha diligencia y preocupación apostólica.
¿Cuántas horas confiesa usted al día? ¿Lo hace todos los días de la semana?
--P. Jiménez: Todos estamos dedicados en este ministerio de la Reconciliación por lo menos 23 horas semanales. Depende del día, con un día y medio de descanso semanal.
Se dice que los confesores tienen una 'terapia' para no 'cargarse' con tantos pecados que escuchan... ¿Necesita usted de ese tipo de ayudas?
--P. Jiménez: Para nada. Todos, con gran espíritu de fe y generosidad fraterna, realizamos esta misión apostólica. No hay ninguna terapia, la única es la reconciliación con Dios a través de su misericordia y perdón.
¿Quiénes se confiesan más, los hombres o las mujeres? ¿Los mayores o los más jóvenes?
--P. Jiménez: Todas la categorías de personas sin ninguna distinción. Muchos son jóvenes, mujeres y los mayores.
A nivel general, ¿podría decirnos con qué angustias y dolores acuden hoy las personas a confesarse?
--P. Jiménez: La angustia es por los pecados cometidos y salen con mucha paz interior y gozo espiritual. Y también influyen los problemas de nuestra sociedad actual, como la soledad, la falta de trabajo, falta de recursos económicos, entre otros.
Se dice que los papas se confiesan seguido, y que el beato Juan Pablo II lo hacía semanalmente... ¿Benedicto XVI ha seguido esta práctica?
--P. Jiménez: Claro, como todo cristiano y buen pastor de la Iglesia universal: nadie es impecable y perfecto en este mundo. También el papa actual se confiesa regularmente.
¿Qué le diría a algunos de nuestros lectores, que no se animan a confesarse aún en esta Cuaresma?
--P. Jiménez: A confrontarse humildemente con la palabra de Dios y seguir toda inspiración divina para llegar a una autentica vida de conversión. Aprovechando toda ayuda que el Señor en su paciente misericordia pone a nuestro alcance. Es decir, no privarse de una válida ayuda para sus vidas que es espiritual y moral.
En este contexto cuaresmal, ZENIT entrevistó al padre Hernán Jiménez, confesor de la basílica Santa María la Mayor de Roma, quien forma parte de una antigua tradición que confió a la orden dominica el encargo de atender a los penitentes de uno de los cuatro templos papales. Y les recuerda a los turistas y fieles que pueden confesarse en alguna de las muchas lenguas modernas --y antiguas como el latín--, que ofrecen como servicio los hijos de santo Domingo de Guzmán.
Parece que en estos días de Cuaresma hay una mayor afluencia de personas que acuden al sacramento de la reconciliación…
--P. Jiménez: Hay mucha afluencia porque con motivo de la Pascua los cristianos quieren reconciliarse con el Señor. La Iglesia les recuerda que tienen la posibilidad de retomar el camino al Padre que espera al hijo, que reconoce haberse equivocado y regresa a pedirle perdón, como hijo. Este es el tiempo mas favorable para nuestra conversión.
¿Por qué la Cuaresma es un tiempo privilegiado para acudir a este sacramento?
--P. Jiménez: Porque a través de la oración, de la penitencia moral, mas que corporal, las obras de caridad nos hacen participar más íntimamente a la pasión y a la resurrección del Señor. Es una preparación a la Pascua, que nos hace tomar conciencia de la necesidad de reconocernos amados por Dios, nuestro Padre. Porque todo cristiano creyente debe vivir y sentir la necesidad de su conversión.
¿Dios perdona siempre? ¿Acaso Dios perdona todo?
--P. Jiménez: Dios como padre bueno, compasivo y misericordioso perdona siempre todas nuestras faltas y pecados. Dios perdona todo si el hombre humildemente se reconoce pecador, como dice Mateo 18, 21 y siguientes.
¿Cada cuánto tiempo debe confesarse un católico?
--P. Jiménez: Por lo general con mucha frecuencia y en manera particular una vez en el año y posiblemente en Pascua. Es decir, depende del grado de conciencia en la relación con Dios: más conciencia se tiene de la presencia de Él, más fuerte es la necesidad de pureza. Más se vive junto con el Señor con el espíritu de fe, mucho más buscamos vivir nuestra vida con gran rectitud.
¿Cuál es la mejor forma de prepararse para la confesión?
--P. Jiménez: Haciendo el examen de conciencia sobre los mandamientos, los preceptos de la Iglesia, el precepto de la caridad fraterna. Y también con todos nuestros deberes de cristianos, como verdaderos creyentes y practicantes.
Hoy ya no se manda solo rezar como penitencia, sino también hay acciones, diríamos 'de resarcimiento', ¿es esto oficial, es decir, estas pueden reemplazar
a las oraciones mismas?
--P. Jiménez: Las obras de caridad remplazan muy bien la oración, porque el resarcimiento o restitución es una obligación de justicia.
¿Existe acaso la confesión "directa con Dios", tal como argumentan algunos? ¿Cuál es la diferencia de esa práctica con el sacramento de la Reconciliación?
--P. Jiménez: Con Dios hay una comunicación directa con la oración y la meditación interior, pero nunca la remisión de los pecados. Según el mandato del Señor, solamente los apóstoles y sus sucesores, los sacerdotes, lo hacen.
¿Cuál es la base bíblica del perdón de los pecados ejercida por un sacerdote frente a un penitente? ¿Él actúa en nombre de Dios o lo hace por su propio poder de consagrado?
--P. Jiménez: La base la encontramos en los Evangelios, en Juan 20, 22-23. El sacerdote actúa en el nombre de Dios y lo hace por el mandato de la Iglesia que recibe en la ordenación sacerdotal. El sacerdote remite todo pecado con la formula: “… en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
¿Ya los apóstoles se confesaban?
--P. Jiménez: No tenemos ningún documento ni tampoco en los evangelios, pero se deduce por la debilidad de nuestra naturaleza. Ellos eran también como los demás, pobres hombres y pecadores.
¿Desde cuándo empezó la confesión en la Iglesia, tal como la conocemos hoy?
--P. Jiménez: Desde los primeros tiempos de la Iglesia en que era pública. Después, en el siglo IV empezó a ser privada o auricular.
¿Desde qué edad y hasta cuándo está mandado que un católico se confiese?
--P. Jiménez: En cualquier edad. Pero la Iglesia aconseja practicarla con la primera comunión. Y, hasta que tenga uso de razón, porque debe ser consciente de su vida moral y de creyente.
El papa Benedicto XVI dijo que a los enfermos hay que llevarles la confesión siempre. ¿Se puede pecar cuando uno está sufriendo, postrado en una cama?
--P. Jiménez: Es para la serenidad y la tranquilidad de la conciencia y para darle sostén, fuerza y consuelo en el sufrimiento corporal.
El que no está casado por la Iglesia, ¿puede confesarse?
--P. Jiménez: No, puede porque vive en estado de pecado.
¿De qué modo el sacramento de la reconciliación podría ser un elemento importante para la nueva evangelización querida por el Papa?
--P. Jiménez: La reconciliación es muy importante e indispensable para todo cristiano, especialmente en este periodo histórico en que el pueblo busca alejarse de los sacramentos. Y porque a través de la toma de conciencia, reconociendo con gran humildad la miseria y la debilidad de su naturaleza humana delante de Dios y de los demás, lo hace más humano y sensible al otro y de un modo especial a ese Otro que es Dios.
Es una antigua tradición que los confesionarios de la basílica papal Santa María la Mayor de Roma estén a cargo de los padres dominicos, ¿no?
--P. Jiménez: Es una antigua tradición desde la fundación de la Penitenciaria Apostólica hecha por el papa Pio V, quien en 1568 la confió a los padres Dominicos.
Vemos que las personas se pueden confesar en varias lenguas con ustedes...
--P. Jiménez: En latín y en todas las demás lenguas modernas. Se busca cubrir la mayor parte de los idiomas con mucha diligencia y preocupación apostólica.
¿Cuántas horas confiesa usted al día? ¿Lo hace todos los días de la semana?
--P. Jiménez: Todos estamos dedicados en este ministerio de la Reconciliación por lo menos 23 horas semanales. Depende del día, con un día y medio de descanso semanal.
Se dice que los confesores tienen una 'terapia' para no 'cargarse' con tantos pecados que escuchan... ¿Necesita usted de ese tipo de ayudas?
--P. Jiménez: Para nada. Todos, con gran espíritu de fe y generosidad fraterna, realizamos esta misión apostólica. No hay ninguna terapia, la única es la reconciliación con Dios a través de su misericordia y perdón.
¿Quiénes se confiesan más, los hombres o las mujeres? ¿Los mayores o los más jóvenes?
--P. Jiménez: Todas la categorías de personas sin ninguna distinción. Muchos son jóvenes, mujeres y los mayores.
A nivel general, ¿podría decirnos con qué angustias y dolores acuden hoy las personas a confesarse?
--P. Jiménez: La angustia es por los pecados cometidos y salen con mucha paz interior y gozo espiritual. Y también influyen los problemas de nuestra sociedad actual, como la soledad, la falta de trabajo, falta de recursos económicos, entre otros.
Se dice que los papas se confiesan seguido, y que el beato Juan Pablo II lo hacía semanalmente... ¿Benedicto XVI ha seguido esta práctica?
--P. Jiménez: Claro, como todo cristiano y buen pastor de la Iglesia universal: nadie es impecable y perfecto en este mundo. También el papa actual se confiesa regularmente.
¿Qué le diría a algunos de nuestros lectores, que no se animan a confesarse aún en esta Cuaresma?
--P. Jiménez: A confrontarse humildemente con la palabra de Dios y seguir toda inspiración divina para llegar a una autentica vida de conversión. Aprovechando toda ayuda que el Señor en su paciente misericordia pone a nuestro alcance. Es decir, no privarse de una válida ayuda para sus vidas que es espiritual y moral.
domingo, 11 de marzo de 2012
Institución de Ministerios Parroquiales
Luego de concluída la etapa de formación de los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión, los Ministros Lectores, los Monaguillos, el Ministerio de Acogida y el Ministerio de Danza Litúrgica "David Danzaba", hoy, marzo 11 de 2012, en la Eucaristía dominical de las 12:00 m., se instituyeron estos Ministerios ante la comunidad parroquial asistente a dicha celebración. Quedó pendiente de programarse una nueva fecha de institución para los integrantes de los grupos de Música Litúrgica que sirven en el templo y cuyo número se ha aumentado en los últimos años.
Se incluyen varias fotografias de esta importante celebración.
sábado, 3 de marzo de 2012
Curso de formación de Ministros Extraordinarios de la Comunión
Continúa adelantándose el Curso de formación para Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión, de la parroquia de San Cipriano. El evento se viene desarrollando en las instalaciones del Colegio de las Religiosas Hermanas de Nazareth, bajo la dirección del Padre John Henry Buitrago MSA y la participación como formadores de los señores Juan Carlos Torres, Edwin Adrian Martínez Pineda y Rogelio Vargas Robles Hermanos MSA.
Entre los temas tratados a la fecha estan:
Se publican con esta información algunas fotografías de las diferentes sesiones de enseñanza.
Entre los temas tratados a la fecha estan:
- La Eucaristía un camino para su comprensión
- Elementos fundamentales de la interpretación bíblica
- Comunión Eucarística fuera de la Misa
- Y el próximo sábado: La Eucaristía en el pensamiento y la vida del Padre Menard
Se publican con esta información algunas fotografías de las diferentes sesiones de enseñanza.
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Ministros de la Eucaristía
miércoles, 29 de febrero de 2012
La Palabra de Dios - Marzo 1 - Salterio 1a. Semana
«Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y todo el que busca, encuentra; y al que llama se le abrirá. O ¿quién hay entre vosotros, al que si su hijo pide un pan le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una culebra? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los Cielos dará cosas buenas a quienes le pidan?». (Mateo 7, 7-12)
Reflexión:
I. Jesús, hoy me recuerdas lo bueno que es Dios, y que además es mi Padre. Entonces, ¿cómo no pedirle todo lo que necesito? Si los padres de la tierra procuran cuidar bien a sus hijos, ¿qué no me va a dar mi Padre Dios, que es todo el Amor y todo el Poder?
Jesús, Tú nos manifiestas mejor que nadie el amor de nuestro Padre Dios, porque Tú eres el Hijo de Dios. Con qué fuerza me dices que no sea tonto, que Dios está esperando que le pida con confianza para darme todo lo que necesite. Sí, pero a veces pido y no recibo...
Cuántas veces ocurre también que el niño pequeño pide a su padre algo y su padre no se lo da, aunque sea un padre bueno. Por ejemplo, el niño que quiere coger un cuchillo porque es una cosa que brilla y parece muy útil para jugar; pero cuando se lo pide a su padre, éste no se lo da. ¿Es que ya no le quiere? ¿Por qué no le da lo que pide? Lo que a mi me parece necesario, no es siempre lo que más me conviene. «Si algo acontece en contra de lo que hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y demos gracias a Dios por todo, sin dudar en lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra» (San Agustín).
Jesús, quieres que pida todo aquello que creo que necesito, pero sabiendo que Tú sabes más, que Tú ves más; por eso, hasta lo que me parece una dificultad, un fracaso o una desgracia, puede ser un regalo especialísimo de Dios para mi vida. Este es el abandono de los hijos de Dios: Señor, sé que todo lo que me ocurre, es para mi bien; que siempre y en todo se haga tu voluntad y no la mía.
II. «Habla Jesús: "Así os digo yo: pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá". Haz oración. ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito? » (Camino.- 96).
Jesús, haciendo oración obtengo siempre lo mejor, acierto siempre, consiga o no las cosas concretas que pido. Hay temas en los que tengo la seguridad de recibir lo que deseo: cuando pido por el bien de las almas y por la Iglesia. Con esas oraciones te arranco gracias específicas para mi vida interior, para la de los demás y para toda la Iglesia.
Que no me canse, Jesús, de pedir la ayuda espiritual para superar esos defectos que tengo; o para que mis amigos y familiares te quieran más cada día; o por el Papa y los Obispos, etc. Que me convenza de que es útil pedirte esas gracias espirituales, que hacen tanta falta.
Jesús, también quieres que te pida por la salud, por un tema que me preocupa, por los exámenes o el trabajo. Pero debo pedir dándome cuenta de que Tú eres el que mejor sabes lo que me conviene a mí y a los que me rodean; con ese abandono del hijo que confía en su padre, y que sabe que todo lo que recibe de él es para su bien. «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más vuestro Padre que está en tos Cielos dará cosas buenas a quienes te pidan?»
« ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito?» Jesús, que me acostumbre a pedirte todo, a ser pedigüeño, a ponerlo todo en tus manos. Y entonces aprenderé a descubrir en los acontecimientos de cada día tu mano amorosa: tu mano de Padre que me quiere, que me cuida, que me forma y, tal vez, que me poda, como a los árboles, para que dé más fruto. Actuando así, nada en este mundo me podrá quitar la paz y la alegría que son propias de los hijos de Dios.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Reflexión:
I. Jesús, hoy me recuerdas lo bueno que es Dios, y que además es mi Padre. Entonces, ¿cómo no pedirle todo lo que necesito? Si los padres de la tierra procuran cuidar bien a sus hijos, ¿qué no me va a dar mi Padre Dios, que es todo el Amor y todo el Poder?
Jesús, Tú nos manifiestas mejor que nadie el amor de nuestro Padre Dios, porque Tú eres el Hijo de Dios. Con qué fuerza me dices que no sea tonto, que Dios está esperando que le pida con confianza para darme todo lo que necesite. Sí, pero a veces pido y no recibo...
Cuántas veces ocurre también que el niño pequeño pide a su padre algo y su padre no se lo da, aunque sea un padre bueno. Por ejemplo, el niño que quiere coger un cuchillo porque es una cosa que brilla y parece muy útil para jugar; pero cuando se lo pide a su padre, éste no se lo da. ¿Es que ya no le quiere? ¿Por qué no le da lo que pide? Lo que a mi me parece necesario, no es siempre lo que más me conviene. «Si algo acontece en contra de lo que hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y demos gracias a Dios por todo, sin dudar en lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra» (San Agustín).
Jesús, quieres que pida todo aquello que creo que necesito, pero sabiendo que Tú sabes más, que Tú ves más; por eso, hasta lo que me parece una dificultad, un fracaso o una desgracia, puede ser un regalo especialísimo de Dios para mi vida. Este es el abandono de los hijos de Dios: Señor, sé que todo lo que me ocurre, es para mi bien; que siempre y en todo se haga tu voluntad y no la mía.
II. «Habla Jesús: "Así os digo yo: pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá". Haz oración. ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito? » (Camino.- 96).
Jesús, haciendo oración obtengo siempre lo mejor, acierto siempre, consiga o no las cosas concretas que pido. Hay temas en los que tengo la seguridad de recibir lo que deseo: cuando pido por el bien de las almas y por la Iglesia. Con esas oraciones te arranco gracias específicas para mi vida interior, para la de los demás y para toda la Iglesia.
Que no me canse, Jesús, de pedir la ayuda espiritual para superar esos defectos que tengo; o para que mis amigos y familiares te quieran más cada día; o por el Papa y los Obispos, etc. Que me convenza de que es útil pedirte esas gracias espirituales, que hacen tanta falta.
Jesús, también quieres que te pida por la salud, por un tema que me preocupa, por los exámenes o el trabajo. Pero debo pedir dándome cuenta de que Tú eres el que mejor sabes lo que me conviene a mí y a los que me rodean; con ese abandono del hijo que confía en su padre, y que sabe que todo lo que recibe de él es para su bien. «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más vuestro Padre que está en tos Cielos dará cosas buenas a quienes te pidan?»
« ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito?» Jesús, que me acostumbre a pedirte todo, a ser pedigüeño, a ponerlo todo en tus manos. Y entonces aprenderé a descubrir en los acontecimientos de cada día tu mano amorosa: tu mano de Padre que me quiere, que me cuida, que me forma y, tal vez, que me poda, como a los árboles, para que dé más fruto. Actuando así, nada en este mundo me podrá quitar la paz y la alegría que son propias de los hijos de Dios.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
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