jueves, 5 de abril de 2012
La Palabra de Dios
miércoles, 29 de febrero de 2012
La Palabra de Dios - Marzo 1 - Salterio 1a. Semana
Reflexión:
I. Jesús, hoy me recuerdas lo bueno que es Dios, y que además es mi Padre. Entonces, ¿cómo no pedirle todo lo que necesito? Si los padres de la tierra procuran cuidar bien a sus hijos, ¿qué no me va a dar mi Padre Dios, que es todo el Amor y todo el Poder?
Jesús, Tú nos manifiestas mejor que nadie el amor de nuestro Padre Dios, porque Tú eres el Hijo de Dios. Con qué fuerza me dices que no sea tonto, que Dios está esperando que le pida con confianza para darme todo lo que necesite. Sí, pero a veces pido y no recibo...
Cuántas veces ocurre también que el niño pequeño pide a su padre algo y su padre no se lo da, aunque sea un padre bueno. Por ejemplo, el niño que quiere coger un cuchillo porque es una cosa que brilla y parece muy útil para jugar; pero cuando se lo pide a su padre, éste no se lo da. ¿Es que ya no le quiere? ¿Por qué no le da lo que pide? Lo que a mi me parece necesario, no es siempre lo que más me conviene. «Si algo acontece en contra de lo que hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y demos gracias a Dios por todo, sin dudar en lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra» (San Agustín).
Jesús, quieres que pida todo aquello que creo que necesito, pero sabiendo que Tú sabes más, que Tú ves más; por eso, hasta lo que me parece una dificultad, un fracaso o una desgracia, puede ser un regalo especialísimo de Dios para mi vida. Este es el abandono de los hijos de Dios: Señor, sé que todo lo que me ocurre, es para mi bien; que siempre y en todo se haga tu voluntad y no la mía.
II. «Habla Jesús: "Así os digo yo: pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá". Haz oración. ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito? » (Camino.- 96).
Jesús, haciendo oración obtengo siempre lo mejor, acierto siempre, consiga o no las cosas concretas que pido. Hay temas en los que tengo la seguridad de recibir lo que deseo: cuando pido por el bien de las almas y por la Iglesia. Con esas oraciones te arranco gracias específicas para mi vida interior, para la de los demás y para toda la Iglesia.
Que no me canse, Jesús, de pedir la ayuda espiritual para superar esos defectos que tengo; o para que mis amigos y familiares te quieran más cada día; o por el Papa y los Obispos, etc. Que me convenza de que es útil pedirte esas gracias espirituales, que hacen tanta falta.
Jesús, también quieres que te pida por la salud, por un tema que me preocupa, por los exámenes o el trabajo. Pero debo pedir dándome cuenta de que Tú eres el que mejor sabes lo que me conviene a mí y a los que me rodean; con ese abandono del hijo que confía en su padre, y que sabe que todo lo que recibe de él es para su bien. «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más vuestro Padre que está en tos Cielos dará cosas buenas a quienes te pidan?»
« ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito?» Jesús, que me acostumbre a pedirte todo, a ser pedigüeño, a ponerlo todo en tus manos. Y entonces aprenderé a descubrir en los acontecimientos de cada día tu mano amorosa: tu mano de Padre que me quiere, que me cuida, que me forma y, tal vez, que me poda, como a los árboles, para que dé más fruto. Actuando así, nada en este mundo me podrá quitar la paz y la alegría que son propias de los hijos de Dios.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
jueves, 26 de mayo de 2011
LA PALABRA DE DIOS

Ciertamente la vida en el mundo nos llena de prioridades temporales y amenazantes. En el trabajo, por ejemplo, en algunas ocasiones, somos objeto de exigencias y de presiones de aquella persona que es nuestro jefe, cuya dependencia nos exige llevar una buena relación con él, en circunstancias que van más allá de un buen desempeño y que debemos permanentemente discernir. En los negocios, tenemos que mantener una relación cordial y de construcción de confianza mutua, para que los negocios se den y podamos tener ingresos, sin sobrepasar los límites de nuestros propios principios y valores.
Nuestra respuesta al Señor debe ser una sola en todas partes. Jesús es la solución! “Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mi, nunca tendrá sed”.
martes, 31 de agosto de 2010
Lucas 4, 31-37
(Veintidós Semana del Tiempo Ordinario)
«Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Y se quedaban admirados de su doctrina, porque su palabra iba acompañada de potestad. Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio impuro, y gritó con gran voz: Déjanos, ¿qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? Sé quién eres tú, el Santo de Dios.
Y Jesús le increpó diciendo: Calla y sal de él. Y el demonio, arrojándolo al suelo, allí en medio, salió de él, sin hacerle daño alguno. Quedaron todos atemorizados, y se decían unos a otros: ¿Qué palabra es ésta, que con potestad y fuerza manda a los espíritus impuros y salen? Y se divulgaba su fama por todos los lugares de la región.» (Lucas 4, 31-37)
I. Jesús, hoy realizas el milagro de expulsar de aquel hombre el «espíritu impuro». Esa persona era exteriormente como las demás; incluso iba al templo el sábado, como era costumbre entre los judíos. Pero su espíritu impuro le separaba de Dios: «¿qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno?» No quiere tener ningún trato contigo, aun sabiendo que eres el «Santo de Dios.»
Jesús, la impureza es una enfermedad del alma, y por ello no se manifiesta exteriormente de la misma manera que las enfermedades del cuerpo. Cuando una persona tiene un cáncer, su enfermedad es cada vez más visible, y aquella persona intenta poner los medios para vencer la enfermedad antes de que sea demasiado tarde. La impureza es como un cáncer en el alma, y aunque no es tan patente hacia el exterior, si no se cura a tiempo, produce inevitablemente la muerte espiritual.
Jesús, que no me engañe: la impureza me separa de Ti, produciendo peores daños que los que puede causar la peor de las enfermedades físicas. Y aunque nadie lo note exteriormente, destroza mi vida cristiana porque me hace perder la gracia. Por eso he de poner todos los medios para vivir una vida limpia, acudiendo prontamente a la confesión si lo necesito.
«La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado. «La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir; movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa» (GS 17) (CEC.-2339).
La mortificación de
Madre TeresaII. «Para vencer la sensualidad -porque llevaremos siempre este borriquillo de nuestro cuerpo a cuestas-, has de vivir generosamente, a diario, las pequeñas mortificaciones -y, en ocasiones, las grandes-; y has de mantenerte en la presencia de Dios, que jamás deja de mirarte» (Forja.-90).
Jesús, por más que quiera, llevo este borriquillo a cuestas: es el cuerpo que, al quedar desordenado tras el pecado original, busca desordenadamente lo placentero, lo fácil, lo cómodo. ¿Cómo puedo vencer esta tendencia que, a veces, se me presenta de un modo tan sugestivo que me parece incontrolable? ¿Qué puedo hacer entonces para comportarme como un hijo de Dios en vez de dejarme llevar por mis pasiones? Primero he de poner los medios humanos: huir de las ocasiones de pecado, y enreciar mi voluntad haciendo pequeñas mortificaciones, luchando contra la comodidad en el trabajo o estudio, aprovechando el tiempo, etc...
El martirio de Santa Rosa de Lima
Y luego, he de poner los medios sobrenaturales: oración, mortificación, frecuencia de sacramentos, mantenerme en presencia de Dios -que jamás deja de mirarme-, y pedir ayuda a la Virgen ante la tentación.
Hay un medio que tiene efectos a la vez sobrenaturales y humanos: la mortificación, que consiste en hacer un pequeño sacrificio ofreciéndolo a Dios por alguna intención. Por eso me recuerdas: para vencer la sensualidad, has de vivir generosamente, a diario, las pequeñas mortificaciones -y, en ocasiones, las grandes. Jesús, que sea generoso y que sepa unirme a Ti en la cruz, haciendo cada día -al menos- una pequeña mortificación. De esta manera me será más fácil vencer las tentaciones y mantener mi alma limpia, para poder amarte y amar a los demás.
Comentario realizado por Pablo Cardona. Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
domingo, 10 de mayo de 2009
En sintonía con la Palabra
La guía básica a seguir es el Ordo de la Iglesia Católica, para conocer la voluntad de Dios y meditar en ella.
Igualmente podemos compartir experiencias de las Pequeñas Comunidades de nuestra Parroquia acerca del discernimiento y riqueza de la Palabra de Dios.
Están invitados todos los miembros de nuestros equipos pastorales para escribir y publicar sus participaciones en este blog. Visitantes de este blog también son bienvenidos siempre que sean respetuosos de la pruralidad ideológica y espiritual de las personas.
Esperamos sus escritos!
Héctor Enrique León - Coordinador de Pequeñas Comunidades
Parroquia de San Cipriano - Bogotá - Colomba
