domingo, 24 de mayo de 2009
Avanza preparación para la Misión Continental
domingo, 17 de mayo de 2009
La participación de todos, una clave del buen desarrollo de una Pequeña Comunidad
Cuando nos integramos a una Pequeña Comunidad hay una serie de condiciones nuevas que representan retos para alcanzar no solo una buena convivencia, sino además un progresivo crecimiento personal y maduración de la fe. Entre los principales retos encontramos:
- Lograr una rápida integración humana al grupo de personas que conforman la comunidad, en la que regularmente hay una amplia diversidad de características en sus integrantes, tales como la edad, la estructura familiar de la cual procede (algunos son casados, otros viudos y otros solteros), las experiencias previas de vida, tanto en lo espiritual como en lo ocupacional. Es una muestra en pequeño de lo que se encuentra en grande en la sociedad en general. Todo ello plantea el desarrollo de habilidades para construir relaciones interpersonales positivas y de apoyo mutuo.
- Tomar una decisión personal para hacer parte de un grupo de personas que comparten una misma esperanza, una misma fe, una misma Iglesia y una fuente principal de inspiración: La Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia Católica.
- Poner al servicio de la Comunidad habilidades personales de la buena escucha de los otros, del respeto por sus ideas, por su manera de ser y entender el disenso no como una ocasión de disgustos, sino como una oportunidad de la búsqueda conjunta de la verdad a la luz de la Palabra de Dios.
- Promover la participación de todos los miembros de la Pequeña Comunidad en los temas que integran cada reunión semanal: oración, alabanza, lectura y discernimiento de la Palabra, formación catequética, edificación espiritual y solidaridad. No es preciso que absolutamente todos los miembros hablen en todos los temas de la reunión. Pero si debe promoverse que quienes quieran expresar algo... lo puedan hacer y la comunidad los escuche. Las intervenciones deben ser en lo posible cortas y precisas, para que la hora y media de reunión no se consuma en la participación de unos pocos. Quien no se siente escuchado y tomado en cuenta puede llegar a abandonar su comunidad. Los responsables de cada una de ellas deben ser muy cuidadosos de esto.
- Aun cuando al inicio parezca un objetivo difícil, es necesario abrirnos mental y espiritualmente a la acción de Dios en nosotros, para aprender a ver en el otro la presencia de Jesús e ir descubriendo una nueva relación bajo la orientación de la fe, la esperanza y la caridad, lo que en un plazo relativamente corto nos conduce al amor fraterno. Con la ayuda del Espíritu Santo esto es realmente posible. Recordemos 1 Cor. 13, 4-7 "tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia ni ser presumido ni orgulloso, ni grosero ni egoista; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo".
- Abrir nuestra sensibilidad para aprender a percibir y degustar lo invisible a nuestros ojos, para no vivir esclavos del mundo material que nos rodea y que frecuentemente nos aleja de nuestra relación con Dios. Educar esta sensibilidad nos permite aprender a "ver" con los ojos de la fe, descubrir los pasos de Jesús a nuestro alrededor y su amorosa compañía en todos los momentos de nuestra vida, lo cual finalmente produce claros efectos en el mundo visible. Todos nuestros hermanos de Comunidad están para ayudarnos a edificar esa fe y mostrarnos el rostro de Jesús en ellos!. ¡Bendito Dios que nos regala una Comunidad para hacer parte de ella y como instrumento de salvación!.
Llegó la hora de los fieles laicos - Tomado de El Catolicismo del 16 al 29 de mayo de 2009.


Estas últimas fotos fueron tomadas por celular, por lo que se ofrecen disculpas por su calidad. En la primera de ellas aparece Monseñor Pedro Rubiano Sáenz y la Sra. Marina Lombana de la Parroquia de San Cipriano. Las demás fotos son vistas generales del evento.
miércoles, 13 de mayo de 2009
La Misión al interior de la familia

EL SIGNIFICADO DE LA COMUNION PARA EL ENFERMO
La primera condición para que un enfermo reciba la Sagrada Comunión es que la solicite a sus familiares o cuidadores.
El dolor y el sufrimiento que acompaña a las enfermedades, hace que nos acerquemos más a Dios. Entender que el Dueño de la Vida es el Señor y que somos de Él. En tal razón y en virtud de la fe un enfermo puede experimentar la sed de Dios y la necesidad de recibirlo en su lecho de enfermedad.
Sentir que Jesucristo es para él vida, incluso en su cuerpo adolorido y diisminuido por la enfermedad y el gran signo de la salvación para sí mismo y para todo el mundo. Para que el enfermo haga conciencia de esto es necesario que sus familiares más cercanos o cuidadores, no dejen solo al enfermo. Lo acompañen en su habitación de reclusión o convalescencia. Es una excelente ocasión para evangelizarlo y ayudarle a acercarse a Dios. Leerle la Palabra y compartir con él espacios de discernimiento de ella, con la correspondiente edificación espiritual. Debemos escuchar con atención y ayudar a entender la Voluntad del Señor.
martes, 12 de mayo de 2009
Novedades Bibliográficas

Nuestro querido hermano Gustavo Salazar Gutierrez, quien es el responsable principal de la catequésis de adultos para las Pequeñas Comunidades de la Parroquia, de formación teológica y quien ha sido miembro de la Orden de Predicadores Laicos Dominicanos, acaba de publicar la obra cuya carátula aparece aquí.
Se trata de EL AMOR según Santo Tomás de Aquino. Una publicación en la que el autor reune textos referentes al amor, extractados de la Suma Teológica y de la Suma Contra Gentiles, de Santo Tomás de Aquino, que contiene los siguientes temas: Del amor en general, Causas del amor, Clases del amor, Intenciones del amor, Efectos del amor, y el Amor a Dios. Un material valioso para los estudiantes de la filosofía en una edición agradable de leer.
Precio Especial para seguidores de este blog: $30.000 unidad.
Pedidos a los teléfonos: 6727085 o 6706849.
lunes, 11 de mayo de 2009
Aportación Económica Responsable

En la enseñanza bíblica y en la tradición cristiana encontraremos los criterios y principios sobre la forma verdaderamente cristiana de la búsqueda y uso de los bienes materiales, y por tanto los criterios para una aportación económica responsable al centro pastoral al que pertenecemos y somos alimentados.
Jesús es el Señor.Cada uno de nosotros le pertenecemos, ya que nos rescató de la esclavitud al precio de su vida y de su sangre. Todo lo que tenemos es de Él y nosotros somos administradores, sin olvidar que las podemos usar sólo según sus normas, estando disponibles para dedicar alguna cantidad para su Obra y para los necesitados.
Las finanzas de una parroquia o de un centro de evangelización, son el reflejo y el resultado de su pastoral. Una pastoral centrada en el culto, obtiene sus ingresos predominantemente de colectas e intenciones de misas, celebraciones especiales y bazares.
En una parroquia que sea comunidad evangelizadora, los ingresos se obtienen principalmente por aportaciones mensuales voluntarias de los evangelizados, conscientes de ser Iglesia como Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo, donde se tienen co-responsables de toda la obra pastoral, haciéndola suya y motivados por la enseñanza bíblica.
Los evangelizados en cambio, al interior de sus comunidades, dan su aportación generosa cuando reciben su ingreso. Todos queremos tener templos y sitios confortables de congregación para celebrar nuestra fe. Los pobres de la parroquia esperan recibir ayuda en alimentos y medicinas. El funcionamiento de la Iglesia tiene unos costos que deben ser cubiertos con las ofrendas de sus fieles. Hay que dar con alegría y el Señor siempre devuelve al 100 por uno!.
De la Liturgia de las Horas
HIMNO:Estáte, Señor, conmigo, siempre, sin jamás partirte, y
cuando decidas irte llévame Señor contigo;
porque el pensar que te irás me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo, de si tú sin mí te vas.
Llévame en tu compañía donde tú vayas Jesús,
porque bien sé que eres tú la vida del alma mía;
si tú vida no me das yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo, ni si tú sin mí te vas.
Por eso, más que a la muerte temo, Señor, tu partida,
y quiero perder la vida, mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tú das, se que alcanzarla no puedo,
cuando yo sin tí me quedo,
cuando tú sin mi te vas!
Amén.
