miércoles, 27 de julio de 2011

Enfrentando la muerte acompañado y con esperanza



Las circunstancias en torno a la muerte son importantes no sólo para la persona que fallece, sino también para los que se quedan
Autor: Tadeusz Pacholczyk Fuente: Catholic.net


Cuando doy alguna plática sobre las decisiones de fin vida, a veces al concluir se me acerca alguien del auditorio con algún comentario más o menos así: “Sabe, Padre, mi mamá murió hace seis años, y viéndolo ahora en retrospectiva, no estoy seguro si las decisiones que tomamos mis hermanos y yo en cuanto a su cuidado fueron las correctas”. Comentarios como éste nos recuerdan que las circunstancias en torno a la muerte son importantes no sólo para la persona que fallece, sino también para los que se quedan.

El “bien morir” generalmente implica la confluencia de muchos elementos: morir rodeado de nuestros seres queridos, preferentemente en el hogar o en un ambiente de casa hogar para cuidados terminales; recibir el tratamiento adecuado para controlar el dolor; tener los tratamientos médicos razonables (evitando aquellos injustificadamente pesados); estar en paz con la familia y amigos; estar en paz con Dios (y recibir los últimos sacramentos); y unirnos con Cristo en su momento de sufrimiento.

Cuidar de aquellos que padecen y sufren nos enfrenta a un doble reto: tomar decisiones éticas por ellos en cuanto a sus tratamientos, y asegurarles un ambiente que los apoye y enriquezca humanamente mientras se acercan a sus últimos días y horas.

Al brindarle a la persona próxima a morir un entorno de dedicación y esmero le ayudamos enormemente a superar sus sentimientos de aislamiento. La Hermana Diana Bader, O.P., nos describe muy bien el reto de hoy en la atención médica:

“En épocas pasadas, el morir era algo que se enfrentaba en comunidad. Los más allegados al paciente hacían ministerio de diversas maneras: lo cuidaban y oraban con él; lo escuchaban, conversaban, reían y lloraban con él. En solidaridad, la comunidad siempre cercana y siempre unida, se hacía cargo de la dolorosa experiencia. Hoy en día, debido a la excesiva dependencia de la tecnología médica, la muerte ha pasado a ser considerada cada día vez más como un fracaso de la ciencia médica. Los pacientes terminales institucionalizados se sienten alejados del calor humano y de la compasión, privados de la presencia humana por la tecnología que domina en el ambiente institucional, que es donde se viven casi todos los momentos particulares del proceso”.

Proporcionar un ambiente humanamente enriquecedor a quienes están enfrentando la muerte significa explícitamente poner atención a la presencia y contacto humanos, aun en medio de la abundante tecnología que pudiera estar alrededor del paciente.

Por ejemplo, gracias al impresionante desarrollo de las sondas alimenticias, el nutrir e hidratar al paciente que tiene dificultad para ingerir su alimento oralmente, se ha convertido ya en cosa relativamente simple. Estas sondas, particularmente cuando se insertan de manera directa en el estómago, son un medio altamente efectivo para asegurar la nutrición e hidratación de los pacientes en diversos tipos de instituciones. Sin embargo, la facilidad de inyectar al estómago el alimento y los líquidos con esta sonda significa que después de cada inyección el personal médico puede pasar rápida y eficientemente al siguiente paciente, descuidando tal vez la necesidad humana misma de acompañamiento. El personal tal vez prefiera la eficiencia de estas sondas, pero el contacto humano quizá se reduce con este proceso.

Si el paciente puede todavía ingerir oralmente pequeñas cantidades de alimento, sería preferible alimentarlo manualmente en lugar de recurrir a la sonda. Al dedicar tiempo, esfuerzo y amor alimentando con la mano a otra persona estamos propiciando un contacto humano muy valioso, mismo que no debiera sacrificarse en un afán de mecanizar la atención médica o de ahorro económico. Con esta atención dedicada de nuestra parte por ser verdadera presencia hacia quienes enfrentan la muerte estamos manifestando solidaridad humana, reafirmamos su dignidad de personas, expresamos benevolencia y mantenemos el lazo de comunicación humana con ellos. Esto también los ayuda enormemente a superar su sentimiento de soledad y el temor de ser abandonados.

Tener compasión hacia los que sufren es mucho más que sentir lástima sin apego. Más bien, es una verdadera voluntad de entrar en su situación. La palabra compasión (de las raíces latina y francesa com “con” y pati “sufrir”) significa “sufrir con”, sufrir junto con, participar en el sufrimiento. El Papa Benedicto XVI dejó muy en claro en 2007 la importancia de la compasión, al escribir:

“Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana. ... En efecto, aceptar al otro que sufre significa asumir de alguna manera su sufrimiento, de modo que éste llegue a ser también mío. ... La palabra latina consolatio, consolación, lo expresa de manera muy bella, sugiriendo un « ser-con » en la soledad, que entonces ya no es soledad”.

Sufrimos junto con nuestros seres queridos, conscientes de que interiormente parte de nosotros también sufre y muere cuando alguien a quien amamos sufre y muere. Nuestra comunión con ellos en cuanto humanos y nuestra solidaridad en sus sufrimientos nos conducen invariablemente, tanto a nosotros mismos como a los que se nos adelantan, a participar del misterio y la gracia del bien morir.

El Padre Tadeusz Pacholczyk hizo su doctorado en neurociencias en la Universidad de Yale y su trabajo post-doctoral en la Universidad de Harvard. Es Sacerdote para la Diócesis de Fall River, Massachusetts, y se desempeña como Director de Educación en el Centro Nacional Católico de Bioética en Philadelphia. The National Catholic Bioethics Center: www.ncbcenter.org Traducción: María Elena Rodríguez.

lunes, 25 de julio de 2011

Cuando yo ya no pueda



Hoy, un día para ponernos en contacto personal con ellos y llevarles nuestra escucha, nuestra paciencia, nuestro amor y nuestro agradecimiento. Ellos lo agradecerán!

26 de julio: Día de los Abuelos



Fuente: AICA. El obispo de Gualeguaychú, Entre Ríos (Argentina), Monseñor Jorge Eduardo Lozano, consideró que en el trato con abuelos hay dos cosas a prestar atención porque, advirtió, “pueden hacerlos sufrir mucho. Una tiene que ver con la familia y otra con la sociedad en general”. “La familia es lo primero. Y así como es fuente de gran alegría, también lo es de sufrimiento. ¡Cómo sufren ellos por las peleas de los hijos o los nietos! O por las separaciones de la unión matrimonial. Son momentos en que el dolor los puede cargar de angustia y amargura. No es que a ellos solos les preocupa y no a los de otras edades. Es que ellos no se ‘distraen’ de los asuntos familiares y se quedan horas (o todo el día) masticando angustia”, describió en su columna semanal en el diario Crónica, a la que tituló “Viejos son los trapos”.



El prelado destacó que “suelen tener también una sensibilidad particular a algunos gestos de desatención, y que a veces pueden tomar como desprecio, aunque no sea ese el sentimiento en la familia.



Tienen ‘frágil el corazón’ por la cantidad de años vividos con intensidad. Me lo imagino como a esa camisa gastada en los codos de tanto uso y que se puede romper si no se le trata con delicadeza”. “Lo otro que también los hace sufrir es el olvido de la sociedad –alertó-. Un olvido manifestado en la magra jubilación para quien trabajó y aportó toda la vida y ahora no le alcanza para remedios. O una sociedad que privilegia el consumo desmedido, y ellos no están entre los grandes gastadores de plata. O una sociedad que banaliza el lugar de la mujer y el varón, mostrándoles en actividades de burla el amor o la fidelidad”.



Monseñor Lozano recordó que “un sacerdote muy sabio nos enseñó hace muchos años a unos sacerdotes jóvenes: ‘Los abuelos necesitan poco, pero lo poco que necesitan, lo necesitan mucho’, y nos ponía como ejemplo la visita a los hogares de abuelos. ‘Si a uno de ellos le decís que vas a ir el martes a las 17 hs., seguro que el lunes a la tarde ya está esperando ese momento. Y si llegás 10 o 15 minutos tarde, se queda con la preocupación de si te habrás olvidado de ir’”, memoró. “Sé que la situación de algunos abuelos no es fácil, y que es distinto según estén en una casa grande con su familia, o en un pequeño departamento, en un barrio o en una ciudad grande o pequeña. Pero abuelos y abuelas necesitan en cualquier parte de nuestro cariño, ternura y gratitud.



El Papa Juan Pablo II escribió en una Carta a los Ancianos: ‘Honrar a los ancianos supone un triple deber hacia ellos: acogerlos, asistirlos y valorar sus cualidades’”, señaló. Monseñor Lozano dirigió, además, una palabra especial para los sacerdotes mayores. “Ellos han sostenido en su cariño y oración a nuestras comunidades. Nos dan ejemplo de perseverancia en la fe y en el servicio a los hermanos. Tengamos también hacia ellos un afecto cercano y agradecido”.



“El próximo martes 26 de julio se celebra la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, los papás de la Virgen María, y los abuelos de Jesús. Por ese motivo se lo ha tomado como Día de los Abuelos. A ellos vaya nuestro cariño y reconocimiento sencillo en estas líneas”, concluyó.

domingo, 24 de julio de 2011

Benedicto XVI subraya la importancia de la “conciencia recta”



CASTEL GANDOLFO, domingo 24 de julio de 2011 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI introdujo hoy el rezo del Ángelus con los peregrinos presentes en el patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, con una reflexión sobre la importancia de la “recta conciencia” en la vida del hombre.



El Papa quiso reflexionar sobre la primera lectura de la liturgia de hoy, en la que un jovencísimo e inexperto rey Salomón pide, y obtiene, de Dios la sabiduría necesaria para gobernar al Pueblo de Israel.



Cada hombre “tiene una conciencia para ser en un cierto sentido 'rey', es decir, para ejercitar la gran dignidad humana de actuar según la recta conciencia, obrando el bien y evitando el mal”, explicó el Papa.



Cuando Salomón pide “un corazón dócil”, prosiguió el Pontífice, se refería, según la Biblia, no a un órgano concreto, sino “al centro de la persona, la sede se sus intenciones y de sus juicios. Podríamos decir: la conciencia”.



“Corazón dócil” significa “una conciencia que sabe escuchar, que es sensible a la voz de la verdad, y por esto es capaz de discernir el bien del mal”.



El ejemplo de Salomón, subrayó el Papa, “vale para cada hombre”, en el que debe formarse “una conciencia siempre abierta a la verdad y sensible a la justicia”.



“La conciencia moral presupone la capacidad de escuchar la voz de la verdad, de ser dóciles a sus indicaciones”, añadió.



Este discernimiento lo necesitan especialmente “las personas llamadas a tareas de gobierno tienen, naturalmente, una responsabilidad ulterior”, y que “por tanto – como enseña Salomón – tienen aún más necesidad de la ayuda de Dios”.



“Una mentalidad equivocada nos sugiere pedir a Dios cosas o condiciones favorables; en realidad, la verdadera calidad de nuestra vida y de la vida social depende de la recta conciencia de cada uno, de la capacidad de cada uno y de todos de reconocer el bien, separándolo del mal, y de buscar llevarlo a cabo con paciencia”, añadió.



Por último, propuso como modelo a la Virgen María, cuyo “corazón” fue “perfectamente dócil a la voluntad del Señor”.



“Aun siendo una persona humilde y sencilla, María es una reina a los ojos de Dios, y como tal la veneramos nosotros”, concluyó.

sábado, 23 de julio de 2011

Los enfermos nos evangelizan




El jueves 21 de julio pasado, se realizó una conferencia para Ministros Extraordinarios de la Comunión de San Cipriano, en el Salón Parroquial, entre las 7:30 p.m. y las 9:00 p.m. El expositor del tema fué el Sr. José Antonio Alaba, Coordinador de la Pastoral de la Salud, en la Parroquia San Juan de Ávila.

Algunas de las ideas centrales de la conferencia, las resumimos en los siguientes puntos:



  • Cuando el Ministro lleva la comunión a los enfermos, realmente es Él quien nos lleva a nosotros. Lo acompañamos.

  • Nos enseñan a ser persona, por encima del tener y del poder.


  • Nos recuerda la realidad de la vida humana.


  • Nos invitan a re-descubir valores que hoy están en crísis: paciencia para afrontar el dolor y la dificultad,el aprecio y respeto por la salud, así como por el Don inestimable de la vida, la solidaridad frente al que sufre.


  • Nos invitan a perseverar en la lucha.




A nivel de nuestra fe, nos ofrecen:





  • La trascendencia de la vida humana


  • Afrontar la realidad de la muerte en esta vida temporal


  • Testimoniar que la cruz, el dolor y el sufrimiento hacen parte de la vida


  • Suscitan en nosotros sentimientos de esperanza cristiana, de seguridad en la resurección y la vida eterna.

Con San Camilo de Lelis, Patrono de los agentes de Pastoral Social, nos permiten ver a Cristo en los enfermos, y al mismo tiempo, ser Cristo para los enfermos. Los enfermos nos evangelizan con su testimonio y la manera como muchos de ellos, asistidos por el Espíritu Santo, afrontan su propia pascua.


Esta conferencia hace parte del proceso de formación para los Ministros Extraordinarios de la Comunión, que ha previsto la Parroquia a través de la Coordinadora del Ministerio Sra. Maruja Herrera.

jueves, 21 de julio de 2011

Reunión fraternal de la Koinonía Pescadores



El pasado miércoles 20 de julio, los miembros de la Pequeña Comunidad "Pescadores" realizó una fraternal reunión de integración en el sector de La Calera, a la cual asistieron 25 personas, entre miembros, sus familiares y el Coordinador de Pequeñas Comunidades Sr. Héctor León.




El paseo a la residencia de la familia Casas en La Calera, ya se ha convertido en un programa tradicional de los últimos años, que sirve de ocasión de integración y sano esparcimiento de sus integrantes. El día estuvo algo frío pero afortunadamente sin lluvia, con la excepción de una llovizna "espanta-flojos" de no más de 15 minutos. Dentro de las actividades de integración no faltó en la ida y el regreso el momento de oración, los cantos, el baile, las "penitencias" para los que perdían la concentración dentro de las dinámicas, y un magnífico "sancocho trifásico" que fué preparado entre todos. La anfitriona, Doña Susana y sus hijas Patricia y Luz Mery nos atendieron maravillosamente y al final de la tarde, degustamos un exquisito arroz en leche que algunos repetimos.



Las fotos que acompañan esta información muestran 2 momentos del dia de integración.

sábado, 16 de julio de 2011

La familia nos salvará

Por considerarlo de valor universal y actual, transcribimos este artículo escrito por Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo de San Cristóbal de Las Casas, en Chiapas (México) Tomado de ZENIT.org


VER

No; no me refiero a la organización criminal ligada al narcotráfico denominada “La familia”, que opera principalmente en Michoacán, sino a la constituida en forma estable y armónica por un hombre, una mujer y sus hijos. En ella hemos crecido la mayoría. Es el punto de arranque en la configuración de nuestro modo de ser. Unos la califican en forma despectiva como tradicional, pero es todavía uno de los mayores tesoros en América Latina.


Hay quien presume de los cambios legislativos operados en la capital de nuestro país, que equiparan la familia y el matrimonio a la unión de homosexuales, como si fuera un avance progresista, cuando que es un atentado a la misma sociedad. ¡Y así aspiran a puestos superiores!


Habría que ver qué tanta consistencia tiene su propio hogar y que los electores no se dejen impresionar por la demagogia. Los hogares disfuncionales, los divorcios, las infidelidades conyugales, la ausencia de padre o de madre, la violencia intrafamiliar, de ordinario generan adolescentes y jóvenes violentos, drogados, vagos, alcohólicos, resentidos sociales, pandilleros, presa fácil para ser enrolados en negocios sucios, narcotráfico, secuestro, extorsión, sicariato, etc.








La pobreza y la falta de trabajo no necesariamente generan violencia social, pues muchos procedemos de familias pobres, campesinas, y nuestros padres nos enseñaron a trabajar, a ser honrados, a respetar a los demás. Si hubiera más familias mejor estructuradas, gozaríamos de mayor paz social.



JUZGAR

El Papa Benedicto XVI, al describir en San Marino algunos fundamentos de la sana laicidad, afirma: “La Iglesia, respetuosa de la legítima autonomía de la que debe gozar el poder civil, colabora con él, al servicio del hombre, en la defensa de sus derechos fundamentales, de aquellas instancias éticas que están inscritas en su misma naturaleza. Por eso la Iglesia se compromete para que las legislaciones civiles promuevan y tutelen siempre la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural. Además, pide para la familia el debido reconocimiento y un apoyo efectivo.


De hecho, sabemos bien que en el contexto actual se pone en tela de juicio la institución familiar, casi en un intento de ignorar su irrenunciable valor. Los que sufren las consecuencias son los grupos sociales más débiles, especialmente las generaciones jóvenes, más vulnerables y por eso más fácilmente expuestas a la desorientación, a situaciones de auto-marginación y a la esclavitud de las dependencias. A veces, a las realidades educativas les resulta difícil dar respuestas adecuadas a los jóvenes y, faltando el apoyo familiar, a menudo éstos no pueden insertarse normalmente en el tejido social. También por esto es importante reconocer que la familia, tal como Dios la ha constituido, es el principal sujeto que puede favorecer un crecimiento armonioso y hacer que maduren personas libres y responsables, formadas en los valores profundos y perennes” (19-VI-2011).


ACTUAR


Protejamos la familia. Eduquemos en valores familiares. Impulsemos más la pastoral familiar. Donde hay armonía familiar, trabajo compartido, educación en valores humanos y cristianos, respeto mutuo, disciplina, fe en Dios y amor a los pobres, se construyen personalidades sólidas, estables, justas, fraternas, solidarias, respetuosas de los demás.


Legisladores y gobernantes: Valoren la familia, como cimiento de la paz social. Promuevan leyes que protejan su solidez, y no se dejen apantallar por quienes impulsan modelos de familia contrarios a la misma naturaleza. Sean ustedes mismos modelos de una familia estable, fiel, dialogante, paciente y cariñosa. Generen más fuentes de trabajo y revisen los contenidos educativos en las escuelas, para que haya más formación cívica y social, y los jóvenes tengan otras alternativas de desarrollo, sin ceder a la tentación de la violencia como forma de sentirse grandes en la vida.


Televisoras: Depuren sus telenovelas; no presenten aventuras eróticas e infidelidades conyugales como algo normal, pues ustedes construyen u obstruyen la educación para la familia.