lunes, 27 de mayo de 2013
Martin Valverde - Mensaje de Vida
Un buen mensaje para todos, pero especialmente para aquellas que esperan un hijo en su vientre...
CARISMA VERDE (lista de reproducción)
Música cristiana católica de alabanza interpretada por el grupo Carisma Verde!
domingo, 26 de mayo de 2013
Reflexiones sobre el Plan de Evangelización Arquidiocesano
Cuando en marzo 15 de 2011 el Sr. Arzobispo de Bogotá,
Monseñor Rubén Salazar, presentó por primera vez al Presbiterio de Bogotá los
objetivos y criterios generales para la construcción del nuevo Plan de
Evangelización, acompañando tal hecho de la publicación del documento titulado “Convocación”
en el cual se presentó de manera amplia lo que íbamos a hacer, definiendo tres
momentos del proceso: la convocación misma, la construcción del Plan Global y la
puesta en marcha, creo que muchas personas no nos imaginamos el tamaño, el
alcance y el cambio de enfoque evangelizador que este anuncio significaría.
El nuevo paradigma
contenido en este Plan es “salir al encuentro de Dios que habita en nuestra
ciudad y municipios”, que modifica el planteamiento de antaño según el cual, el
misionero llevaba a Dios consigo y lo presentaba a quien recibía el mensaje. Así,
la ciudad no es destinataria sino interlocutora y campo de diálogo salvífico de
la evangelización. Dice el documento: “nos urge salir al encuentro de Dios,
para descubrirlo, acompañarlo en su crecimiento y encarnar el fermento de su Palabra
en obras concretas”.
La actitud
central de la Iglesia, el documento la formula así: “Interpelados por la
realidad que vive la ciudad, ante la cual el Señor Jesucristo y su Reino se
constituyen en esperanza de salvación, como enviados del Señor, portadores de
una buena noticia de vida verdadera, de humanidad auténtica, queremos hacernos
prójimo de nuestros hermanos e instrumentos de su misericordia y comunión”.
Se hace necesario salir a la intemperie para hallar a Dios en los demás, compartir con ellos nuestro propio testimonio de fe, acompañarlos en su discernimiento y sobre todo, aprender a amarlos. El camino ciertamente es retador, pero es igualmente esperanzador. Me adhiero a la invitación de Monseñor Salazar al final de su documento: “Rememos mar adentro! Que el renovado encuentro personal y comunitario con Cristo nos ayude a hacer del ideal futuro la fuerza que nos una y comprometa, nos ayude a hacer del nuevo paradigma de evangelización el estilo propio de vida que nos acerca hacia el ideal, y nos ayude a recorrer juntos el itinerario propuesto para dejar de hacer una pastoral de conservación y asumir una acción evangelizadora decididamente misionera en medio de nuestras circunstancias actuales”.
Para la construcción del Plan se definieron cuatro pasos
así: 1.Configuración del futuro deseado, 2. Mirada a la realidad presente, 3.
Confrontación del futuro ideal frente a
la realidad presente y 4. Definición del camino.
La primera sorpresa que vivimos todos los fieles de la
Arquidiócesis, en el abordaje de este proceso, fue la adopción de una metodología
de planeación prospectiva-estratégica, que en honor a la verdad, no recuerdo
que se haya vivido alguna vez en la Iglesia para fines de evangelización. El
valor agregado de esta metodología, respecto de todas las experiencias
anteriores, fue la de efectuar una consulta directa al Pueblo de Dios, mediante
la realización de cerca de 800 talleres, que realizados en todas las parroquias
de Bogotá, con la participación de fieles de todas las edades, ocupaciones y
actividades, se les preguntó sus opiniones y sugerencias acerca del presente y
futuro tanto de la ciudad, como de la Iglesia Católica en su misión y realidad.
Esto permitió construir un consenso sobre los hechos significativos que están afectando,
positiva o negativamente el presente de nuestra sociedad urbana y de nuestra
Iglesia Arquidiocesana. En palabras más escuetas: por primera vez se le
consultó previamente a los fieles cercanos y alejados, su opinión y sus aportes
para la construcción de la evangelización.
Esto fue y continúa siendo muy significativo, si se toma en
cuenta que con anterioridad, los planes de evangelización eran concebidos por
la jerarquía eclesiástica, sin consulta alguna al pueblo –destinatario directo
de tal acción- y se hacían los envíos formales a misión, asumiendo que el
mensaje, el contexto, los receptores y los efectos de tal envío ya eran
conocidos y no requerían trabajo de reflexión adicional alguna para su buen
recibo. Quizá los tiempos pasados permitieron esto por sus características
menos cambiantes respecto de la realidad actual.
En la metodología de planeación prospectiva hay unos
supuestos básicos, que al adoptarla, le dieron nuevas luces a la construcción
de este Plan de Evangelización. Algunos de ellos son los siguientes:
·
La sociedad vive un proceso de cambio permanente
en todos los aspectos que la caracterizan. La educación, el trabajo, la
tecnología, las relaciones interpersonales y colectivas son hoy diferentes a
las de ayer. Las concepciones del mundo en sus diferentes interrelaciones han
cambiado. La percepción de Dios, de la Iglesia, de la moral, de la
responsabilidad social y del cuidado o abandono de la naturaleza se han
transformado.
·
Como se reconoce un cambio, se considera
igualmente que la ejecución de un nuevo plan puede conducir a diferentes
posibles realidades, dependiendo de los cambios del entorno. Esas posibles
realidades se les identifica en esta metodología como escenarios. En el ámbito
empresarial, los agentes de planeación establecen como mínimo tres escenarios:
uno positivo con grandes resultados, otro de efectos positivos moderados y uno
más, identificado como pesimista, para cuando la ejecución del plan no da los
efectos esperados. Es decir, la planeación prospectiva por escenarios es más
flexible a los cambios del entorno.
·
En la planeación prospectiva hay la posibilidad
de efectuar cambios o ajustes de dirección a la ejecución de los planes. Esto
permitirá que el Plan de Evangelización pueda ser retroalimentado en la marcha
y afinar su ejecución, enderezando el rumbo cuando haya cualquier desvío por
pequeño que sea en los escenarios proyectados.
·
Los ejecutores del Plan –la Iglesia en su
conjunto: obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos- debe hacer una
lectura permanente del entorno, durante la ejecución del plan, para adaptar su mensaje
a las necesidades y cambios del mismo. En los destinatarios de la misión nada
se da por establecido, todo puede estar sujeto a cambios que faciliten la
transmisión y recepción del mensaje.
El pasado 19 de mayo, con ocasión de la celebración de
Pentecostés y los 450 años de la Arquidiócesis de Bogotá, Monseñor Rubén
Salazar, presentó el documento oficial del Plan
de Evangelización 2013 a 2022, “Sal de la tierra y luz del mundo”, con el propósito
de pasar de una pastoral de conservación a una presencia y acción
evangelizadora decididamente misionera.
La ejecución de este Plan parte desde una reafirmación de
nuestra conversión para salir al
encuentro de Dios en la ciudad, hacernos compañeros de camino para testimoniar
y anunciar el Evangelio, a aquellos que buscan nuevas expresiones para su vida
de fe, poner en diálogo la razón y la fe, la ciencia y la vida. Se trata de
acoger el amor de Dios, para comunicarlo mediante la vivencia del mismo con y
en los demás.
Llegó el momento
en que Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos vivamos una Iglesia “extramural”,
en la que encontremos a Dios no sólo en el sagrario de los templos, sino en la
vida cotidiana en la calle, en el trabajo, en el parque y en los centros de
educación. Me viene a la memoria el testimonio de adoración Eucarística dado
por el Padre Eusebio Menard (fundador de los Misioneros de los Santos
Apóstoles) cuando un día en New York invita un grupo de compañeros del
Seminario a “hacer una visita al Santísimo Sacramento” y los puso frente a un
hombre mal vestido y sucio, abandonado en la calle, a quien el Padre Menard invita a tomar un café y a
dialogar amablemente con él, ante el asombro de sus compañeros. Cuando el
hombre le pregunta al Padre por qué hace eso con él, le responde: “estoy viviendo mi hora de adoración porque
tú eres el Templo de Dios y en ti se encuentra un lugar de presencia tan
hermoso y grande como lo que se vive en la Eucaristía” En ese momento el
hombre se puso a llorar con profusión de lágrimas.Se hace necesario salir a la intemperie para hallar a Dios en los demás, compartir con ellos nuestro propio testimonio de fe, acompañarlos en su discernimiento y sobre todo, aprender a amarlos. El camino ciertamente es retador, pero es igualmente esperanzador. Me adhiero a la invitación de Monseñor Salazar al final de su documento: “Rememos mar adentro! Que el renovado encuentro personal y comunitario con Cristo nos ayude a hacer del ideal futuro la fuerza que nos una y comprometa, nos ayude a hacer del nuevo paradigma de evangelización el estilo propio de vida que nos acerca hacia el ideal, y nos ayude a recorrer juntos el itinerario propuesto para dejar de hacer una pastoral de conservación y asumir una acción evangelizadora decididamente misionera en medio de nuestras circunstancias actuales”.
Creer en Jesús
Jesús Así dice el Señor: “De cierto, de cierto
os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.” Juan 6,47 Si, con estas palabras, nuestro Señor nos
dice que para tener vida, hay que creer en Él.
Jesús, único maestro
Si un cristiano no estudia a diario su
palabra, y no se alimenta de ella ¿Podrá saber cual es la voluntad de Dios?
¿Podrá obedecer a Dios sino conoce su palabra?
“Jesús les
dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os
envío.»” Juan 20,21

Por José
Miguel Arráiz, publicado en Alimento del Alma No.7769, remitido a la redacción
de este Blog por Edgar Berdugo, miembro del equipo nacional de la Pastoral del Trabajo de Colombia.
Pero ¿Qué significa creer en Jesús?
Creer en
Jesús significa creerle a Jesús, creer que todo lo que dice es verdad, y
conformar nuestra vida conforme a eso.
“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos;”
Juan 14,15
“Jesús le
respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y
vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis
palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha
enviado.” Juan 14,23-24
Creer en
Jesús significa aceptarle como Señor supremo de nuestra vida, y que en nuestra
vida no se haga nuestra voluntad, sino la suya.
Muchas veces
decimos creer en Jesús, pero cada vez que aceptamos o seguimos un maestro cuyas
enseñanzas contradicen el mensaje de Jesús, no estamos creyendo en Jesús, sino
que estamos creyendo en otro maestro, diferente. “Le dice Jesús: «Yo soy el
Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.” Juan 14,6 Jesús debe ser nuestro único maestro, si
deseamos ser de verdad discípulos de Él.
Y para poder saber cuál es la enseñanza del maestro, para poder conocer
la voluntad de Dios, debemos alimentarnos de su palabra y de la enseñanza de la
Iglesia:
“Más él
respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra
que sale de la boca de Dios. ” Mateo 4,4
No se puede
hacer lo que no se conoce, no podemos saber que quiere de nosotros sino leemos
su palabra, sino escuchamos la enseñanza de la Iglesia, a quien Cristo prometió
llevar a la verdad completa: “Cuando
venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no
hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha
de venir.” Juan 16,13
Y les dio autoridad:
Ya que escucharles es escucharle a Él:
“«Quien a
vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me
rechaza; y quien me rechaza a mí,
rechaza al que me ha enviado.»” Lucas 10,16
En fin, para
saber cuál es la voluntad de Cristo, lo principal es acudir asiduamente a las
fuentes que nos ha dejado para conocerla, que son su palabra y la enseñanza de
nuestra Iglesia.
Pero el cristiano no debe limitarse a
escuchar la palabra de Dios, sino debe tratar por medio de la gracia de Dios, y
de todas sus fuerzas en practicarla:
“No todo el
que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que
haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día: "Señor,
Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en
tu nombre hicimos muchos milagros?" Y entonces les declararé: "¡Jamás
os conocí; = apartaos de mí, agentes de iniquidad!" = «Así pues, todo el
que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre
prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los
torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella
no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías
y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa
sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos,
irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»” Mateo 7,21-27
Si no
tomamos en serio el estudio de la palabra, y no la practicamos, nos pasará como
la tierra llena de espigas, donde al caer la semilla se vio ahogada y no dio
fruto.
Creer en
Jesús es guardar su palabra, que significa estudiarla, meditarla y practicarla,
para que algún día podamos decir como Pablo:
“y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al
presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó
a sí mismo por mí.” Gálatas 2,20 Eso
es: Creer en Jesús…

sábado, 25 de mayo de 2013
VOCACIÓN
Se necesitan hombres que trabajen en la viña del Señor. Un llamado al que tu puedes responder!
viernes, 24 de mayo de 2013
No basta la "conversion" debes Transformarte - entrevista a Ricardo Cast...
Una mirada reflexiva de un científico ex-ateo sobre lo que significa la verdadera conversión a la fe cristiana católica. ¿Cuánto de lo que allí se dice nos puede "tocar"?
miércoles, 22 de mayo de 2013
Un camino de rosas y espinas
Muchas veces una
mirada desde la distancia sobre la vida de Don Bosco, una visión de conjunto,
puede que consiga que nos perdamos los detalles que construyeron esa vida, los
detalles del día a día, y que no caigamos en la cuenta en que el día a día de
la vida de Don Bosco estuvo repleto, las 24 horas, de esfuerzo y sacrificio.
Este día a día, que vivían Don Bosco y sus colaboradores, queda reflejado muy bien en este sueño que tuvo Don Bosco, y que puede ser un ejemplo para todos nosotros.
"Un día del año 1847- contó Don Bosco- se me apareció
la Reina del cielo y me condujo a un jardín encantador; era un inmenso rosal.
Para no dañar las rosas me quite los zapatos, y empecé a andar. Pero las rosas
tenían terribles espinas que me destrozaban los pies. Viendo que no podía
continuar así, Nuestra Señora me aconsejo que me volviera aponer el calzado.
Así lo hice. Muchas personas me seguían, pero apenas empezaban a sentir las
fuertes punzadas de las rosas, se volvían atrás. Había rosas a la derecha, a la
izquierda, en el suelo, y sobre la cabeza de los que caminábamos. Pero todas
con espinas muy agudas y algunas nos daban punzadas tan terribles que producían
espasmos.
La gente desde la orilla del rosal decía: "mire que a
gusto viaja Don Bosco, caminando sobre
rosas y todo es fácil para él". Pero no sabían que dolorosos pinchazos
estaba yo sintiendo en los pies en la cabeza, en los brazos y en las espaldas.
Muchos religiosos que me habían seguido, al sentir tantos
dolores exclamaban: "Nos engañaron, esto es muy duro". Y yo les
contestaba: "El que sólo desea gozar, sin sufrir, que se vuelva. Pero los
que desean triunfos a costa del propio sufrimiento, que me sigan". Muchos
abandonaron la vía y se volvieron.
Algunos me seguían todavía. De vez en cuando alguien se
desanimaba y se volvía, pero unos cuantos valientes seguían por el camino de
rosas aguantando las dolorosas heridas.
Al final nos encontramos en un precioso jardín. Todos íbamos
heridos, sudorosos y sangrantes. Pero luego sopló un suave viento y quedamos
curados. Vi que los que me acompañaban pertenecían a muchas naciones y muchas
razas.
ESTE SUEÑO LO TUVO DON BOSCO EN UNA EPOCA MUY DURA PARA EL:
Ya llevaba 6 años tratando de conseguir colaboradores para educar a sus
jóvenes, pero todos se le iban: sacerdotes, seminaristas, profesores, todos se
cansaban; la vida del Oratorio de Don Bosco era muy dura, la comida mala, el
trabajo mucho, la pobreza grande, y los jovencitos por ser de las clases más
abandonadas eran toscos y groseros (sobre todo al principio) .
Pero desde que la
Virgen le hizo las revelaciones de este sueño, ya Don Bosco aprendió el REMEDIO
PARA OBTENER TRIUNFOS: recordar sin cesar a sus colaboradores el gran premio
que les esperaba en el cielo. "Un pedacito de cielo lo arregla todo"
le había dicho San Benito Cotolengo.
Y a base de hacer presente el futuro maravilloso que les
esperaba en la eternidad, se fue consiguiendo colaboradores fijos, que a pesar
de tantas espinas de la vida, perseveraron en su compañía y llegaron a formar
la COMUNIDAD SALESIANA, que tantos jóvenes educa en el mundo.
Reflexión:
Esfuerzo y sacrificio. Quizás no son dos valores que estén
“de moda” hoy día, probablemente muy pocos de los presentes los mencionarían si
quiera como un valor que merezca la pena, sin embargo la historia nos ha dejado
muchos ejemplos, como los de Jesús o Don Bosco, de que para vivir una vida
llena, que merezca la pena, estos dos tienen que estar presentes.
Hagamos una pausa y pensemos en cuantas cosas de las que
hacemos durante el día nos suponen un esfuerzo. Para unos quizás el único
esfuerzo sea levantarse cada mañana para venir al colegio. Otros quizás hagan
el esfuerzo de permanecer en clase escuchando y aprendiendo. Algunos más
sacrificarán sus ganas de hablar con los compañeros. Algunos se esforzarán
cuando lleguen a casa y harán sus deberes y tareas. Unos pocos quizás decidan
realizar algún esfuerzo físico, haciendo deporte, o intelectual, estudiando
música. Muchos menos se esforzarán por echar una mano en la familia, cuidando a
hermanos o colaborando en las tareas de la casa, recogiendo el cuarto, poniendo
o quitando la mesa y así podríamos seguir.
“Cuanto mayor es el esfuerzo, mayor es la recompensa”. El
esfuerzo es, ante todo, un deber que elegimos, un modo de ser y estar en el
mundo que cada uno nos imponemos a nosotros mismos, de manera libre. Sin
embargo hoy se impone la pereza, la desidia y la debilidad.
El esfuerzo y sacrificio tiene muchas formas. Esfuerzo
intelectual, esfuerzo moral, esfuerzo para convivir, esfuerzo físico. El
esfuerzo además, equivale a responsabilidad, a hacerse cargo de uno mismo, como
persona individual y como persona social. El todo de la vida proviene del
esfuerzo, porque vivir es esforzarse en vivir.
El esfuerzo nos convierte en personas, en, seres que hacen y
obran, activos y creadores. La actividad es esfuerzo, y la creación también lo
es. Por eso estar vivos es esforzarse, mientras que la muerte es “el descanso
eterno”, el no esfuerzo por toda la eternidad. No hay esfuerzo de importancia
sin dolor.
Una existencia sin esfuerzo es sin inteligencia, sin
voluntad propia, sin energía, sin vitalidad. Personas degradadas en lo físico y
en lo espiritual, obesos del cuerpo y de la mente, perezosos, seres lúgubres,
sin chispa, sin vida.
Jesús y Don Bosco nos enseñaron que el Amor también es un
esfuerzo, porque es dar, es ponerse al servicio, es renunciar. Amor es amar muy
por delante de ser amado, por tanto esforzarse y servir, muy por delante de
recibir y disfrutar.
María Auxilio de los Cristianos – Ruega por nosotros!
Colaboración de Eugenia Ruiz Sandoval, miembro de la Pequeña
Comunidad “Filadelfia” y Guía de Talleres de Oración y Vida del Padre Ignacio
Larrañaga.
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