lunes, 21 de julio de 2025

Oración a María Santísima

Oh Santa María mi única Reina y después de Jesús mi verdadero consuelo en este mundo. Tú eres el rocío celestial que dulcifica mis amarguras. Tú eres la brillante luz que disipa las tinieblas que rodean a mi alma. Tú eres la guía de mis pasos, la fuerza de mis debilidades, el tesoro en mi pobreza, el bálsamo que cura mis heridas, el consuelo que enjuga mis lágrimas, mi refugio en las miserias y la esperanza de mi salvación.

Oh María ten piedad de mí, tú que eres la Madre de Dios que tanto nos amas. Concédenos lo que te pedimos, tú que eres nuestra defensa y nuestra alegría. Haz que nosotros seamos dignos de gozar contigo esa bienaventuranza que gozas en el cielo. Amén.


lunes, 10 de abril de 2023

Nuestro Sagrario en Semana Santa

 

El Monumento del Jueves Santo es una forma de sentir y adorar la presencia de Jesucristo Dios en la Eucaristía. Es la tradición de levantar el monumento de Jueves Santo, que es la capilla o altar donde se reserva la hostia consagrada desde el Jueves Santo al Viernes Santo. En esta foto se puede apreciar el arreglo especial con el cual se adornó el Sagrario de nuestra Parroquia de San Cipriano.



Celebración de la resurrección de Jesús

 

El sábado 9 de abril, a partir de las 8:00 p.m., la Parroquia de San Cipriano de Bogotá, celebró con la asistencia de cerca de 1.000 fieles, la Misa de Resurrección de Jesús. La ceremonia se inició estando el templo en oscuridad. La procesión con la entrada del cirio pascual, seguido del Párroco Padre Carlos Mario Charry, el Diácono Carlos Ruiz y algunos Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión fueron llenando de luz el recinto bajo el conocido canto: "Luz de Cristo" acompañado de la respuesta de la asamblea "Demos gracias a Dios!".  Es un instante de gran entusiasmo para todos los presentes, por cuanto se entiende que es el anuncio de la llegada de la luz, que es Cristo. (Véase fotos)

El canto del Pregón Pascual es un momento de gran fervor pues en su letra describe la grandeza de la Pascua. Se incluye a continuación, parcialmente, algunas estrofas del pregón que suscita el canto comunitario de los presentes:

En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado. 

Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles. 

Ésta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo. Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado. Ésta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos. Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¡Que asombroso beneficio de tu amor por nosotros!

La celebración consta de cuatro partes bien determinadas en su estructura celebrativa y en su contenido: Liturgia de la Luz o Lucernario; Liturgia de la Palabra; Liturgia Bautismal y Liturgia Eucarística.

La fe en la Resurrección del Señor es el tema fundamental de este día. “Este es el día en el que actuó el Señor” canta el Salmo 117. Es el domingo por excelencia. Es el día en el que se expresó su poder soberano venciendo la muerte y que, en consecuencia, es motivo de gozo y alegría para todos los cristianos. En su discurso, Pedro proclama que se le ha encomendado el anunciar y predicar la Resurrección de Cristo. Los apóstoles son los testigos que han visto al Resucitado, han comido y bebido con Él. Ellos han recibido el encargo de predicar que Cristo resucitado ha sido constituido juez de vivos y muertos (1L) San Pablo subraya, de modo especial, que la Resurrección del Señor instaura una nueva vida en el bautizado. El cristiano es aquel que ha muerto con Cristo y ha resucitado con Él a una vida nueva. La fe en la Resurrección es la roca firme para san Pablo, el lugar donde se asienta todo su dinamismo apostólico.(2L). El Evangelio nos muestra a Pedro y Juan que, entrando en el sepulcro, “ven y creen”. El sepulcro vacío es para ellos el inicio de una meditación que los conduce a la fe en Cristo resucitado.

Así como las primeras comunidades cristianas vivían de la fe en la Resurrección del Señor, así también los cristianos están llamados a vivir más a fondo el misterio de la Resurrección en sus vidas. “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba”. Para el creyente la resurrección es el dato culminante de su fe en Cristo; por la resurrección se confirman todas las promesas del Antiguo Testamento. El Señor ha sido fiel a su amor y se ha dado sin límites, con sobreabundancia. Por la Resurrección se confirma la divinidad del Señor: verdadero Dios y verdadero hombre. La Resurrección nos enseña la verdad íntima acerca de Dios (Dios es amor) y acerca de la salvación humana. Cristo en su misterio pascual lleva a su plenitud la revelación de Dios. Autorrevelación definitiva de Dios.

En el mundo post-moderno que nos toca vivir con un fuerte relativismo y pérdida de la fe, la mujer cristiana está llamada a ser nuevamente mensajera privilegiada de las verdades cristianas. Ella será en el hogar aquella que irradia amor, comprensión y que educa a la familia en los valores sobrenaturales. Podemos decir que de la mujer depende en gran medida la fe del hogar, porque ella la transmite no sólo por sus palabras, sino por medio de su vida, de sus actitudes, de su capacidad de sufrimiento, de perdón. Ella, en el seno del hogar, o en el seno de una comunidad religiosa, o en el seno de la sociedad, o en la vida pública, o en los hospitales, o en la escuela... es la que hace presente los valores trascendentes y, lo que es más importante, la que revela a Dios como amor, la que muestra a Cristo resucitado y conduce hacia Él. Ella es maestra de la fe. Ella es el sol de la familia y de la sociedad.


En esta vigilia, "madre de todas las vigilias", se proponen nueve lecturas, siete del antiguo Testamento y dos del nuevo (epístola y evangelio).

En la liturgia Bautismal, el sacerdote, con los ministros se dirige a la fuente bautismal, si ésta se encuentra situada a la vista de los fieles. Para la bendición del agua, el Sacerdote que preside exhorta: Invoquemos, queridos hermanos, a Dios todopoderoso, y pidámosle que con su poder santifique esta agua, para que cuantos en ella renazcan por el bautismo sean incorporados a Cristo y contados entre los hijos de adopción. (Véase foto)

A continuación, en la renovación de las promesas del Bautismo, la Asamblea es interrogada y responde renunciando a satanás y reafirmando su fe.

A continuación se realizó la liturgia Eucarística, parte central de la celebración en la que se consagran las especies eucarísticas del pan y el vino, que se convierten en el cuerpo y la sangre del Señor, el cual es distribuido entere quienes se acercan a recibirlo. 


En resumen, una celebración grande de nuestra fe y luz para nuestro camino!


domingo, 4 de diciembre de 2022

Estamos en Adviento

 Preparemos el camino del Señor. Ha venido ya Jesucristo o está todavía por venir? Para algunos todavía no ha venido, ya que la mayoría de las personas del mundo ni le conocen ni le siguen. Incluso entre sus seguidores, muchos no viven de la forma que Él nos enseñó. Él quería que nosotros construyésemos un mundo mejor, pero por desgracia eso es todavía un sueño del futuro, no una realidad presente: ¿Qué vamos a hacer al respecto?

Primero tenemos que transformarnos  nosotros mismos, y entonces nuestro mundo cambiará. En nuestras celebraciones Eucarísticas de este tiempo, pediremos al Señor Jesús que sepamos preparar su venida más profundaa nosotros.

El Adviento es el tiempo de preparación para celebrar la Navidad y comienza cuatro domingos antes de esta fiesta. Además marca el inicio del nuevo año litúrgico católico. La palabra Adviento es de orígen latín y quiere decir "venida". Los cristianos católicos debemos estar preparados para un encuentro con el Señor. Bien sea por su segunda venida anunciada en las escrituras, o por nuestro encuentro con Él, producto de su llamado en cualquier momento, de lo cual no sabemos ni el día ni la hora. Por esta razón es un tiempo que nos invita a la reconciliación con el Señor, para lo cual podemos acudir a la Confesión con un sacerdote y recibir la absolución de nuestros pecados. Sólo así se puede recibir dignamente la Sagrada Comunión, cuando tenemos pecados mortales cometidos. En ausencia de estos es posible recibir la Comunión sin el requisito previo de la Confesión.

Recordemos lo que nos dice San Pablo en Primera de Corintios 11, 27-29:

Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y la Sangre del Señor. Examínese pues cada cual, y coma así  el pan y beba la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación".






viernes, 16 de julio de 2021

Julio 16: celebramos el Día de la Virgen del Carmen

 



El Santo Escapulario es el gran don que María, omnipotente ante su Hijo Dios, toda corazón para con sus hijos, los hombres, tesorera de todas las gracias, nos trajo del cielo, haciéndonos en él las más preciosas promesas que pudiéramos desear. A él ha vinculado la Virgen dos maravillosas promesas:

Primera promesa:

Es la gran promesa, el privilegio de preservación o exención del infierno para cuantos mueren revestidos con el Escapulario Carmelitano. Orando con fervor a la Virgen S. Simón Stock, General de la Orden Carmelitana, apareciósele circundada de ángeles la Stma. Virgen (15 de Julio de 1251) y entregándole, como prenda de su amor maternal y de ilimitado poder, el Santo Escapulario, prometióle que cuantos murieren revestidos de él no se condenarían. Las palabras de la Virgen fueron éstas: "El que muriere con el Escapulario no padecerá el fuego del infierno".

Segunda promesa:

Estando orando el Papa Juan XXIII, se le apareció la Virgen, vestida del hábito carmelitano, y le prometió sacar el purgatorio del sábado después de la muerte al que muriese con el Escapulario. María dijo al Papa: "Yo Madre de misericordia, libraré del purgatorio y llevaré al cielo, el sábado después de la muerte, a cuantos hubieses vestido mi Escapulario".

Tal es el privilegio Sabatino, otorgado por la Reina del Purgatorio, a favor de sus cofrades carmelitas, el Papa Juan XXII y promulgado por éste en la Bula Sabatina (3 de Marzo de 1322) aprobada después por más de veinte Sumos Pontifices.

Por él, el Sábado siguiente a la muerte de los cofrades carmelitas, o como lo interpreta la iglesia, cuanto antes, pero especialmente el sábado, según declaración del Paulo V, la Virgen del Carmen, con cariño maternal, los libra de la cárcel expiatoria y los introduce en el Paraíso. El Papa Paulo V expidió el 20 de enero de 1613 el siguiente Decreto:

"Permítase a los Padre Carmelitas predicar que el pueblo cristiano puede piadosamente creer que la Bienaventurada Virgen María con sus intercesiones continuas, piadosas sufragios y méritos y especial protección, ayudará después de la muerte, principalmente el sábado, día a ella dedicado, a las almas de sus cofrades que llevaren el habito carmelitano".

Condiciones para ganar estos privilegios:

Para merecer la primera Promesa de la perseverancia final, se requiere haber recibido el Escapulario de manos de sacerdote, llevarlo siempre puesto, especialmente en la hora de la muerte, e inscribir el nombre en el libro de la cofradía.

Para ganar la segunda Promesa, el privilegio Sabatino, sobre los tres requisitos anteriores, se exige guardar castidad, según el propio estado, rezar siete padrenuestros, 7 avemarías y 7 glorias.

Guardar abstinencia (si pueden hacerlo) los miércoles y los sábados; esta obligación puede un confesor conmutarla por otros rezos.

SÚPLICA PARA TIEMPOS DIFÍCILES

"Tengo mil dificultades: ayúdame.

De los enemigos del alma: sálvame.

En mis desaciertos: ilumíname.

En mis dudas y penas: confórtame.

En mis enfermedades: fortaléceme.

Cuando me desprecien: anímame.

En las tentaciones: defiéndeme.

En horas difíciles: consuélame.

Con tu corazón maternal: ámame.

Con tu inmenso poder: protégeme.

Y en tus brazos al expirar: recíbeme.

Virgen del Carmen, ruega por nosotros.

Amén."

viernes, 19 de marzo de 2021

El papel de los laicos en la evangelización del tiempo presente

 

Dentro de los efectos más notorios, producto de la actual pandemia, en la vida de fe del mundo cristiano católico y en el de otras denominaciones cristianas, encontramos con preocupación un conjunto de restricciones en diferentes momentos de nuestra vida eclesial y privada, que están afectando nuestras celebraciones, la vida comunitaria y especialmente la realización de algunas de las actividades de evangelización que se venían desarrollando con anterioridad.

Esto, particularmente nos preocupa porque la naturaleza de la Iglesia Católica es de carácter misionero. Jesucristo antes de subir al cielo y sentarse a la derecha de Dios Padre (cf Efesios 1,20), envió a sus discípulos a proclamar la Buena Noticia al mundo entero diciéndoles: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he enseñado” (Mateo 28, 19-20). Ellos representaban un pequeño grupo de testigos de Jesús de Nazaret, de su vida terrena, de su enseñanza, de su muerte y sobre todo de su resurrección (Hechos 1, 22). La Constitución Lumen Gentium acoge junto al mandato misionero del Señor las palabras del Apóstol Pablo, «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1Cor 9, 16); poco después añade: «Todos los discípulos de Cristo han recibido el encargo de extender la fe según sus posibilidades» (LG II, 17). Dicho de otra manera: la Iglesia existe porque sigue en vigor el envío misionero que ha recibido del Señor. Frente a este objetivo la situación del momento actual ha impedido en un comienzo y ha restringido posteriormente las celebraciones Eucarísticas, que son el culmen de nuestras celebraciones de fe. Igualmente ha afectado las celebraciones de la vida sacramental en cuanto que no se pueden efectuar reuniones en los templos. Incluso los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía han sufrido claras restricciones de forma en su operación. Las actividades de los grupos comunitarios pastorales y litúrgicos han tenido que sacrificar espacios de reunión, de formación y de trabajo extramural. Incluso en algunos casos de temporal parálisis.

La Iglesia ha respondido a esta contingencia respetando las medidas gubernamentales de control biosanitario y de limitación de las celebraciones con los fieles. Si bien la gravedad de la pandemia empieza a ceder un poco en algunos países, mientras que en Europa y Brasil pareciera recrudecerse en su avance, es evidente que la actividad evangelizadora reclama un replanteamiento en sus métodos, en su ardor y en su desarrollo.

La Iglesia en su conjunto y nosotros los laicos como miembros del Cuerpo Místico de Jesucristo, estamos en la imperiosa necesidad de saber leer e interpretar los signos del tiempo presente, para adecuar y reorientar la organización y desarrollo de nuestra labor misionera. En esto los laicos tenemos claras responsabilidades. Cuando la Iglesia Católica habla de ‘laicos’ se refiere a todos los fieles bautizados que no forman parte de la jerarquía eclesiástica, es decir, que no pertenecen al orden sacerdotal, o para decirlo más claramente, que no son diáconos, sacerdotes u obispos, y tampoco pertenecen a la vida consagrada religiosa, es decir, no son religiosas, frailes, etc. De los laicos, dice el Catecismo de la Iglesia Católica que: ‘están incorporados a Cristo por el Bautismo, forman el Pueblo de Dios y participan a su manera de las funciones de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey’ (CIC 897). ‘Tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios’ (898). ‘Deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia, es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del jefe común, el Romano Pontífice y los obispos en comunión con él.’ (CIC 899). ‘Tienen la obligación y gozan del derecho… de trabajar para que el mensaje divino de la salvación sea conocido y recibido por todos.’ (CIC 900).

 

Tradicionalmente se aplica la expresión “ad gentes” al apostolado de Pablo, puesto que él mismo se llama “apóstol de las gentes” (Rom 11,13). Para Pablo, esta acción evangelizadora se concreta especialmente en el “primer anuncio”, es decir, en anunciar el evangelio allí¬ donde todaví¬a no ha sido anunciado. Una realidad nunca terminada

En la teologí¬a y en la acción misionera actual, se distingue entre la misión ordinaria (en comunidades ya evangelizadas) y la misión “ad gentes”, es decir, la acción apostólica especial en comunidades o paí¬ses no suficientemente evangelizados. La misión “ad gentes” es uno de los tres niveles de la misión eclesial:   1) actividad pastoral ordinaria; 2) “nueva evangelización” o también “reevangelización”; 3) misión “ad gentes”. Cuando se aplica la expresión “ad gentes” a la palabra misión, se quiere indicar que ésta va dirigida “a todos los pueblos”.

La obligación principal de los laicos, hombre y mujeres, según el Decreto Ad Gentes del Concilio Vaticano II, es el testimonio de Cristo que deben dar con la vida y con la palabra en la familia, en el grupo social y en el ámbito de su profesión. Siembren la fe de Cristo entre sus compañeros de vida y de trabajo, obligación que urge más porque muchos hombres no pueden oír hablar del Evangelio ni conocer a Cristo más que a través de sus vecinos seglares.

A los escenarios conocidos para evangelizar, como el hogar, la familia, el trabajo, el lugar de estudio y el barrio o localidad, hoy han surgido nuevos escenarios que permiten sortear las dificultades del momento presente. Entre ellos las diferentes redes sociales ocupan un lugar importante por su recursividad. Plataformas como WhatsApp, meet google, zoom entre otras, hoy permiten realizar reuniones virtuales de discusión, aprendizaje o talleres experienciales, en los que el mensaje evangélico puede ser bien comunicado.

Las pequeñas reuniones de una familia bajo el acompañamiento de un agente de evangelización, son igualmente posibles, si se siguen protocolos de bioseguridad confiables (distanciamiento, uso de tapabocas, lavado de manos y adecuada aireación). En este tipo de reunión tienen posibilidades de trabajo evangelizador los grupos marianos, de oración, de lectura y discernimiento de la Palabra o de edificación espiritual. En estas modalidades es clave hacer una buena concertación de las reuniones con los anfitriones, para lograr una buena motivación y participación. Es ideal que los Párrocos en cada sector, divulguen y promuevan estas experiencias. El ingreso a una vivienda deberá depender exclusivamente de una invitación del residente. Nunca debe visitarse a alguien en una unidad privada de vivienda sin invitación previa.  La preparación del animador de la evangelización será clave para obtener buenos resultados. 

  “Cada Parroquia ha de renovarse en orden a aprovechar la totalidad de sus potencialidades pastorales para llegar efectivamente a cuantos le están encomendados. Con sus organismos e instituciones, ha de asumir decididamente un estado de misión permanente, en primer lugar, dentro de su propio territorio, dado que la parroquia es para todos los que integran su jurisdicción, tanto para los ya bautizados, como para los que todavía ignoran a Jesucristo, lo rechazan o prescinden de El en sus vidas” (NMA 72).

martes, 23 de febrero de 2021

Cómo meditar el Santo Rosario

 Una guía muy convencional o común del rezo del Santo Rosario, nos indica el uso de las cuentas que integran el Rosario y el orden en que se deben hacer las oraciones que lo conforman. Véase ilustraciones que aparecen enseguida. 


1. Hacer el signo de la cruz y rezar el símbolo de los apóstoles o el acto de contrición

2. Rezar el Padrenuestro

3. Rezar 3 Avemarías y Gloria.

4. Anunciar el primer misterio. Rezar el Padrenuestro.

5. Rezar 10 AvemaríasGloria y Jaculatoria.

6. Anunciar el segundo misterio. Rezar el Padrenuestro.

7. Rezar 10 AvemaríasGloria y Jaculatoria.

8. Anunciar el tercer misterio. Rezar el Padrenuestro.

9. Rezar 10 AvemaríasGloria y Jaculatoria.

10. Anunciar el cuarto misterio. Rezar el Padrenuestro.

11. Rezar 10 AvemaríasGloria y Jaculatoria.

12. Anunciar el quinto misterio. Rezar el Padrenuestro.

13. Rezar 10 AvemaríasGloria y Jaculatoria.

14. Rezar la Salve


El Papa Pablo VI dijo que, sin la contemplación, el rezo del Rosario es un cuerpo sin alma y su recitación puede convertirse en una repetición mecánica. El Papa San Pío V nos enseñó que la meditación es simplemente pensar y amar. Les ofrecemos algunas recomendaciones para meditar el Santo Rosario y lograr una oración más profunda que nos lleve a una conversión de vida.

  1. Céntrate en la Palabra de Dios. En el caso del Rosario, el objeto de la meditación son esos pasajes de la vida de Jesús y de la Virgen María que llamamos los misterios (gozosos, luminosos, dolorosos o gloriosos). Concentrados en ellos, podemos entrar en diálogo con la Palabra de Dios e identificarnos con Cristo para dejarnos transformar por él.
  2. Aquieta tu mente. Para meditar el Rosario, ayuda mucho estar en un lugar tranquilo. Además, uno puede necesitar un momento para sosegarse. Al empezar el Rosario con el Credo, el Padrenuestro y las primeras tres avemarías, aprovecha para relajarte y soltar tensiones y distracciones.
  3. Pide la ayuda divina. Mientras rezas las oraciones iniciales pídele al Espíritu Santo que guíe tu meditación para que puedas conocer a Cristo y la voluntad de Dios. Pide la intercesión de la Virgen María.
  4. Enfócate en el misterio. Antes de rezar cada decena, anuncia el misterio que toca. Por ejemplo: “Primer misterio gozoso: La Anunciación”. Crea un espacio para enfocarte en él. Es recomendable hacer un momento de silencio para fijar en la mente la escena y los acontecimientos del misterio. Es muy beneficioso leer el texto bíblico correspondiente. También es útil tener a la vista una imagen que represente el pasaje. Puedes mirarla mientras oras.
  5. Reza mientras contemplas. El Padrenuestro y las diez avemarías sirven como “música de fondo” para tu meditación y te ayudan a adentrarte en ella. Una de las formas de meditar consiste en repasar lentamente los acontecimientos que el misterio presenta. Imagínalos. Deja que tu mente se fije en alguna impresión o en algún suceso en particular para ir profundizándolo. Por ejemplo, en la Anunciación podrías detenerte en las palabras de María: “Hágase en mí según tu palabra”. Sigue meditando con ellas toda la decena.
  6. Observa la actitud. Otra forma de meditar consiste en prestar atención a una actitud que observas en Jesús o en María: cualquiera que sientas importante en ese momento. Por ejemplo, en la Anunciación, podría tratarse de la humildad de Dios que se rebaja para asumir la naturaleza humana. Reza la decena pensando en esa actitud.
  7. Vincula lo contemplado con tu vida. Permite que el  Espíritu Santo traiga a tu mente aspectos de tu vida cotidiana y te muestre en qué medida estás aplicando las actitudes del Señor o de su Madre. En qué medida te pareces a Jesús. Identifícate con el Maestro.
  8. Intercede por otros. Como el Santo Padre Juan Pablo II ha enseñado, la meditación de los misterios del Rosario nos conduce naturalmente a la súplica por otras personas y por las necesidades del mundo. Una vez más, déjate guiar por el Espíritu Santo.

Fuente: http://www.rosarioenfamilia.org.pe/como-meditar-el-santo-rosario/



domingo, 31 de enero de 2021



 

La Parroquia de San Cipriano, en Bogotá D.C., en armonía con las disposiciones de la administración distrital de la ciudad, continúa celebrando la Eucaristía de manera presencial, cumpliendo con los protocolos establecidos de bioseguridad que cumplen tanto los participantes en cada Misa como el sacerdote y ministros que sirven en el altar. Hay un equipo de servidores dedicados específicamente al control y cuidados de los procedimientos de bioseguridad en el templo, lo cual permite adelantar cada celebración de fe en un ámbito de precaución y confianza.

El aforo del templo corresponde a su tamaño y a las normas de distanciamiento entre cada uno de los asistentes. La característica particular de este templo, al tener tres grandes puertas de acceso, permiten de manera permanente una circulación de aire que favorece el ejercicio de la bioseguridad.

El horario de celebraciones es el siguiente:

Lunes a sábado, a las 6:00 pm.

Domingo,  a las 7:00 am, 10:00 am, 12:00 m., 5:00 pm, y 7:00 pm.

Primer viernes del mes, a las 8:00 am.

Primer sábado del mes, Rosario a las 6:30 am y Misa alas 7:00 pm.

Señor de los Milagros, a las10:00 am, 12:00 m y 6:00 pm.

Adoración al Santísimo, primer jueves del mes, 4:30 pm a 5:30 pm.

Se sugiere llegar al templo con anticipación para poder acceder a su ingreso. No se esta requiriendo inscripción previa. Cuando se llena el aforo autorizado, no se permite ingreso adicional de personas.

El día 17 de febrero próximo, con ocasión de ser miércoles de ceniza, habrá un horario especial de celebraciones que se dará a conocer en breve. 

El despacho parroquial atiende lunes, miércoles y viernes de10:00 a, a 12:00 m. y de 2:00 pm a 4:00 pm.

El Oratorio con exposición del Santísimo esta abierto de domingo a domingo, de 8:00 am a 5:00 pm.

Cualquier información adicional que se desee se puede solicitar a los teléfonos 6781288 y 300 2379758.



jueves, 16 de julio de 2020

Iglesias culminan protocolos para reabrir sus templos





La Iglesia Católica Colombiana pendiente de la autorización para la reapertura de los templos.

La Iglesia Católica en Bogotá, su historia y llegada de su nuevo Arzobis...






La Voz de Dios y la del Maligno, Cómo Distinguirlas - Papa Francisco





Su Santidad, el Papa Francisco, nos enseña como distinguir entre la voz de Dios y la del maligno. La voz de Dios nos corrige, nos ama y tiene un horizonte. La voz del maligno quiere que nos concentremos en los temores del futuro. Dios nos ubica en el presente, nos anima y acompaña.

Tres malentendidos sobre el misterio de María


Cristo es el centro y María ocupa un papel importante.

Por: Ismael González, LC | Fuente: Catholic.net



Hace unos cinco años, en Caracas, conversaba sobre la Virgen María con una señora catequista. Ella se lamentaba de que María fuera un gran obstáculo para el diálogo entre los católicos y los protestantes. Cierto, yo no podía negar esta dificultad. Cuántas acusaciones de este estilo: los católicos son unos idólatras de la Virgen, se olvidan de la centralidad de Jesucristo, han inventado cosas que no están en la Biblia… Y lo peor es que a veces algunos católicos se acomplejan y en aras de un falso diálogo minusvaloran la devoción a nuestra Madre santísima.
La dificultad existe y por eso vamos a reflexionar para despejar algunos posibles malentendidos sobre el misterio de María en el conjunto de nuestra fe.
Siempre me han parecido contundentes las siguientes palabras del Papa san Pablo VI: «Si queremos ser cristianos, debemos ser marianos, es decir, debemos reconocer la relación esencial, vital y providencial que une a la Virgen con Jesús y que nos abre la vía que conduce a Él» (Homilía del 24 de abril de 1970 en la Misa en el Santuario de Bonaria, Cagliari).
El mismo Papa Pablo VI escribió en 1974 la exhortación apostólica Marialis cultus, sobre la recta ordenación y desarrollo del culto a la Santísima Virgen María. En ella aclaraba diversos aspectos sin dejar de afirmar con claridad que «la piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano» (Maralis cultus, n. 56).
Estas afirmaciones en absoluto menoscaban la centralidad de Cristo. Sí, Cristo es el centro de nuestra fe y junto a Él su Madre ocupa un papel muy importante. De manera que una auténtica piedad cristiana no puede ignorar ni menospreciar el culto mariano. Expliquemos algo más esta cuestión afrontando tres de las objeciones más comunes.

1. Veneramos a María, no la adoramos
Los católicos adoramos única y exclusivamente a Dios. Profesamos esta verdad fundamental desde las primeras palabras del Credo («Creo en un solo Dios») y la asumimos como el primero de los mandamientos en el que todos se resumen («Amarás a Dios sobre todas las cosas»).
A María la veneramos, es decir, la honramos de manera especial. Venerar es «respetar en sumo grado a alguien por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a algo por lo que representa o recuerda» (RAEDiccionario de la lengua española). Esto es lo que hacemos cuando en el ámbito familiar o civil recordamos con estima a algunos de nuestros antepasados o personajes de la patria.
Solo a Dios tributamos un culto de adoración. En cambio, a los ángeles y santos les tributamos un culto de veneración, pues su ejemplo nos estimula y su intercesión nos ayuda para amar más a Dios y adorarlo mejor; muy por encima de todos ellos sobresale el ejemplo de María –ella no es santa, es santísima– y por eso la veneramos todavía más. En la teología estos tipos de culto reciben el nombre respectivo de culto de latría, culto de dulía y culto de hiperdulía.

2. A Jesús por María
Este adagio es también conocido por su formulación en latín: Ad Iesum per Mariam. Se ha difundido gracias a san Luis María Grignon de Monfort (1673-1716), un sacerdote francés que a inicios del siglo XVIII escribió el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. En este tratado san Luis María propone la consagración a Jesús por medio de María y llega a decir que esta devoción es «el camino más fácil, corto, seguro y perfecto para llegar a Jesucristo».
Todo esto está en sintonía con la tradición de la Iglesia y deriva de la honda compenetración entre Jesús y María. La auténtica espiritualidad cristiana nunca ha visto a María como un fin en sí misma. El fin es Cristo y María es un medio privilegiado. Las dudas al respecto son legítimas y el mismo san Juan Pablo II las albergó en su juventud:
«A mí personalmente, en los años de mi juventud, me ayudó mucho la lectura de este libro, en el que “encontré la respuesta a mis dudas”, debidas al temor de que el culto a María, “si se hace excesivo, acaba por comprometer la supremacía del culto debido a Cristo” (Don y misterio, BAC 1996, p. 43). Bajo la guía sabia de san Luis María comprendí que, si se vive el misterio de María en Cristo, ese peligro no existe» (Carta de Juan Pablo II a la familia monfortiana, 8 de diciembre de 2003).
De hecho, el Catecismo de la Iglesia Católica expresa muy bien que «lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree acerca de Cristo, pero lo que enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo» (n. 487) Todo el misterio de la Virgen María dimana de Cristo y hacia Él tiende. Y también es verdad que quien encuentra a Jesucristo tal como es, Dios encarnado, «nacido de mujer» (cf. Carta a los Gálatas 4, 4), no puede dejar de considerar a esa mujer predilecta y escogida por Dios.

3. Presencia de María en la Biblia
En la Sagrada Escritura sí hay unas cuantas referencias a María, pocas pero sustanciales. El Magisterio de la Iglesia reconoce con claridad el sentido mariológico de los siguientes dos pasajes del Antiguo Testamento:
«El Señor Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón”» (Génesis 3, 14-15).
«Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel» (Isaías 7, 14).
Estos pasajes son dos profecías muy importantes de la historia de la salvación. En ambos hoy se reconoce tanto el sentido mesiánico como el mariológico. Ya en la preparación remota de nuestra redención se atisba el ligamen profundo entre Cristo y María.
En el Nuevo Testamento son diversos los pasajes donde se habla de la Virgen María. Son muy significativas, entre otras, las narraciones del nacimiento e infancia de Jesús (cf. Mateo 1-2, Lucas 1-2), la presencia de María al pie de la cruz (cf. Juan 19, 25-27) o su apoyo orante a la primera comunidad de la Iglesia (cf. Hechos de los Apóstoles 1, 14).
Resalta de modo singular el episodio de la anunciación del arcángel Gabriel y la encarnación del Verbo en el seno de María (cf. Lucas 1, 26-38). Aquí se basan nuestras oraciones marianas tan arraigadas (avemaríaángelus y rosario), devociones que por supuesto sí son bíblicas.

Conclusión
Es mucho más lo que se podría decir de la Santísima Virgen María. Con razón decía san Bernardo (1090-1153) que «de María nunca se hablará suficiente» (de Maria nunquam satis). Dejo estas pistas con la finalidad de ayudar a apreciar un poco mejor uno de los misterios más dulces y consoladores de nuestra fe católica.

martes, 12 de mayo de 2020

A JESÚS POR MARÍA


Nos encontramos celebrando el mes dedicado a la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Un período en el cual podemos acercarnos más a ella con nuestra oración diaria del Rosario. Los cristianos católicos reconocemos en ella su poder intercesor ante su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Según el Padre Luis María Grignion de Montfort, María aparece como la mujer completamente consagrada al servicio de Jesús y de su obra salvífica, puesta en marcha con la venida de Cristo y que se sigue realizando en el correr de cada día, hasta el final de los tiempos. La personalidad y misión de María debe colocarse en la historia de la salvación y en referencia a Jesucristo, razón de su existencia. María no es un personaje autónomo. Es totalmente relativa a Dios. Y yo me atrevo a llamarla la relación de Dios, pues existe en relación con Él, o el eco de Dios, ya que no dice sino Dios. Si tú dices María, ella dice Dios (VD 225).


El proceder de la Santísima Trinidad, es que recibamos a Cristo por María: el Padre no dio ni da a su Hijo, sino por medio de María. Dios Hijo se hizo hombre para todos solamente por medio de María. El Espíritu Santo no formó a Jesucristo sino por María (VD 140). Quien desee tener el fruto de vida -que es Jesús- debe tener el árbol de vida -que es María-, si deseas tener a Jesús, debes tener a María! (ASE 204). Si examinamos de cerca el resto de la vida de Jesucristo, vemos que ha querido inaugurar sus milagros por medio de María.

Mediante las palabras de María santificó a San Juan en el seno de Santa Isabel su madre: habló María y Juan quedó Santificado. Este fue su primero y mayor milagro en el orden de la gracia. Ante la humilde plegaria de María, convirtió el agua en vino en las bodas de Caná. Era su primer milagro en el orden de la naturaleza.

María impera en el cielo sobre los Ángeles y bienaventurados. En recompensa a su profunda humildad, Dios le ha dado el poder y la misión de llenar de santos los tronos vacíos, de donde por orgullo cayeron los ángeles apóstatas. Tal es la voluntad del Altísimo, que exalta siempre a los humildes: que el cielo, la tierra y el abismo se sometan de grado, o por fuerza, a las órdenes de la humilde María, a quien ha constituido Soberana del cielo y de la tierra, generala de sus ejércitos, tesorera de sus riquezas, dispensadora del género humano, mediadora de los hombres, exterminadora de los enemigos de Dios y fiel compañera de su grandeza y sus triunfos. (VD28).
El Ave María bien dicha, o sea con atención, devoción y modestia es, según los Santos, el enemigo del diablo al que hace huir y el martillo que lo aplasta. Es la santificación del alma, la alegría de los ángeles, la melodía de los predestinados, el cántico del Nuevo Testamento, el gozo de la Santísima Virgen y la gloria de la Augusta Trinidad. (VD 253).

La familia que reza unida el Rosario, reproduce un poco el clima de la casa de Nazaret: Jesús está en el centro. Se comparten con Él, alegrías y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtiene de Él la esperanza y la fuerza para el camino. El Rosario es a la vez meditación y súplica. La plegaria insistente a la Madre de Dios, se apoya en la confianza de que su materna intercesión lo puede todo ante el corazón del Hijo. No dejes pasar ningún día de este mes sin rezar el Rosario a María. Ella te escucha y ella le habla a su Hijo de ti.

Abreviaturas usadas en este texto:
VD: Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, de San Luis María de Montfort
ASE: Amor de la Sabiduría Eterna. Obra fundamental para el estudio y comprensión de la espiritualidad montfortiana.

martes, 28 de abril de 2020

Nuevo Arzobispo para Bogotá




Monseñor Luis José  Rueda Aparicio es el nuevo arzobispo de Bogotá. Su Santidad el Papa Francisco nombró al nuevo arzobispo metropolitano de Bogotá y Primado de Colombia el 25 de abril.
En la misma fecha el Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la Arquidiócesis Metropolitana de Bogotá, Colombia, presentada por el Cardenal Rubén Salazar Gómez y ha nombrado arzobispo metropolitano de Bogotá a Monseñor Luis José Rueda Aparicio, hasta ahora arzobispo metropolitano de Popayán.

Biografía

Como informa el sitio web de la Conferencia Episcopal de Colombia, Monseñor Rueda nació en San Gil el 3 de marzo de 1962. En su pueblo natal realizó los estudios básicos tanto de primaria como de secundaria. Su proceso de formación para el sacerdocio lo adelantó, en un primer momento, en el Seminario Conciliar San Carlos de la Diócesis de Socorro y San Gil, donde frecuentó los cursos de filosofía; luego realizó sus estudios teológicos en el Seminario Arquidiocesano de Bucaramanga. Fue ordenado sacerdote el 23 de noviembre de 1989, incardinándose a la Diócesis de Socorro y San Gil.
Después de su ordenación tuvo la oportunidad de adelantar estudios de especialización en teología moral, obteniendo la licenciatura en la Academia Alfonsiana de Roma.

Algunos cargos desempeñados

Como sacerdote, ha sido párroco en diversas parroquias, entre ellas en Curití y profesor del Seminario Mayor (1992), subdirector del Secretariado Diocesano de Pastoral Social –SEPAS- y rector del Instituto Técnico para el Desarrollo Rural –IDEAR- (2010), entre otros. La CIII Asamblea Plenaria de Obispos en julio de 2017 lo eligió Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y Caritativa.
El 2 de febrero de 2012, Su Santidad Benedicto XVI lo nombró obispo de la Diócesis de Montelíbano y recibió la ordenación episcopal el 14 de abril de 2012. El 19 de mayo 2018 fue nombrado arzobispo metropolitano de Popayán, su nombramiento más reciente.

PANDEMIA Y VIDA INTERIOR


Como efecto de la pandemia mundial por la que transitamos, muchas cosas están cambiando en nuestra existencia cotidiana, que nos hacen pensar, el que una vez que se supere este virus -lo cual aún no es claro- la vida tendrá unas nuevas condiciones a las que tendremos que adaptarnos. El mensaje que ha acompañado al Covid19 ha sido muy fuerte: la naturaleza esta teniendo un respiro, una pausa en su destrucción a manos del hombre, que tiene a todos los animales y seres vivos que la habitan en un período de bienestar y recuperación maravilloso. Circulan por las redes sociales abundantes ejemplos en videos y fotografías, que muestran la libertad de conservación en que se encuentran los animales e incluso su circulación espontánea en algunos sectores urbanos de ciudades y lugares, habitualmente poblados sólo por el hombre. Pero no es sólo la fauna. Los bosques y las especies vegetales también están recuperándose -algunas de ellas en estado convaleciente- de la feroz destrucción ocasionada por incendios y alteraciones del clima, producto de nuestro mal manejo del medio ambiente.  

De otro lado, los seres humanos hemos sido sorpresivamente llevados al encierro y al confinamiento en nuestras viviendas, por un enemigo generalmente invisible y letal, que nos interrumpió abruptamente nuestra manera de vivir en todas sus manifestaciones sociales.

Este aislamiento de todas las personas, igualmente nos viene mostrando unas realidades nuevas en nuestra vida exterior, que estaban ocultas a nuestra experiencia y que nos generan variadas conclusiones. Algunos ejemplos que pueden citarse:
  •  Mientras no exista una vacuna probada, el dinero no puede comprar salud. La vida no depende directamente del dinero.
  •  Los servicios de salud son insuficientes para afrontar el manejo de una pandemia. Hay un desarrollo lento de su infraestructura hospitalaria y científica.
  • La distribución del ingreso producto de las inequitativas condiciones de la educación y acceso al trabajo, es débil y discriminante. La orientación político-administrativa de los gobiernos, a nivel mundial, ha estado más dirigida al sostenimiento del capital y de los negocios, que al cuidado y el desarrollo del capital humano.
  •  El ser humano en todas las interacciones de su vida exterior, es decir de su relación con los demás, ha ido construyendo un modelo de existencia marcado progresivamente por el consumismo, creándose necesidades cada vez más artificiales o suntuarias, que parecieran rendir culto a señuelos tales como la demostración de poder, riqueza material, soberbia, lujo, gula y muchas otras formas de hedonismo. El hombre de hoy, con muy pocas excepciones, no busca el progreso social sino el individual y personal, especialmente en el sentido de la apariencia.

·         Visto globalmente, aunque con pocas excepciones, las sociedades de nuestro tiempo le han volteado la espalda a Dios. En algunos países incluso se persigue a quienes viven y confiesan su fe en Dios. El cristianismo sigue siendo un ejemplo de ello en parte de Asia, África y en alguna medida en Europa.

Pero, la historia universal nos muestra que el último nivel y el más sagrado para el hombre, en el que los cambios externos nos pueden afectar y transformar, es en la vida interior de cada hombre o mujer. Por una razón. Es el campo de nuestra conciencia, donde habitan nuestros principios y valores, nuestras convicciones y nuestras esperanzas. Allí palpita nuestra necesidad de Dios, de su amor, de su protección y de su misericordia frente a nuestras debilidades y actos miserables. Allí puede habitar Dios si tú lo invitas y lo tomas en cuenta como tu Señor y tu Salvador.

Basta leer el libro Hechos de los Apóstoles, en las sagradas escrituras, para enterarnos que los primeros cristianos vivieron su fe confinados en sus hogares, huyendo o esquivando la persecución de los Sumos Sacerdotes y miembros del Sanedrín, bajo el poder de Roma, que veían en su cristianismo un supuesto temor al ejercicio de su poder. Hechos 2.  42-43 nos describe sobre la primera comunidad cristiana: “Se mantenían constantes en la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Pero el temor se apoderaba de todos, pues los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos”.

Observemos cómo en medio de esta dificultad de la vida exterior de los Apóstoles, ellos se refugian en su vida interior de oración, en la meditación de las escrituras y en la comunión. Aquí hay una enseñanza clara acerca de cómo los hombres encuentran en su vida interior, una respuesta adecuada para salir adelante.

Y cómo asumir nuestra vida interior? La fuente de la verdadera felicidad se encuentra en el interior de cada ser humano, donde Dios se hace paz, alegría, gozo, serenidad para quienes viven en amistad con El, y no en las cosas exteriores. Son medios para formar el hábito de la vida interior:
  •     Amar la vida de oración. Que nuestra oración esté amasada   de fe, humildad, agradecimiento, adoración, confianza,         silencio y perseverancia.
  •     Vida sacramental, especialmente la Eucaristía.
  •     Vida de Sagrario. El Espíritu Santo habita en ti.
  •     Docilidad y apertura a las inspiraciones del Espíritu Santo.
  •     Saber aprovechar momentos de silencio y reflexión
  •     Lectura espiritual.
  •    Practicar la caridad con los que sufren o requieren de nosotros
  •   Contemplar e imitar el ejemplo de nuestra Madre, la Santísima Virgen.



viernes, 10 de abril de 2020

Semana Santa en los hogares con ayuda de internet


Debido a la pandemia mundial del coronavirus, esta Semana Santa implicó una celebración completamente inusual e inédita, puesto que al establecerse el aislamiento personal,  por todos los gobiernos del mundo, los católicos tuvimos que regresar a la experiencia de vida de los primeros cristianos (véase Hechos de los Apóstoles), al celebrar dentro de los hogares y con la ayuda de internet, que transmitió las principales celebraciones. 
En medio del confinamiento vivido, esta ha sido una ocasiòn de alguna manera providencial, para vivir màs personal y familiarmente la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
En el caso particular de nuestra Parroquia de San Cipriano, bajo la guía de nuestro Párroco el Padre Carlos Mario, los fieles de la comunidad parroquial tuvimos la oportunidad de seguir las celebraciones igualmente por el mismo medio de comunicación.
A nivel global, las celebraciones de nuestra Arquidiócesis de Bogotá y las del Vaticano, encabezadas por nuestro Papa S.S. Francisco, de las que incluímos unos fotos, fueron transmitidas por el canal RCN televisión.  





domingo, 5 de abril de 2020

Cerca de ti Señor





Prende tu sonido y escucha este canto de alabanza al Señor! Si quieres lo puedes cantar.