lunes, 3 de diciembre de 2012

Poster Navideño de EWTN


EWTN comenzó en 1981 cuando la Madre Angélica, llena de fe y desafiando toda lógica, transformó el garaje de su monasterio en un estudio de televisión, transmitiendo 4 horas diarias a unos 60,000 hogares en los Estados Unidos. Desde entonces, EWTN comenzó la expansión nacional e internacional de la señal ofreciendo tanto en radio como en televisión e Internet, 24 horas de programación sana, entretenida y constructiva basada en los valores y pilares de la fe católica.

EWTN ofrece gratuitamente durante las 24 horas del día una programación muy completa orientada a todos los miembros de la familia. Cuenta con una gran variedad de programas donde muestra la extraordinaria riqueza espiritual y cultural que la Iglesia Católica ha acumulado por más de dos mil años.

Este canal de TV transmite la Santa Misa y devociones, dramas y documentales, noticias, series de enseñanza, eventos especiales, series animadas para niños, y programas en directo que permiten la participación de la audiencia por medio de llamadas telefónicas y correos electrónicos.
 

En Colombia, a través de CLARO (antiguo Telmex) digital, EWTN se sintoniza en el canal 901. Incluimos el poster navideño que nos ha hecho llegar a este Blog esta cadena de televisión.

sábado, 1 de diciembre de 2012

¿Porqué participar en una Pequeña Comunidad?


Esta es una pregunta que algunos católicos alejados se hacen cuando se enteran que existen Pequeñas Comunidades de fieles cristianos, que se reúnen periódicamente en sus casas. Y la pregunta inicial suscita otras no menos importantes: ¿Qué razones se pueden tener para congregarse con otras personas alrededor de experiencias de fe? ¿Porqué no vivir mi fe de manera individual y aislada de los demás?

Para quienes el Señor nos ha permitido hacer parte de una Pequeña Comunidad la respuesta no se hace esperar. Ciertamente muchos Santos de nuestra Iglesia han alcanzado buena parte de su santidad en la vida eremítica, es decir, renunciando a la vida en sociedad y retirándose a la soledad del campo para practicar la meditación, la oración y la penitencia. Algo muy exigente y de muy alto mérito espiritual. Ejemplos de esta opción son San Francisco de Asís, fundador de la orden Franciscana, la Orden de las Clarisas (conjuntamente con su hermana Clara de Asís), y la Orden Tercera de la Penitencia. O bien, San Antonio abad, anacoreta egipcio y amante de la vida monástica. Igualmente, San Benito abad, fundador de la Orden Benedictina, quien llegó a fundar 12 monasterios con 12 monjes cada uno.

 
Pero cuando nos tomamos en serio nuestra relación con Dios, esta opción de formación y crecimiento individual es algo muy riguroso y estricto. El camino de la virtud está salpicado de caídas, de pruebas reiteradas y de la necesidad de vencer el desánimo y aridez de los momentos de duda y de  debilidad, tan factibles para todo ser humano. Es como hacer un viaje solo en medio de la tormenta y los momentos de oscuridad. Allí el propósito de persistir puede tambalear y hacernos abandonar los mejores propósitos. Algo muy diferente es emprender ese mismo viaje acompañado de otro u otros que compartan el mismo interés. Cada uno podrá ser soporte para el otro y entre todos se animarán para superar los escollos que se presenten.

Esa es una de las principales ventajas de la vida en Pequeña Comunidad, en la cual regularmente entre 8 a 12 personas caminan unidos en un propósito común: la construcción de un modelo de vida corporativo –inspirado en los Santos Apóstoles- que animados por el Espíritu Santo, puedan aprender a vivir los valores del Evangelio y vivir como auténticos discípulos y misioneros de Cristo.

 
Por ello, el Documento Conclusivo de Aparecida (V Conferencia del Episcopado Latinoamericano) expresa de las Pequeñas Comunidades:

Ellas son un ámbito propicio para escuchar la Palabra de Dios, para vivir la fraternidad, para animar en la oración, para profundizar procesos de formación en la fe y para fortalecer el exigente compromiso de ser apóstoles en la sociedad de hoy. Ellas son lugares de experiencia cristiana y evangelización que, en medio de la situación cultural que nos afecta, secularizada y hostil a la Iglesia, se hacen todavía mucho más necesarias” DA-308.

 
Los miembros de la Pequeña Comunidad se reúnen una vez a la semana, en forma rotatoria en cada una de sus casas,  por un espacio de hora y media a dos horas máximo, para un encuentro fraterno en el que se hace y se viven 5 momentos esenciales: 1. Oración y alabanza (incluye oración al Espíritu Santo y acto penitencial). 2. Lectura y discernimiento de la Palabra. 3. Edificación Espiritual iluminada por la Palabra y el compartir testimonios de vida en fe y solidaridad. 4. Catequesis como expresión de formación en aspectos de fe y doctrinarios, para dar mejor razón de nuestra esperanza, y  5. Oración comunitaria de unos por otros, que concluye con un ágape sencillo alrededor de una taza de café o una aromática.

La integración a la Pequeña Comunidad nos vincula a una nueva familia: la de los hijos de un mismo Padre, en la que sin importar diferencias de toda índole (raza, ocupación, nivel económico o lugar de vivienda) somos todos iguales y aprendemos a amarnos bajo una perspectiva diferente como hermanos en la fe. Por esta razón caminar en una Pequeña Comunidad es una experiencia de solidaridad, de apoyo mutuo y de aprendizaje continuo. Hoy ocurre realmente en nuestras comunidades, igual que se describe en Hechos de los Apóstoles, que quienes nos observan dicen: “Mírenlos cómo se aman!”.

Naturalmente en las Pequeñas Comunidades también hay dificultades, pues están integradas por seres humanos que luchan por superar sus debilidades y las ocasiones de pecado que a todos nos afectan en cualquier instante. Pero indiscutiblemente la Pequeña Comunidad es fuente de vida en el mejor de los sentidos: vida en Cristo Jesús! Allí no estamos solos.

 
Recordemos al Apóstol San Pablo en la Epístola a los Efesios, capítulo 5, versículos 14 al 17 cuando nos dice:

Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por eso se dice: Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo! Así pues, mirad atentamente cómo vivís; no seáis necios sino sabios; aprovechando bien la ocasión, porque los días son malos. Por tanto no seáis insensatos, sino comprended cuál es la voluntad del Señor.”
 
Escrito por Héctor León.
Bogotá - Colombia

viernes, 30 de noviembre de 2012

San Mateo 4, 18-22


 
En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:”venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.  Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.  Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.

Reflexión:

La parábola de la pesca continúa siendo hoy interesante para iluminar nuestra misión cristiana. EL pescador sale a una hora difícil, cuando todos duermen, y se lanza a la aventura confiando en el mar, misterioso, peligroso y desconocido, sin saber si ese día tendrá suerte en la pesca o regresará a casa con las manos vacías. Sin embargo la duda no detiene su paso y avanza. Hace falta esa osadía, entrar en lo desconocido de cada cultura, pueblo o sociedad, y lanzar de modo audaz el siempre actual mensaje del Evangelio de Jesús, lanzarse sin tardanza pues como recuerda el Apóstol ¿cómo creerán en Aquel de quien no han oído hablar?

Nuestras buenas noticias para los demás deben dejar de ser buenas para pasar a ser la Buena Noticia. Hermanos eso es lo que da sentido a nuestra vida, lo que hemos hallado en nuestra experiencia personal y lo que debemos transmitir a quienes nos rodean. También nosotros hemos sido llamados como lo fueron estos pescadores.

 No importa cual sea nuestro trabajo: profesional, técnico o auxiliar. Nuestro deber es prepararnos para ir a la Misión. Si ya hemos descubierto la presencia de Dios en nuestra vida, entonces hablemos con los demás de este testimonio para comunicar así nuestra fe y evangelizar a quienes nos escuchan.   

domingo, 25 de noviembre de 2012

¿Quién o qué dirige mi vida?


Hemos llegado a la semana 34 del tiempo litúrgico ordinario, en cuyo primer día, domingo, celebramos la festividad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.  Esta celebración fue establecida por el Papa Pio XI en el año 1925, buscándose con ella que todo el mundo católico tuviera muy presente que quien dirige la Iglesia es Jesucristo Rey, principio y fin de todo lo creado, Verbo de Dios, que mediante su Palabra Dios lo hizo todo,  único y verdadero Señor sea Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 
Para comprensión de lo anterior vale la pena recordar las palabras de Jesús a sus discípulos en el evangelio de San Juan 14, 8 – 9:   Le dice Felipe (a Jesús): Señor muéstranos al Padre y nos basta. Le dice Jesús: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre.”

 Igualmente, recordemos el numeral 691 del Catecismo de la Iglesia Católica cuando nos dice:

Espíritu Santo, tal es el nombre propio de Aquel que adoramos y glorificamos con el Padre y el Hijo. La Iglesia ha recibido este nombre del Señor y lo profesa en el bautismo de sus nuevos hijos (Cf. Mateo 28,19)”.  Lo anterior se explica igualmente en el numeral 245 del Catecismo, cuando afirma que: “..el origen eterno del Espíritu Santo está en conexión con el del Hijo: el Espíritu Santo que es la tercera persona de la Trinidad, es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo” (Cc. De Toledo XI, año 675: DS 527). El Credo del Concilio de Constantinopla (año 381) confiesa: Con el Padre y el Hijo reciben una misma adoración y gloria” (DS 150).

Sin demérito  de lo anterior, en esta festividad nos referimos a la Persona de Jesús por cuanto San Pablo  en Colosenses 1, 15 refiriéndose al Primado de Cristo  nos dice “Él es imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación”.

Cristo es el Rey del universo y de todos los hombres, sus hermanos. Es el Rey de todo lo creado, porque somos igualmente –en la unidad de la Santísima Trinidad- sus creaturas. Es decir, Él es nuestro Dueño y Señor. Pero su reino no procede de este mundo y debido a esto no podemos concebirlo o entenderlo con las medidas que medimos a nuestros gobernantes. El Reino de Cristo es el reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz. Nada más distinto a los incoherentes y lamentables modelos de gobierno que hacemos los hombres y que padece la humanidad entera, por no seguir los valores anunciados en los Evangelios.

La ocasión de esta celebración nos motiva a preguntarnos: ¿Realmente es Jesucristo el que reina, el que dirige mis pensamientos, mis sentimientos, mi inteligencia, mi conciencia, mi trabajo, mi familia, mi vida social?

La vida cotidiana de los seres humanos es una sucesión permanente de grandes y pequeñas decisiones, que se manifiestan en todos y cada uno de nuestros actos. ¿Quién o qué dirige mis actos? ¿Quién o qué inspira y motiva todo lo que hacemos?  Acaso las respuestas a estas preguntas son el dinero, la búsqueda de poder o influencia sobre los demás, la indiferencia por las necesidades de otros y la priorización de mi satisfacción personal?  O en caso contrario, nuestros motivadores son la verdad, la justicia, el amor, el perdón y la paz?

Una respuesta interior sincera a estos interrogantes nos revela de inmediato qué tan cerca estamos de asumir el reinado de Jesús en nuestras vidas. Aquí no hay lugar a engaños o apariencias ante “quien todo lo ve”.  Recordemos el Salmo 139 (138):

Tú me escrutas, Yahvé, y me conoces;
sabes cuándo me siento y me levanto,
mi pensamiento percibes desde lejos;
de camino o acostado, tú lo adviertes,
familiares te son todas mis sendas.
Aún no llega la palabra a mi lengua,
y tú, Yahvé, la conoces por entero;
me rodeas por detrás y por delante,
tienes puesta tu mano sobre mí.

Hace pocas semanas recordamos en un evangelio dominical (Marcos 12, 28-31), cómo Jesús resumió los 10 Mandamientos que Moisés recibió de Dios y comunicó al pueblo de Israel, en sólo dos mandamientos esenciales:

Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le pregunto: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús le contesto: El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor,  amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.  

Aquí encontramos la clave para vivir el Reinado de Jesús en nuestro interior, en nuestra vida y nuestras acciones.  Si nos proponemos cumplir estos dos mandamientos, de hecho cumpliremos los 10 mandamientos revelados en el Antiguo Testamento.  ¿Difícil? No hay duda, especialmente cuando reconocemos la poca vivencia de los valores cristianos ahí afuera del lugar en que te encuentras; o lo que es más preocupante.. a veces en tu ámbito familiar más cercano.

Las palabras de Jesús en Juan 12, 44-50, nos iluminan el camino a seguir:

Jesús gritó y dijo: El que cree en mí no cree en mí, sino en Aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a Aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.


 
Ayudas eficaces en este nuevo Reinado y Señorío de Jesús en nuestras vidas, son nuestro acercamiento a la Palabra de Dios (para conocer sus enseñanzas y su Voluntad), acudir a la oración frecuente (comunicación directa con el Señor), acercarnos más a la Iglesia (cuyo magisterio y guía son instrumentos de salvación), practicar la vida sacramental (para configurarnos con Dios Trinidad), practicar la Voluntad de Dios en nuestro trabajo (en el ejercicio cotidiano de nuestra profesión), combatir nuestras debilidades con la ayuda de Dios y crecer haciendo obras en beneficio de los demás (para practicar el amor oblativo que nos enseño Jesús, con su propia vida).

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Videos para el fortalecer el alma (lista de reproducción)



Música católica para fortalecer el alma en las versiones de varios intérpretes conocidos como Son by Four y otros no menos importantes.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Conferencia sobre la Laborem Exercens



Una visión resumida de la Laborem Excercens y la realidad del mundo del trabajo. Un documento inspirador para trabajar en la pastoral obrera.

Cara a Cara Qué es el Concilio Vaticano II Alejandro Bermúdez con En...



Una explicación sobre el Concilio Vaticano II, en la que se aclara su importancia, y la importancia para la Iglesia actual y del futuro próximo.