Al final Monseñor fué contactado por numerosos fieles y sus familias para pedirle su bendición y tomarse algunas fotografías en compañía de él. Las gráficas que ilustran esta nota testimonian esos gratos momentos de nuestra vida parroquial.
domingo, 30 de mayo de 2010
CONCLUYE VISITA PASTORAL
Al final Monseñor fué contactado por numerosos fieles y sus familias para pedirle su bendición y tomarse algunas fotografías en compañía de él. Las gráficas que ilustran esta nota testimonian esos gratos momentos de nuestra vida parroquial.
sábado, 29 de mayo de 2010
SEMINARIO SOBRE PASTORAL DEL MUNDO DEL TRABAJO
Este evento al cual concurren 30 laicos comprometidos de distintas parroquias de esta Zona Pastoral, entre ellos San Cipriano representada por Stella de Roldán y Héctor León, está dirigido por la Trabajadora Social Sandra Gómez Mendoza y participan como expositores Virginia Roncallo de la Parroquia San Manuel Morales y Carlos David Duitama, Ingeniero Industrial de la parroquia de Nuestra Señora del Campo.
La Pastoral del Mundo del Trabajo es un novedoso tema que ha abordado esta Zona Pastoral, para formar laicos interesados y comprometidos en esta rama del servicio al prójimo.
La evangelización tarea principal de la Iglesia se realiza en tres dimensiones: profética, litúrgica y social. Esta última dimensión cuenta con varias pastorales: de movilidad humana, penitenciaria, de la tercera edad, pan compartido, salud y parroquia hermana. El mundo del trabajo es una nueva pastoral que contribuye a dignificar al ser humano en todas sus dimensiones y requiere de un trabajo en equipo de laicos e Iglesia.
En la foto Virginia Roncallo
En esta primera sesión los participantes identificaron la estructura orgánica arquidiocesana. Se hizo una aproximación al estudio de la Doctrina Social de la Iglesia y se hicieron trabajos de grupo con documentos relacionados con el papel de los laicos en las actividades pastorales. Se hicieron varias reflexiones con fundamento en la Palabra relacionadas con el tema. Algunas de las citas bíblicas que ocuparon el discernimiento de los participantes son: 2 Tes 3, 10; St 5,4; Mc 8, 36, Mc 5,3; Gen 2,2; Gen 2,15; Gen 3, 17-19; 1 Cor 3,9 y Mt 25,22.
La Pastoral del Mundo del Trabajo es un tema en continua evolución, por el que se intenta responder desde el Evangelio a las nuevas realidades sociales en constante cambio. Se espera al final del Seminario contar con nuevas herramientas para hacer una pastoral que incluya las necesidades de los que sufren.
domingo, 23 de mayo de 2010
¡SE INICIO LA VISITA PASTORAL!
sábado, 22 de mayo de 2010
VIGILIA DE PENTECOSTES 2010
En esta importante celebración de nuestra fe, participaron representantes de todos los grupos pastorales de la Parroquía, entre los cuales se destacaron los Ministerios de Música, el nuevo Ministerio de Danzas "David danzaba" bajo la coordinación de Marcela Ávila Páez, las Pequeñas Comunidades, los Ministros de la Eucaristía, los Ministros Lectores, la Comunidad de Oración, la Pastoral Social, los Catequistas y una importante participación de jóvenes en proceso de formación.
Tal como se puede apreciar en las fotografias que acompañan esta nota, la Vigilia se efectuó después de la misa de las 6 de la tarde y se inició con un mmento de Adoración Eucarística, el cual estuvo acompañado de cantos, danzas y oración comunitaria.
Posteriormente, se hizo una presentación de los distintos Dones del Espíritu Santo: Don de Ciencia, Don de Consejo, Don de Inteligencia, Don de Fortaleza, Don de Piedad, Don de Sabiduría y Don de Temor de Dios. En dichas presentaciones afloraron también los Frutos del Espíritu Santo así:
Caridad, Gozo, Paz, Paciencia, Longanimidad, Bondad, Beninidad, Mansedumbre, Fe, Modestia, Continencia y Castidad.
Al final de la Vigilia en la cual el Padre Pompilio hizo imposición de manos a numerosos partipantes, se distribuyó por parte de los jóvenes un delicioso canelazo y galletas.
viernes, 21 de mayo de 2010
La Teología del Cuerpo
ROMA, jueves 20 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Por el interés del tema, publicamos la Lectio magistralis pronunciada por monseñor Jean Laffitte, Secretario del Consejo Pontificio para la Familia, en la Facultad de Bioética del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, el pasado 22 de abril.
El cuerpo humano y sus significados
Quisiera comenzar esta intervención mía con una primera observación sobre el título elegido: “Teología del cuerpo”. Verdaderamente la expresión es paradójica. El discurso sobre Dios, teo-logía, se refiere a la persona humana considerada en su totalidad y no sólo en una dimensión de su ser, aquí, el cuerpo. Por tanto, cuando se habla de teología del cuerpo, es necesario entender desde el principio en qué acepción se entiende la palabra cuerpo. Se trata de toda la persona humana, considerada en su dimensión corpórea.
Hablamos así de un cuerpo animado, cuyos fenómenos pueden ser estudiados en el campo de varias ciencias: fisiología, anatomía, todos los sectores de las ciencias biomédicas. No es en este restringido sentido fisiológico como la palabra cuerpo debe ser entendida en nuestra perspectiva. De hecho, el cuerpo humano tiene otros significados. En la medida en que hace presente y visible a toda la persona humana, es portador de valores simbólicos: el cuerpo es la modalidad en la que la persona se hace presente. Cada persona se deja contemplar en su cuerpo; el cuerpo es único, singular, personal. Es ciertamente una realidad carnal. Con todo, está animado no de la forma en que un robot estaría animado por movimientos mecánicos y estereotipados, sino de un modo tal que será en seguida identificado como el cuerpo de esta persona precisa. En este sentido, todos los cuerpos son distintos, porque las personas son distintas.
Si nos queremos limitar a la antropología de San Pablo, como la encontramos expresada por ejemplo en la primera carta a los Tesalonicenses, donde el Apóstol se refiere al hombre “todo entero espíritu, alma y cuerpo” (1 Ts 5,23), vemos que una realidad invisible, indicada por los dos términos “alma” y “espíritu”, sobre los que diremos luego algo, se completa con un dato material, visible, expresado por la palabra “cuerpo”. Como lo hizo observar justamente Denis Biju-Duval [1], esta antropología no debe oponerse a la clásica distinción entre alma y cuerpo, más familiar a los espíritus occidentales.
Según este autor, las dos antropologías (alma-cuerpo y espíritu-alma-cuerpo) han sido opuestas artificialmente, sustantivando los términos semíticos, expresados en la Biblia en forma de adjetivos: lo espiritual (pneumatikos), lo psíquico (psychikos). Las realidades espiritual y psíquica remiten a la interioridad del hombre, al corazón, lugar simbólico tanto de la decisión (espiritual) sea de los sentimientos y de la afectividad (psíquica).
La interioridad del hombre se comprende sólo en la tensión con su exterioridad. La carne expresa lo que de algún modo sucede en el corazón del hombre. Esto es tan cierto que, para designar la realidad interior del hombre, se usan a menudo símbolos e imágenes inspiradas en la exterioridad (además del lenguaje espacial, como para el binomio interior-exterior, encontramos elementos orgánicos, el “corazón”, el “aire puro”, las “vísceras”, o incluso elementos naturales, hablando del corazón como de una “tierra fértil” o “estéril”, como de un templo”, de una casa, etc.).
Además de esta función de revelar algo escondido, el cuerpo tiene el papel de mediar entre el hombre y el mundo. Existe una cierta ambigüedad del cuerpo en la medida en que se encuentra por así decirlo a medio camino entre un objeto recibido (Körper) y un hecho asumido (Leib), entre, si queremos, el haber y el ser: “tengo” un cuerpo que me causa sufrimiento o placer, pero al mismo tiempo, “soy” un cuerpo, de forma que quien ataca o hiere mi cuerpo ataca o hiere a toda mi persona. Soy mi cuerpo. Mi cuerpo exige naturalmente respeto.
Me parece que las distinciones hechas ayudan a entender que la palabra “cuerpo” es una realidad compleja. Queda ahora algo que decir sobre el otro término de nuestro título, “teología”.
El cuerpo tiene un valor teológico por tres motivos fundamentales:
- El primero es el hecho de que ha sido querido por Dios y creado por él. Esta observación implica necesariamente que es portador de algunas finalidades intrínsecas.
- El segundo motivo es que Dios ha elegido el cuerpo humano como mediación para revelarse a los hombres: es el dato de la Encarnación. El Verbo se hizo carne.
- A estos dos elementos, Creación y Encarnación, debe añadirse un tercero, la Resurrección, que se refiere al destino final del cuerpo humano; es un dato que especifica la fe cristiana: la resurrección de los cuerpos. A pesar de su crecimiento, sus sufrimientos, su envejecimiento hasta la muerte, y su descomposición orgánica, el cuerpo humano está destinado a resucitar. En una visión de fe, este dato ha sido acreditado por el acontecimiento histórico fundamental que ha sido la resurrección de Jesús de entre los muertos.
Es sobre la base de este acontecimiento que el cristiano cree verdaderamente que habrá una resurrección de los muertos; un acontecimiento fundamental para él y para todos los hombres, que serán integrados a la fuerza del Resucitado. Podríamos en otro lugar profundizar en el hecho de que la resurrección del cuerpo, lejos de ser una creencia irracional, se funda al contrario en la eminente coherencia de la fe, expresada en este campo por el destino común entre el cuerpo de cada bautizado y el cuerpo del Señor resucitado.
Es imposible fundar una “teología del cuerpo” sin integrar la certeza de la resurrección. Nos ayuda en este sentido el texto esencial d san Pablo en la primera carta a los Corintios: “El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder (1 Cor 6, 13-14). En el contexto d una enseñanza sobre el uso equivocado y pecaminoso del cuerpo que es la fornicación, el Apóstol saca las consecuencias morales de esta forma: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo! ¿O no sabéis que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está dicho: Los dos se harán una sola carne. Más el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él (1 Cor 6, 15-17).
En verdad, para ser completos, deberíamos prolongar la lectura de san Pablo, en particular recordar estas dos ideas secundarias de que el cuerpo es “templo del Espíritu Santo”, y de que el hombre ya no se pertenece, desde el momento en que ha sido “comprado a caro precio por el Señor”. El caro precio ha sido el del Calvario, de la pasión y de la muerte de Jesús en el leño de la cruz.
Para resumir en pocas palabras estos fundamentos de la “Teología del cuerpo”, es necesario no olvidar ninguno de los elementos apenas evocados: creación del hombre por Dios y por tanto creación de su propio cuerpo, asunción del cuerpo humano del cuerpo humano por el Hijo eterno del Padre, resurrección de Jesús y resurrección de los hombres en su persona, presencia del Espíritu de Dios como en un templo, dando al cuerpo humano una dignidad excelsa.
sábado, 15 de mayo de 2010
Sin un "no" a algunas cosas no hay un "sí a la vida verdadera"

sábado, 24 de abril de 2010
ENCUENTRO DE MARIA CON EL JESÚS RESUCITADO
Era la madrugada del 4 de Abril cuando nos disponíamos a participar de la procesión del Jesús Resucitado en la población de Soledad. Hacía más de 30 años que yo no asistía a una ceremonia de esta naturaleza en una ciudad cuya cultura está arraigada al folclor, a las puertas abiertas y a la alegría contagiosa que emana de todos los rincones.Nosotros acompañamos, junto con una gran muchedumbre, a la imagen del Jesús Resucitado que era llevada en hombros por los “Caballeros de Cristo” perfectamente vestidos con sus atavíos que los distinguían y amenizaban la procesión con cánticos y un Rosario que todos rezábamos con devoción.
Calles adelante, a lo lejos, se escuchaban la música y los cantos que entonaban los acompañantes de la imagen de la Virgen María que se acercaban desde un lugar llamado “La Célula” al sitio establecido para el encuentro con el Jesús Resucitado.
El encuentro fue algo característico de la idiosincrasia caribeña; la “banda papayera” tocaba fandangos y las imágenes “se movían sincronizadamente” dando la impresión que danzaban al son de la música; eran los hombres que cargaban a Jesús y las mujeres que cargaban a María que bailaban alegremente y contagiaban a toda la multitud que los acompañaba. Nunca había visto algo tan maravilloso donde se sumaba el folclor, la alegría y la emoción por el Jesús Resucitado y el sentimiento de Espiritualidad que contenía este acontecimiento religioso.
Es posible que una mirada ligera de algunas personas de religiosidad acartonada asimile esta celebración a un rito algo pagano y no sea bien comprendido.
Este episodio ha hecho que reflexione y medite sobre el término inculturación referido al Evangelio e introducido por el papa Juan Pablo II en el lenguaje oficial de la Iglesia y que contempla una encarnación del Evangelio en la diversidad de lenguas, costumbres, y tradiciones a lo largo del mundo. Ya San Pablo lo había hecho para las comunidades griegas y gentiles y mas tarde Orígenes y San Agustín hicieron inteligible la esencia del Evangelio a las culturas predominantes de su época.
Siendo mi origen costeño yo ni comprendía ni acogía la expresión del padre Lineros cuando decía: “El Man está vivo” pero ahondando en el tema de la INCULTURACION, me atrevería a señalar que aunque en un principio se aplicó para las diferentes culturas existentes en el mundo y que se requerían evangelizar; es posible acuñarlo a una comunidad parroquial cuando se va a misionar; ya que habría que tener mas conocimiento del entorno familiar al cual se les va a llevar el mensaje. No es una tarea fácil pero no imposible, se tiene la misma fe pero la cultura y la forma de vivirla pueden ser diferentes.
Que Dios nos ayude a entender esta Nueva Evangelización que es la Encarnación del Señor en la cultura del hombre.