domingo, 25 de noviembre de 2012

¿Quién o qué dirige mi vida?


Hemos llegado a la semana 34 del tiempo litúrgico ordinario, en cuyo primer día, domingo, celebramos la festividad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.  Esta celebración fue establecida por el Papa Pio XI en el año 1925, buscándose con ella que todo el mundo católico tuviera muy presente que quien dirige la Iglesia es Jesucristo Rey, principio y fin de todo lo creado, Verbo de Dios, que mediante su Palabra Dios lo hizo todo,  único y verdadero Señor sea Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 
Para comprensión de lo anterior vale la pena recordar las palabras de Jesús a sus discípulos en el evangelio de San Juan 14, 8 – 9:   Le dice Felipe (a Jesús): Señor muéstranos al Padre y nos basta. Le dice Jesús: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre.”

 Igualmente, recordemos el numeral 691 del Catecismo de la Iglesia Católica cuando nos dice:

Espíritu Santo, tal es el nombre propio de Aquel que adoramos y glorificamos con el Padre y el Hijo. La Iglesia ha recibido este nombre del Señor y lo profesa en el bautismo de sus nuevos hijos (Cf. Mateo 28,19)”.  Lo anterior se explica igualmente en el numeral 245 del Catecismo, cuando afirma que: “..el origen eterno del Espíritu Santo está en conexión con el del Hijo: el Espíritu Santo que es la tercera persona de la Trinidad, es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo” (Cc. De Toledo XI, año 675: DS 527). El Credo del Concilio de Constantinopla (año 381) confiesa: Con el Padre y el Hijo reciben una misma adoración y gloria” (DS 150).

Sin demérito  de lo anterior, en esta festividad nos referimos a la Persona de Jesús por cuanto San Pablo  en Colosenses 1, 15 refiriéndose al Primado de Cristo  nos dice “Él es imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación”.

Cristo es el Rey del universo y de todos los hombres, sus hermanos. Es el Rey de todo lo creado, porque somos igualmente –en la unidad de la Santísima Trinidad- sus creaturas. Es decir, Él es nuestro Dueño y Señor. Pero su reino no procede de este mundo y debido a esto no podemos concebirlo o entenderlo con las medidas que medimos a nuestros gobernantes. El Reino de Cristo es el reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz. Nada más distinto a los incoherentes y lamentables modelos de gobierno que hacemos los hombres y que padece la humanidad entera, por no seguir los valores anunciados en los Evangelios.

La ocasión de esta celebración nos motiva a preguntarnos: ¿Realmente es Jesucristo el que reina, el que dirige mis pensamientos, mis sentimientos, mi inteligencia, mi conciencia, mi trabajo, mi familia, mi vida social?

La vida cotidiana de los seres humanos es una sucesión permanente de grandes y pequeñas decisiones, que se manifiestan en todos y cada uno de nuestros actos. ¿Quién o qué dirige mis actos? ¿Quién o qué inspira y motiva todo lo que hacemos?  Acaso las respuestas a estas preguntas son el dinero, la búsqueda de poder o influencia sobre los demás, la indiferencia por las necesidades de otros y la priorización de mi satisfacción personal?  O en caso contrario, nuestros motivadores son la verdad, la justicia, el amor, el perdón y la paz?

Una respuesta interior sincera a estos interrogantes nos revela de inmediato qué tan cerca estamos de asumir el reinado de Jesús en nuestras vidas. Aquí no hay lugar a engaños o apariencias ante “quien todo lo ve”.  Recordemos el Salmo 139 (138):

Tú me escrutas, Yahvé, y me conoces;
sabes cuándo me siento y me levanto,
mi pensamiento percibes desde lejos;
de camino o acostado, tú lo adviertes,
familiares te son todas mis sendas.
Aún no llega la palabra a mi lengua,
y tú, Yahvé, la conoces por entero;
me rodeas por detrás y por delante,
tienes puesta tu mano sobre mí.

Hace pocas semanas recordamos en un evangelio dominical (Marcos 12, 28-31), cómo Jesús resumió los 10 Mandamientos que Moisés recibió de Dios y comunicó al pueblo de Israel, en sólo dos mandamientos esenciales:

Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le pregunto: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús le contesto: El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor,  amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.  

Aquí encontramos la clave para vivir el Reinado de Jesús en nuestro interior, en nuestra vida y nuestras acciones.  Si nos proponemos cumplir estos dos mandamientos, de hecho cumpliremos los 10 mandamientos revelados en el Antiguo Testamento.  ¿Difícil? No hay duda, especialmente cuando reconocemos la poca vivencia de los valores cristianos ahí afuera del lugar en que te encuentras; o lo que es más preocupante.. a veces en tu ámbito familiar más cercano.

Las palabras de Jesús en Juan 12, 44-50, nos iluminan el camino a seguir:

Jesús gritó y dijo: El que cree en mí no cree en mí, sino en Aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a Aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.


 
Ayudas eficaces en este nuevo Reinado y Señorío de Jesús en nuestras vidas, son nuestro acercamiento a la Palabra de Dios (para conocer sus enseñanzas y su Voluntad), acudir a la oración frecuente (comunicación directa con el Señor), acercarnos más a la Iglesia (cuyo magisterio y guía son instrumentos de salvación), practicar la vida sacramental (para configurarnos con Dios Trinidad), practicar la Voluntad de Dios en nuestro trabajo (en el ejercicio cotidiano de nuestra profesión), combatir nuestras debilidades con la ayuda de Dios y crecer haciendo obras en beneficio de los demás (para practicar el amor oblativo que nos enseño Jesús, con su propia vida).

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Videos para el fortalecer el alma (lista de reproducción)



Música católica para fortalecer el alma en las versiones de varios intérpretes conocidos como Son by Four y otros no menos importantes.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Conferencia sobre la Laborem Exercens



Una visión resumida de la Laborem Excercens y la realidad del mundo del trabajo. Un documento inspirador para trabajar en la pastoral obrera.

Cara a Cara Qué es el Concilio Vaticano II Alejandro Bermúdez con En...



Una explicación sobre el Concilio Vaticano II, en la que se aclara su importancia, y la importancia para la Iglesia actual y del futuro próximo.

Presentan la propuesta de conclusiones del sínodo para la Nueva Evangeli...


miércoles, 24 de octubre de 2012

Mons. Rubén Salazar Gómez será nombrado cardenal en noviembre


Efe y AP | Ciudad del Vaticano | Publicado el 24 de octubre de 2012

El papa Benedicto XVI anunció este miércoles que el próximo 24 de noviembre celebrará en el Vaticano un consistorio de cardenales para nombrar a seis nuevos purpurados, entre ellos Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Bogotá.

Rubén Salazar Gómez nació en Bogotá en 1942. Fue ordenado sacerdote en 1967 y en 1992 fue nombrado obispo de Cúcuta, en 1999 arzobispo de Barranquilla y en 2010 arzobispo de Bogotá.

Es el presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana.

"Con gran alegría anuncio que el próximo 24 de noviembre tendré un consistorio en el cual nombraré seis nuevos miembros del Colegio Cardenalicio", dijo el Papa.

Los cardenales "tienen la tarea de ayudar al sucesor de Pedro en el desarrollo de su ministerio y de confirmar a los hermanos en la fe y de ser principio y fundamento de la unidad y de la comunión de la Iglesia", explicó el Vaticano. El Pontífice hizo el anuncio del que será quinto consistorio de cardenales de su pontificado al final de la audiencia pública de los miércoles, ante varias decenas de miles de personas reunidas en la plaza de San Pedro del Vaticano.

El Colegio Cardenalicio está actualmente compuesto por 205 purpurados de los que 116 pueden participar en un eventual cónclave al tener menos de 80 años.  El resto, 89, como establece la normativa vaticana, aunque no puede entrar en la Capilla Sixtina -lugar de los cónclaves- para elegir papa, sí pueden ser elegidos. De los 116 cardenales electores, 55 fueron nombrados por Juan Pablo II y 61 por Benedicto XVI.

De los de más de 80 años, dos fueron nombrados por Pablo VI, 70 por Juan Pablo II y 17 por Benedicto XVI.

 

La Nueva Evangelización pasa por una parroquia de ''rostro nuevo''


El problema más acuciante: la iglesia centro de una red de pequeñas comunidades

CIUDAD DEL VATICANO, sábado 20 octubre 2012 (ZENIT.org).- En la decimoséptima congregación general, lo debatido en los círculos menores, fue presentado por el relator monseñor Santiago Jaime Silva Retamales, obispo titular de Bela, auxiliar de Valparaíso, Chile, secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), cuya sede está en Colombia. En el tercer punto de su intervención, señaló una idea clave: “La Nueva Evangelización pasa por una parroquia de 'rostro nuevo', capaz de acompañar en la fe y en el mundo personal y afectivo a la gente, de lo que más se carece hoy en nuestra sociedad”; “quizás el problema más acuciante (...de la Nueva Evangelización es la constitución y acompañamiento de estas pequeñas comunidades eclesiales

Identidad teológico-pastoral de la Nueva Evangelización

Hay que plantearse la pregunta acerca de por qué una Nueva Evangelización. Si es “nueva”, entonces, ¿qué ha perdido el pueblo cristiano?, ¿qué, como Iglesia, no hemos sabido ofrecerle? Insistimos en el fundamento pneumatológico de la Nueva Evangelización y éste, en estrecha relación con la cristología y la antropología. No es posible realizar la Nueva Evangelización sin abrirse a la acción del Espíritu Santo y a su gracia, pues Él es quien otorga los carismas para el anuncio de Jesucristo y el servicio a la sociedad como discípulos de Jesús. El Espíritu es quien hace realidad la alegría y el gozo con el que hay que evangelizar.

Sin una eclesiología, es decir, sin un modo de auto comprensión y de ser y estar en el mundo contemporáneo que profundice la enseñanza del Concilio Vaticano II, la Iglesia no podrá empeñarse en una Nueva Evangelización. Es fundamental definir la relación “Iglesia-mundo actual”. De no hacerlo, seguiríamos dando la impresión de “institución”, y no de asamblea reunida en torno a Jesucristo, donde todo lo humano tiene cabida. Es esta comunidad de fe y de discípulos misioneros al servicio del mundo (diakonia), la que recibió la misión de anunciarlo.

Una conveniente eclesiología va de la mano con un profundo examen de conciencia de la Iglesia respecto de si misma. No hablamos de Nueva Evangelización sólo porque los otros han cambiado. Es hora de preguntarnos: ¿qué pecados tiene la Iglesia que nos han llevado a una Nueva Evangelización? Un status questionis [estado de la cuestión] sobre la Iglesia en si misma y su lugar en el mundo es imprescindible a la hora de una Nueva Evangelización.

La comunión es la fuente y el fruto de la Nueva Evangelización, porque Dios trino, de quien procede la Iglesia y a quien la Iglesia tiene que anunciar, es relación y comunión y, además, porque hoy vivimos en una sociedad particularmente individualista. Esta comunión trinitaria es la que hace realidad la comunión efectiva entre nosotros y es de aquí de donde debe brotar la misión. Esto también es esencialmente trinitario.

Centralidad de la Palabra de Dios en la Nueva Evangelización

La historia de la Salvación son palabras y obras de Dios en diálogo con las realidades humanas para ofrecer la salvación, iniciativa y don divino. En la plenitud del tiempo, Dios se reveló por su Palabra eterna que se hizo carne (Jn 1,14). La Palabra llena de vida y verdad que la Sagrada Escritura contiene es el contenido del anuncio y, por lo mismo, de la Nueva Evangelización. Por esta razón, la Palabra de Dios encarnada es fuente de Nueva Evangelización, y no sólo en cuanto contenido, sino también en cuanto método y estilo.

Este Sínodo debiera plantearse en íntima unidad con Verbum Domini mostrando cómo la Palabra de Dios encarnada, consignada en la Sagrada Escritura, es el “puente” entre el misterio divino que queremos anunciar y las realidades humanas cotidianas.

Algunos contenidos, sujetos, destinatarios y estilo de la Nueva Evangelización

La fuente de la Nueva Evangelización es Dios Trino. Quién evangeliza es Dios Padre, quien por amor, conduce su designio salvador para la humanidad; es Dios Hijo, quien con su misterio pascual es oferta de gracia y verdad; es el Espíritu Santo, quien hace posible la comunión con Dios salvador en el seno de la Iglesia y el corazón de los creyentes; el Espíritu es quien acompaña y sustenta a los evangelizadores.

La Nueva Evangelización tiene por contenido el anuncio por la palabra y el testimonio de Cristo Resucitado, vivo, cercano, fuente de amor. Este anuncio y testimonio tiene que llevar al encuentro personal con Él y, en Él, con el Padre.

La familia es un ámbito de primera importancia cuando se piensa en qué hay que evangelizar (destinatario), pero también cuando se piensa en quién tiene que evangelizar (sujeto). Dentro de la familia, los niños son los primeros destinatarios de la evangelización de padres evangelizados.

Es indispensable valorar y fortalecer la labor de los catequistas y de la catequesis. Con catequistas bien formados se puede desarrollar una catequesis que se entienda y practique como proceso de discipulado, es decir, como una real experiencia de fe en el seguimiento del Señor.

Para este proceso se requieren formas inteligibles (lenguajes) de dirigirse a la gente de hoy considerando sus anhelos y culturas.

Sin la función evangelizadora de los fieles laicos en su ámbito propio, que es la gestión de la vida familiar, social, política, económica y cultural, no habrá Nueva Evangelización. Pero éstos requieren una formación integral y el reconocimiento efectivo de que son corresponsables en la tarea del Reino. La vocación y misión de los laicos requiere una profunda reflexión sobre la valencia teológica de la secularidad, de su inserción en el mundo, sobre todo en los nuevos areópagos, y de su participación en la Iglesia. Al respecto, habría que revisar qué servicios eclesiales habría que confiar a los laicos teniendo en cuenta la Nueva Evangelización y los nuevos escenarios.

El estilo de la Nueva Evangelización es un testimonio alegre, atrayente y audaz de la fe; por tanto, el nuevo estilo de evangelizar no se caracteriza por “imponer”, sino por “atraer”.

Evangeliza una Iglesia pobre que renueva su opción por los pobres y marginados, como Cristo Jesús, pues ellos, son destinatarios privilegiados de la salvación. “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

El lenguaje, como mediación para comunicar la Buena Nueva de Jesucristo, requiere una atención especial. Se hace necesario un examen de conciencia sobre nuestro uso del lenguaje y si somos capaces o no de expresarnos en un mundo donde hay nuevos lenguajes. Nuestro lenguaje peca de clericalismo.

La renovación de la Iglesia particular y, en ella, la renovación de la parroquia, para replantearla como casa y escuela de comunión, lugar eclesial de espiritualidad y donde se aprende la comunión y la corresponsabilidad en la misión de la Iglesia, con mayor razón hoy, cuando se diluye la persona y aparece el individuo o la masa. La Nueva Evangelización pasa por una parroquia de “rostro nuevo”, capaz de acompañar en la fe y en el mundo personal y afectivo a la gente, de lo que más se carece hoy en nuestra sociedad. Las parroquias debieran ser una red de comunidades eclesiales que, en sus concretos contextos, sustenten la fe en Cristo Jesús y su seguimiento y, por lo mismo, el crecimiento en la dimensión humana integral. Estos “cuerpos eclesiales” (las parroquias y sus comunidades) son los llamados a mostrar al Señor resucitado, que da vida y sentido a la existencia. Quizás el problema más acuciante de la Nueva Evangelización es la constitución y acompañamiento de estas pequeñas comunidades eclesiales.