sábado, 9 de enero de 2010
VIDA DE LAS PEQUEÑAS COMUNIDADES
Todas las comunidades y grupos eclesiales darán fruto en la medida en que la Eucaristía sea el centro de su vida y la Palabra de Dios sea faro de su camino y su actuación en la única Iglesia de Cristo.
Las pequeñas comunidades pueden llegar a ser una gran fuente de vitalidad en la Iglesia latinoamericana cuando se mantienen en comunión con sus obispos y se insertan en la vida de las parroquias, teniendo a la Eucaristía como centro y la Palabra como alimento. Cuando surgieron las Comunidades eclesiales de base, tristemente algunas de ellas se vieron infiltradas por ideologías marxistas y muchos partidos políticos vieron en ellas una oportunidad de multiplicar esfuerzos fácilmente y de tergiversar el Evangelio en ideología.
Por estas razones Aparecida nos dice: “Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración eclesial y foco de fe y evangelización. Puebla constató que las pequeñas comunidades, sobretodo las comunidades eclesiales de base, permitieron al pueblo acceder a un conocimiento mayor de la Palabra de Dios, al compromiso social en nombre del Evangelio, al surgimiento de nuevos servicios laicales y a la educación de la fe de los adultos, sin embargo también constató que no han faltado miembros de comunidad o comunidades enteras que, atraídas por instituciones puramente laicas o radicalizadas ideológicamente, fueron perdiendo el sentido eclesial” (DA 178). Ante ésta pérdida del sentido eclesial, Aparecida aporta como solución: “Manteniéndose en comunión con su obispo e insertándose al proyecto de pastoral diocesana, las CEBs se convierten en un signo de vitalidad en la Iglesia particular” (DA 179).
Las CEBs no deben considerarse a sí mismas una iglesia paralela, sino insertarse en la única y verdadera Iglesia. Deben mirar más allá de sus fronteras, más allá de su pequeñez, proyectándose parroquial, diocesana y universalmente. Esa mirada creará un equilibrio, y un equilibrio de comunión, porque la CEB verá en la parroquia a la comunidad mayor que la congrega junto a otras comunidades y movimientos, verá en el Obispo a su pastor particular, verá en el plan pastoral diocesano líneas de acción que la involucran, y verá en la Iglesia universal al Cuerpo de Cristo del cual forma parte, un Cuerpo inmenso, con muchos miembros, diverso y único, múltiple y unido. Esa mirada que la quita de sus fronteras en pos de la comunión, hará que su vitalidad intrínseca se comparta y se contagie, se regale como don, se comunique.Hay un punto que destaca Aparecida: “Las comunidades eclesiales de base, en el seguimiento misionero de Jesús, tienen la Palabra de Dios como fuente de su espiritualidad” (DA 179).
Las Escrituras son centro y motivo de congregación para estas pequeñas comunidades, porque en torno a la Biblia comparten la cotidianeidad, la confrontan con la Palabra, se dejan iluminar, se dejan examinar, escuchan a Cristo y le responden desde la oración comunitaria. En la Palabra, las pequeñas comunidades no se desentienden del mundo que está fuera de la casa donde se reúnen, sino todo lo contrario, unifican Palabra y vida, encarnan las Escrituras como el Verbo también se hizo carne. Son Iglesia que, alimentada del Maestro, concretan su misión en el mundo del trabajo, en la familia, en las amistades, en los momentos de ocio, en las instituciones sociales, en la política, en la cultura misma. La Palabra es para las CEB la alegría actual de ser discípulos misioneros.
La relación tan íntima que forjan estas pequeñas comunidades con la Biblia no les permite separar, luego, el discipulado de la misión; escuchan al Maestro y anuncian lo que han escuchado. La misma comunidad, como grupo que se reúne entre vecinos, es foco de luz para su barrio, es la Verdad de la Palabra que se manifiesta entre los hombres y mujeres. Son comunidades vivaces y dinámicas cuando se mantienen en comunión con los obispos e insertos en la pastoral diocesana, porque en la Eucaristía y en la Palabra de Dios encuentran la Buena Nueva de la vida plena, la vida abundante, el manantial de la vida en Cristo.
Autor: Leonardo Biolatto.
viernes, 8 de enero de 2010
El discípulo misionero ¿solitario?
En noviembre pasado, el Director del periódico El Catolicismo, publicó el interesante artículo que transcribimos a continuación, bajo el título "El discipulado misionero ¿solitario?", que en el marco de reflexión de Aparecida nos señala un valor indiscutible de orden pastoral y misionero a las Pequeñas Comunidades Parroquiales.
A través de la Historia de la Iglesia encontramos la figura de misioneros intrépidos y audaces que solos han evangelizado regiones enteras. Aparecida hace énfasis en la experiencia primitiva de las comunidades cristianas y señala que la respuesta a la evangelización sigue el caminar cristiano en comunidad, es decir, un discipulado comunitario. La pastoral, no puede ser sino comunitaria y para la comunión misionera, pues esta es nuestra identidad más profunda, la esencia de la Iglesia.“No puede haber vida cristiana sino en comunidad: en las familias, las parroquias, las comunidades de vida consagrada, las comunidades de base, otras pequeñas comunidades y movimientos. Como los primeros cristianos, que se reunían en comunidad, el discípulo misionero participa en la vida de la Iglesia en el encuentro con los hermanos, viviendo el amor de Cristo en la vida fraterna solidaria”.Nuestra prioridad pastoral será, favorecer y cuidar la construcción y la vida de las pequeñas comunidades cristianas, que son como la célula de la gran comunidad y el ámbito primero y natural para vivir todas las dimensiones de la existencia cristiana.La comunidad cristiana es un grupo pequeño y estable de personas evangelizadas, centradas en Jesucristo y animadas por el Espíritu, que viven el seguimiento de Jesús en fraternidad, en la escucha de la Palabra y en la oración, celebran gozosamente la vida y la fe en la Eucaristía y los sacramentos, comparten lo que son y lo que tienen, corresponsables desde los carismas y ministerios, siempre dispuestos a anunciar la Buena Nueva, comprometidos por el Reino y por acercarlo a los pobres y excluidos, buscando la transformación evangélica del mundo“Según la experiencia pastoral de Aparecida, muchas veces, la gente auténtica que sale de nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos ‘no católicos’ creen, sino fundamentalmente, por lo que ellos viven; no por razones doctrinales, sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por problemas teológicos, sino metodológicos de nuestra Iglesia. Esperan encontrar respuestas a sus inquietudes.Buscan, no sin serios peligros, responder a algunas aspiraciones que quizás no han encontrado, como debería ser en la Iglesia”.Para enfatizar el discipulado comunitario en nuestra Iglesia debemos ofrecer a todos nuestros fieles un “encuentro personal con Jesucristo”, una experiencia religiosa profunda e intensa y el testimonio personal de los evangelizadores que lleve a una conversión personal y a un cambio de vida integral.
Nuestros fieles buscan comunidades cristianas en donde sean acogidos fraternalmente, se sientan valorados, visibles y eclesialmente incluidos. Es necesario que nuestros fieles se sientan realmente miembros de una comunidad eclesial, y corresponsables en su desarrollo.Junto con una fuerte experiencia religiosa y una destacada convivencia comunitaria, nuestros fieles necesitan profundizar el conocimiento de la Palabra de Dios y los contenidos de la fe, ya que es la única manera de madurar su experiencia religiosa. En este camino, acentuadamente vivencial y comunitario, la formación doctrinal no se experimenta como un conocimiento teórico y frío, sino como una herramienta fundamental y necesaria en el crecimiento espiritual, personal y comunitario.
sábado, 2 de enero de 2010
GRATITUD Y ESPERANZA: ACEPTACION DEL SER HUMANO Y DEL DON DE DIOS
(Pablo escribió:) "Por eso no nos desanimamos. Pues aunque por fuera nos vamos deteriorando, por dentro nos renovamos día a día. Lo que sufrimos en esta vida es cosa ligera, que pronto pasa; pero nos trae como resultado una gloria eterna mucho más grande y abundante. Porque no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve, ya que las cosas que se ven son pasajeras, pero las que no se ven son eternas.
Nosotros somos como una casa terrenal, como una tienda de campaña no permanente; pero sabemos que si esta tienda se destruye, Dios nos tiene preparada en el cielo una casa eterna, que no ha sido hecha por manos humanas. Por eso suspiramos mientras vivimos en esta casa actual, pues quisieramos mudarnos ya a nuestra casa celestial; así aunque seamos despojados de este vestido, no quedaremos desnudos. Mientras vivimos en esta tienda suspiramos afligidos, pues no quisieramos ser despojados, sino más bien ser revestidos de tal modo que lo mortal quede absorbido por la nueva vida. Y Dios es quien nos ha impulsado a esto, pues nos ha dado el Espíritu Santo como garantía de lo que hemos de recibir.
Por eso tenemos siempre confianza. Sabemos que mientras vivamos en este cuerpo estaremos como en el destierro, lejos del Señor. Ahora no podemos verlo, sino que vivimos sostenidos por la fe; pero tenemos confianza y quisieramos más bien desterrarnos de este cuerpo para ir a vivir con el Señor. Por eso procurams agradar siempre al Señor, ya sea que sigamos viviendo aquí o que tengamos que irnos. Porque todos tenemos que presentarnos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponsa, según lo bueno o lo malo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo. (2 Cotintios 4. 16-18 - 5. 1-10)
Reflexión personal: ¿Qué razones tengo para desalentarme? ¿Hacia dónde me conduce el desaliento?
"Antes de quejarse, hay que llegar hasta donde permitan las fuerzas" Santa Teresita.
Dice el salmista: "Mi esperanza he puesto en Dios, a quien todavía seguiré alabando. ¡Él es mi Dios y Salvador!" (Salmo 42.11) Esta es la fórmula. ¡No más desanimo!
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Una homilía para reflexionar
Queridos hermanos, querido Padre Frey:
Jesús como hijo, delante de su familia fue respetuoso, pero también fue libre para hacer solo la voluntad de su Padre, de su Abbá del cielo. Y sus padres ante el misterio de la nueva generación, procuran ayudarlo en su formación y educación. Pero cuando no entienden los hechos, procuran comprender guardando todo en el corazón.
¿Será queridos hermanos, que nosotros como padres a imagen de la familia de Nazareth entendemos a nuestros hijos y los proyectamos en la vida? O cuando alcanzan su madurez y tienen criterios propios, nos volteamos contra ellos… o simplemente los ignoramos?
Recordemos que también la comunidad cristiana bebe y se alimenta del modelo de familia y lucha por implementar la fraternidad y el reconocimiento de sus miembros como hermanos hermanas. Porque la fraternidad es el estilo de la Comunidad de Jesús.
¿Será queridos hermanos que nosotros como miembros de la comunidad eclesial, somos sacramento de la familia de Nazareth? O simplemente somos portadores de desunión, de egoísmos, portadores de angustias y desesperanzas. Esto, queridos hermanos, es lo que se vive en muchas comunidades eclesiales.
Hermanos, hoy es el domingo de la Sagrada Familia de Nazareth. El Niño Jesús, María y José constituyen la primera familia cristiana que ofrece hoy estímulos concretos de vida a nuestros hogares. Por eso en la primera lectura del libro del Eclesiástico, Dios quiere que los hijos honren a sus Padres. Esta lectura presenta los consejos de un hombre, llamado Ben Sirac, en año 200 A.C. a us hijos. Pues él sabía que el respeto y la veneración de los hijos son agradables a los ojos de Dios y no quedarán sin recompensa y tales hijos serán venerados a la vez por su propia descendencia.
{El sabía que el respeto y la veneración de los hijos hacia sus padres son agradables a los ojos de Dios. Hermanos es que la razón fundamental por la cual los hijos deben honrar a sus padres, está en relación con el orden social decretado por Dios… pues favorece no solo la vida famliar, sino sobre todo el bien de la comunidad y de la sociedad en general. Es por esto que esa actitud “arranca bendiciones de Dios”, expía los pecados y alarga la vida feliz. Despreciar al padre o a la madre, configura una blasfemia contra Dios.
Esto nos lo ratifica el salmo: “Dios acompaña la vida de quien obra bien: el justo será dichoso y para ello Dios lo acompaña también en el futuro.
martes, 22 de diciembre de 2009
A todos nuestros seguidores
martes, 1 de diciembre de 2009
Las Promesas del Señor según el Evangelio de San Mateo, Capítulo 6
La vida espiritual exige indudablemente una vida interior. Nos plantea frecuentemente la necesidad de comunicarnos con Dios en la intimidad de nuestras oraciones, nuestros ruegos, nuestras esperanzas.
En el Capítulo 6 del Evangelio según San Mateo, encontramos unas Promesas del Señor que son una fuente de alegría y esperanza. Sabemos que el Señor cumple todas sus Promesas, pero a veces no las recordamos o conocemos bien. Veamos por ejemplo las siguientes:
La limosna en secreto
“..cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.
La oración en secreto
“.. cuando vayas a orar, entra en tu aposento y , después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto te recompensará”.
La verdadera oración
“Y, al orar no charleáis mucho como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos; santificado sea tu nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación; más líbranos del mal.”
El ayuno en secreto
“.. cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto no por los hombres, sino por tu Padre, que está allí en lo secreto. Y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará.”
El verdadero tesoro
“Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón.”
Abandono en la Providencia
“No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer? ¿Qué vamos a beber? ¿Con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre Celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.”
Llevemos estas Promesas a nuestra mente y nuestro corazón, para hacernos merecedoras de ellas.
martes, 24 de noviembre de 2009
Despedida a dos hermanos que se van...
Como es natural en esta reunión, hicimos lectura y discernimiento de la Palabra de Dios, tomando por orientación del Padre Martín las dos lecturas del Nuevo Testamento correspondientes al próximo domingo. Fué muy lindo y reconfortante las Palabras que nos regaló el Señor a traves de la Carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 3, 12-13 y 4, 1-2.:
Hermanos: Que el Señor los colme y los haga rebosar de amor unos con otros y con todos, un amor como el que nosotros les tenemos. Y les dé así firmeza de espíritu y los haga santos e irreprensibles para que puedan presentarse ante Dios nuestro Padre, cuando vuelva glorioso Jesús, nuestro Señor, con todos sus ángeles.
Por lo demás, hermanos, puesto que ya han aprendido de nosotros que camino hay que tomar para agradar a Dios, les rogamos y suplicamos por el Señor Jesús que sigan haciendo más progresos en ese camino. Ya conocen las instrucciones que les dimos en nombre del Señor Jesús.
Luégo de la proclamación del Evangelio según San Lucas 21, 25-28 y 34-36, el Padre Martin nos hizo una hermosa enseñanza sobre este texto bíblico, con características de exégesis, que nos introdujo al espíritu del Adviento y a la celebración cercana del nacimiento de Jesús. Les deseamos los mejores éxitos a Miguel y Stellita en la nueva misión que el Señor les ha señalado en su nuevo lugar de residencia, quienes nos expresaron su propósito de seguir caminando en la divulgación de la Palabra de Dios, en la conformación de nuevas comunidades y en el trabajo con la Iglesia Católica en la nueva Parroquia a donde llegarán en los próximos días.
En las fotos que acompañan esta nota, algunos aspectos de la grata reunión de la Pequeña Comunidad de Filadelfia. La nueva Responsable de la Comunidad es Piedad Lamus y como Catequistas fueron designadas Magali Blandón y Eugenia Ruiz, la primera y la última de ellas se aprecian en la siguiente fotografia.




