sábado, 19 de mayo de 2012

DECÁLOGO ESPIRITUAL DEL MINISTERIO DE MÚSICA CATÓLICO


Jesucristo Rey de Reyes y Señor de Señores,
a Él, honor y la gloria por los siglos

1.       Adorar al Señor de la música y no a la música del Señor. El músico católico, ha puesto más esfuerzo en los arreglos, ensayos, ritmo, al qué dirá la gente, al gozo que produce la música; olvidando lo más importante: el Señor de la música, el Rey de nuestras vidas, el Rey del universo. La música es solamente un instrumento para acercarnos a Él.

2.       No cantar un canto, si no sale del corazón. No tiene sentido, cantar por cantar, o porque un canto es bonito, porque me gusta o le gusta a la gente y nada más. Tu canto debe salir de lo más profundo de tu corazón. A Dios hay que entregarle lo mejor. Cómo decir “Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor”, y estamos de mal genio o si en lugar de gozar en este momento, de la presencia de Dios, estamos mirando la niña de en frente.

3.       No robar la gloria a Dios, porque sólo a Él le pertenece; a nosotros el trabajo. Muchas personas sólo cantan con la intención de sobresalir, mostrarse o hacerse famosas. El peligro está en que se convierten en el músico o grupo espectáculo, queriéndole robar la gloria a Dios. Cuidado con los ministerios de alabanza que son muy bendecidos, porque son los que más tienen que cuidarse y no dejarse llevar por la vanidad. Todo el honor y honra es para Dios. El Señor exalta a los humildes y no soporta los soberbios. Si tú quieres que te aplaudan o te levanten un monumento, estás equivocado. El ministerio de música debe ser el más humilde, más que el que lava los baños; porque este, es más difícil que caiga en orgullo.

4.       Alabar a Dios, como si hoy fuera tu último día, tu último canto. Es urgente alabar a Dios con todo nuestro sentimiento, porque el ministerio, así lo exige. Recuerda que no sólo es un sentimiento, es el Espíritu Santo que está obrando en nosotros y que por lo tanto, debemos tener una actitud humana que participe. Para Dios, no es necesario que imitemos a otros grupos, de hecho nos hizo diferentes; lo importante es cantarle con el corazón, dejando que el Espíritu Santo fluya en nosotros.

5.       Alabar siempre al Señor con lo mejor, dando lo mejor y mostrando humildad. Podemos conjugar estos dos elementos, dando lo mejor al Señor, prestando un servicio y una alabanza de excelencia con humildad. Para ello, necesitamos una actitud de excelencia como la Virgen María: primero con una gran humildad y segundo haciendo que la comunidad no ponga los ojos en nosotros sino en el Señor. De los grupos de música católica, la comunidad critica que son orgullosos y rebeldes. Recordar que los talentos recibidos, son para llevar al pueblo de Dios a la presencia Jesucristo, así tengamos que cargarlos.

6.       Cantar con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. En este momento el Señor está delante de nosotros, tenemos que entregarle lo mejor y estar de rodillas ante Él. No dejarnos llevar por la emoción, porque nos sale bien un canto o porque nos aplauden y nos felicitan. No olvidar que lo más importante, no es cómo suena tu canto; sino, como sale de tu corazón cuando lo alabas. Dios no escucha lo que dicen tus labios, sino lo que hay en tu corazón. Dios sabe si estás cantando con tu corazón, si realmente estás lleno de su amor o si cantas sólo por compromiso, porque te quieres hacer famoso utilizando la palabra y los misterios de Dios o porque te invitaron.

7.       No olvidar que tú lucha y competencia es contra el reino de las tinieblas. Los ministerios de música no pueden ni deben competir, porque la competencia es contra Satanás. Nosotros somos compañeros y estamos en el mismo lado. La lucha no es contra el grupo al que tú le pediste un favor y no te lo hizo, entonces, tú quedaste enojado. Esto es lo que quiere el enemigo, dividir. Tenemos que olvidar rencores, ofensas y estar unidos haciendo la voluntad del Señor y no nuestra voluntad; de esto tenemos que rendir cuentas al Señor. Recordar que nuestra guerra es espiritual.

8.       No desear, ni el don, ni el instrumento de tu prójimo. Dios tiene un don especial para cada uno. Usar la fortaleza que Dios te ha dado y ve a cumplir la misión. Tú tienes que darle cuenta a Dios de tu vida, tu ministerio y de los dones recibidos. Meditar hasta qué punto, si estás apreciando lo que Dios te dio. Tenemos a nuestra esposa y estamos mirando la mujer del otro. Siempre estamos comparándonos con los demás y Dios mira es nuestro corazón. Somos injustos con Dios cuando nos sentirnos menos que otros, porque despreciamos los dones que Él nos ha dado. Lo que tú no hagas en esta vida, quedará sin hacer por toda la eternidad.  Cántale a Dios con todas tus fuerzas, quizá Dios escuche más tu canto, así sea el más desafinado.

9.       No matar el gozo en ningún hermano con tu anti testimonio. Habrá escándalos, pero hay de aquellos que provoquen el escándalo. No somos perfectos, pero tenemos una responsabilidad ante el pueblo de Dios. Hay de nosotros si escandalizamos a un alma; lo que cuesta traerla a Jesucristo, ahora usted, no puede darse el lujo de espantar el rebaño de Dios, porque haría lo mismo que Caín con Abel, lo mató.  Matamos el gozo de nuestro hermano por ejemplo, con un anti testimonio. Nuestra misión es entregarle a Dios una alabanza que le agrade y matamos el gozo de nuestro hermano, cuando cantamos sin ganas con el ceño fruncido, alegando y reclamándonos nosotros mismos.

10.     No adulterar la alabanza. Cuando no entregamos un sacrificio de alabanza auténtico, estamos adulterando la alabanza. Somos impostores, estamos usurpando un lugar que no nos pertenece. Como ministerios de alabanza, estamos llamados a no quedarnos con nada, todo es de Dios. Hay de ti que quieres gloriarte a ti mismo de la bendición que Dios te ha dado. El honor, la fuerza y el poder le pertenecen a Cristo Jesús y nosotros como hijos de Dios, no vamos a adulterar la alabanza. Toda la alabanza es para Dios.

Colaboración de Marco Tulio Tuberquia
Miembro del Ministerio de Alabanza de la P. de San Cipriano