sábado, 16 de noviembre de 2013

ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL


Por: Juan Antonio Bengoetxea (Diócesis de Bilbao)

INTRODUCCIÓN:            

                Uno de los problemas más complejos a abordar en nuestra sociedad es el del “acompañamiento espiritual” a las personas.

                ACOMPAÑAR es “estar o ir en compañía de alguien”, participando e intercambiando sentimientos, deseos, esperanzas, preocupaciones... Para que este acompañamiento sea “efectivo” es necesario, antes que nada, que nos hayamos metido con profundidad en nuestra propia historia, la hayamos personalizado... Así es más fácil “comunicar la propia interioridad” y “sumergirnos en la de los demás”. Se facilita el diálogo, la escucha, la comprensión..., la esperanza compartida... y se llega a la empatía.

1.- EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL EN GENERAL

                Creo que podemos decir que el “acompañamiento espiritual” es el recorrido que dos o más personas hacemos juntas en el camino de nuestras vidas, ayudándonos:

§  A “descubrir en nuestra interioridad, en lo más íntimo de nuestro ser “los valores humanos que comportamos o poseemos”, ya que la dimensión espiritual es, antes que nada, lo más específicamente humano. Descubrir lo que de armonía, paz, bien, valor, verdad, justicia, amor, ternura, capacidad de diálogo, escucha, respeto, sentido de la vida, conciencia de nuestra dignidad personal... También del sentido último de las cosas y de la misma vida..., de la transcendencia...

 
§  Pero también descubriremos ese otro yo o nosotros/as que se manifiesta en el egoísmo, rencor, desprecio hacia los otros, orgullo, ira, envidia, creernos superiores y que nos bastamos solos... La conversión que nos ha pedido vivir el “texto bíblico” anunciado en la oración que hemos hecho al comienzo, podríamos formularla así: “MIRATE A TI MISMA/O  ANTES DE EMITIR UN JUICIO SOBRE LOS DEMAS”.

§  Así es la complejidad de nuestra personalidad, pero debemos aceptarnos y amarnos como somos, potenciando los valores, lo positivo, lo que nos ayuda al acompañamiento, a convivir y compartir la vida con los demás y, al mismo tiempo, corrigiendo lo negativo para evitar barreras en la relación y acompañamiento. Nunca debemos olvidar que ambos aspectos pertenecen a nuestra vida interior o espiritual. Nos ayudará a ser humildes y auténticos “servidores” de las personas con las que hacemos el recorrido de nuestra vida.

 
§  A descubrir en nosotros la presencia de Dios, la fuerza del Espíritu del Señor Jesús. Y debemos anunciar y compartir con los demás este hecho, esta realidad tan profunda en nuestra vida cristiana.

§  En nuestra historia como personas, en nuestra biografía, en los acontecimientos personales, familiares, laborales, sociales, políticos, eclesiales... tiene lugar el encuentro con el Dios de Jesucristo. La vida, el mundo en que vivimos, nuestras esperanzas y desesperanzas, nuestros logros y fracasos, nuestra salud y enfermedad, nuestros gozos y sufrimientos... no son solo “lugar de encuentro sociológico de Dios con el hombre y la mujer” sino “lugar de encuentro teológico, liberador y salvífico de Dios con nosotras/os, con la humanidad toda”.

2.- EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL AL “ENFERMO”

§  Aquí el acompañamiento tiene un “matiz especial”. Se trata de estar, de ir... “en compañía” de quien camina en su vida “marcado por la enfermedad” y en situación de una gran necesidad de “comunicarse”, de “decir” sobre él o ella, en situación de un deseo profundo de que alguien “empatice” con lo que le ocurre y vive. Esto nos exige ¡escucha, silencios, atención a su comunicación y situación interior y exterior!...

§  Debemos tener presente, y más en nuestra sociedad hoy, en nuestros pueblos (hogares, residencias) y hospitales, que el acompañamiento, el recorrido con personas enfermas y con sus “familias”... lo vivimos con gente cristiana católica, con cristianos/as pertenecientes a otras Iglesias, con gentes de otras religiones e incluso con gente indiferente o no creyente, todos ellos y ellas hermanos/as que sufren. Y debemos acercarnos  a todos y saber acompañarles desde las circunstancias en que viven con amor, cariño, cercanía, respeto... ofreciendo nuestro acompañamiento a todos por igual, sin distinciones.     Detectando sus necesidades y caminando con ellos y ellas, debemos intentar “eliminar el sufrimiento innecesario”, luchar contra el sufrimiento “injusto y evitable”, mitigar en lo posible el sufrimiento “inevitable”... Se trata lograr en nuestro acompañamiento que la persona enferma  “viva de manera digna y apropiada” en relación sana consigo, con su familia..., con los demás, con el mundo...

§  Cuando la enferma/o es cristiana/o que vive la FE en JESUCRISTO de manera más o menos profunda –pero que la vive- debemos ayudarles a descubrir a DIOS presente en su situación de enfermedad, de dolor,  de derrumbamiento moral en muchos momentos, de esperanza  y optimismo en otros, de intuir incluso la cercanía de la muerte... Dios acompaña, padece-con el enfermo/a... Es el servicio que realizamos desde la Pastoral Social y como miembros de la Iglesia, como expresión de “la misión de la comunidad eclesial” que no es otra que la del mismo Jesús: EVANGELIZAR, ANUNCIAR EL REINO DE DIOS”.  Y siempre debemos recordar que tendremos capacidad de evangelizar si dejamos que el Espíritu de Jesús actúe en nosotros, y si primero o al mismo tiempo somos capaces de aceptar que  el enfermo y enferma, su familia... también “nos evangelizan” desde sus valores humanos y desde su fe cristiana...

§  Es acompañar también desde nuestra fe cristiana y desde nuestra condición de discípulas/os de Jesús, comunicando, anunciando de forma explícita y testimonial a Jesús de Nazaret que sana y salva, de tal manera que la persona enferma pueda sentir al resucitado como el gran compañero en su andadura. Para caminar junto al enfermo/a, acompañándole en sus sentimientos, esperanzas, sufrimientos, dolor... desde una presencia acogedora, de escucha, de diálogo, de empatía... debemos hacerlo “en el nombre del Señor” y desde el amor profundo a la persona que sufre..

El que acompaña “no dirige” sino que “camina al lado”; no “impone” sino que “insinúa”; no “aconseja”, sino que “discierne en común”. “QUIEN SABE ACOMPAÑAR  GENERA SALUD.

Nota: En el momento actual en que necesitamos mucho acompañamiento pastoral y espiritual, publicamos la primera parte de este ensayo cuyo texto completo puede conocerse en: