lunes, 22 de febrero de 2010

El Papa presenta la Cuaresma como 40 días para volver a Dios

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 21 febrero 2010 (ZENIT.org).- Benedicto XVI propuso este domingo el tiempo litúrgico de la Cuaresma como una oportunidad para volver a dar el lugar que Dios se merece en la propia vida.


En el tradicional encuentro de mediodía con miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice presentó estos cuarenta días como una "competición" espiritual en la que el creyente debe aprender a utilizar tres armas de la fe: "la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la penitencia". Hablando desde la ventana de su estudio, el Santo Padre meditó sobre el pasaje evangélico de la liturgia de ese domingo, en el que Lucas (4,1-13) narra las tentaciones de Jesús en el desierto.

"Es evidente la insistencia en que las tentaciones no fueron un accidente de camino, sino la consecuencia de la opción de Jesús de seguir la misión confiada por el Padre de vivir plenamente su realidad de Hijo amado, que confía plenamente en Él".



"Jesús vino al mundo para liberarnos del pecado y de la fascinación ambigua de programar nuestra vida prescindiendo de Dios. Él no lo hizo con proclamaciones altisonantes, sino luchando en primera persona contra el Tentador, hasta la Cruz".

Según el pontífice, "este ejemplo es válido para todos: podemos mejorar el mundo comenzando por nosotros mismos, cambiando, con la gracia de Dios, lo que no está bien en nuestra vida".
Tras recorrer una a una las tres tentaciones, el pontífice exhortó a los creyentes a creer en Dios: "¡No tenemos que hacer de Dios 'materia' de 'nuestro experimento'!". Por el contrario, "si tenemos confianza en Dios, podemos rechazar todo tipo de engaños del Tentador".

La Cuaresma, el período que concluirá con el Triduo Sagrado de Pascua, "es como un largo 'retiro' durante el que debemos volver a entrar en nosotros mismos y escuchar la voz de Dios para vencer las tentaciones del Maligno y encontrar la verdad de nuestro ser", aseguró el Santo Padre. "Podríamos decir que es un tiempo de 'competición' espiritual que hay que vivir con Jesús, sin orgullo ni autosuficencia, más bien utilizando las armas de la fe, es decir, la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la penitencia", añadió.

Antes de despedirse de los fieles, hablando en español, el Papa aseguró que "en este inicio del itinerario cuaresmal, la liturgia nos va introduciendo poco a poco en un clima de mayor austeridad y recogimiento para propiciar en los fieles una reflexión profunda sobre el fin último de nuestra existencia y su dimensión eminentemente sobrenatural".

"Es Cristo el que se nos ofrece como única riqueza que perdura, como el verdadero alimento de vida eterna y la plenitud para nuestras almas".