sábado, 31 de octubre de 2009

¡Haz que veamos...!


Te bendecimos Padre, por el corazón de Cristo que en Jericó


tuvo lástima del ciego del camino,


imagen de la humanidad necesitada de tu luz.

Hacemos nuestros, sus gritos de fe y de súplica.


Nos invaden Señor las tinieblas de la increencia


y nos atenazan nuestras supuestas seguridades.

Haz Señor que tu amor despierte nuestra fe,


curando nuestra ceguera,


para poder verlo todo con los ojos nuevos de la fe:


los criterios de Jesús.

Así los seguiremos impulsados por la fuerza


de tu ternura


como hombres y mujeres nuevos,


guiados por tu Espíritu.

Maestro, que vea. Es la consigna de hoy


y la súplica que te hacemos.


Pon tu mano de médico divino y


haz que veamos el inmenso amor que nos tienes.


Amén.